JOSÉ PEROL, EL ARTISTA DEL PAZO.

A Estrada. El Camino. Este es su nombre y hace honor a él. Porque aquí confluyen todos los senderos…  Las antiguas vías romanas, el Camino de las Estrellas y las rutas que seguían los arrieiros, aquellos personajes que abastecían de buen vino a Compostela. Es una comarca de emprendedores y también la capital del mueble. Las fábricas de muebles son sus principales industrias y sus mejores comercios venden también esos muebles.

De aquí es José Perol, un polifacético a lo McGiver, que le da a sus inventos y a lo que le echen, aunque su mejor oficio, como no podía ser de otro modo habiendo nacido aquí, es el de carpintero.

Cuenta que aprendió a fabricar carros de vacas y arados de palo bajo las enseñanzas de un vecino de Carcacía, que es la parroquia de Padrón en la que vive y en donde hacen todos los años la tortilla más grande del mundo, de esas que figuran en el libro Guinnes de los records.

Pero a lo que iba. A José, sus conocimientos de carpintería le llevaron a conseguir un puesto fijo en una fábrica de ataúdes de A Picaraña en la que también trabajaba su mujer. El hacía la caja y Pilar Candelas la acolchaba.

Lo mejor que le pudo pasar fue que, a los 28 años, José tuvo que dejar el empleo puesto que era alérgico al barniz y enfermó gravemente. Entonces Pilar se las apañó también para hacer su trabajo en casa y diseñó unos fruncidos con un sistema de almohadillado que encajaba en cualquiera de los ataúdes y ya no había que hacerlo a medida.

Entonces José Perol inventó una máquina para la producción en serie del almohadillado de ataúdes que fue todo un éxito. El matrimonio fundó “Calpep”, nombre que viene de Caldelas y Pepe. Hubo un momento en que no daban abasto y su producción llegaba a toda España y parte de Portugal. La empresa se convirtió en una gran fábrica y aún está abierta en el polígono estradense.

Lo curioso es que ahora, además de los almohadillados para los ataúdes también fabrica sacos para los cochecitos de bebé. De esta forma… la muerte da paso a la vida en la misma factoría. ¿Qué te parece?

Aún hay más.

En esta comarca abundan los pazos, lo que hace suponer que A Estrada ha sido siempre una zona residencial próxima a Compostela. El Pazo de Oca es uno de los que mejor representan la arquitectura señorial de la Galicia del siglo XVIII aunque tiene sus orígenes en una fortaleza del siglo XI, reconstruida en el siglo XV.

La fachada principal remata en una torre de origen medieval. En ella verás el escudo, que pertenece a las familias que lo habitaron, pero no es el de sus actuales propietarios. Al fondo está la iglesia barroca, que se comunica con el pazo por un corredor magnífico, de piedra. La plaza la completa un grupo de viviendas que antaño pertenecían a la servidumbre; fueron vendidas a sus actuales propietarios a mediados del siglo XX.

Pero en el interior están sus tres elementos fundamentales: la piedra, el agua y la naturaleza, armonizadores de sus amplios espacios. A Oca se le conoce como “el Versalles gallego” por la belleza de sus jardines. Los hay de tres tipos…

El jardín cultivado, el paisajista y el francés que alcanza su máxima expresión en un laberinto de boj, inspirado en un dibujo del pavimento de la Catedral de Canterbury.

Y aquí nos encontramos de nuevo con el amigo José Perol, que fue nombrado por la Casa Ducal de Medinaceli encargado del mantenimiento de los jardines del pazo más famoso de Galicia.

Ahora Pepe hace esqueletos de hierro. Sí. Es quien crea los armazones de las esculturas vegetales del Pazo. Hace un entramado al que dará vida el viejo boj. Luego, la poda pondrá el resto.

Allí, en esos maravillosos jardines le conocí yo la primera vez que grabamos “Desde Galicia para el Mundo”. El Pazo de Oca fue siempre uno de mis platós favoritos y mis parrafadas con Pepe siempre me resultaron de lo más divertidas.

Ahora que está a punto de jubilarse he querido darle mi bienvenida al gremio, en el que las aficiones nos mantienen vivos a pesar de Montoro, Báñez y el mismísimo Rajoy. 

 

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