LA AMISTAD

Por Alberto Barciela

Un buen amigo me acaba de enviar una versión musicada y cantada por Alberto Cortez -inolvidable y cercano-, del bello poema de Jorge Guillén “A mis amigos”.

Siempre es oportuno recibir mensajes así de personas muy próximas en el corazón y en los hechos. Además, como en este caso, procuran el lado amable de las redes -¡lo tienen!- para difundir sentimientos ciertos.

Yo, que tengo pocos parientes, he hecho de la confraternidad mi ternura, y de las palabras de los próximos el aliento y el abrazo. Como dijo el versificador vallisoletano…

A mis amigos les adeudo la paciencia

de tolerarme mis espinas más agudas

los arrebatos de humor, la negligencia,

las vanidades, los temores y las dudas”.

En ellos he encontrado la relación filial, la referencia exacta, incluso una acogedora familia adoptiva, elegida y cariñosa. Es hermoso que así sea, porque así es.  

Y si algo perturba sin querer nuestra armonía,

sabemos todos que no puede ser pecado

el discutir alguna vez por tonterías”.

Desdichado aquel incapaz de administrar la complejidad de una relación sincera.

 Si algo de positivo hay en la adversidad es que en ella se conocen a los verdaderos amigos. La hermandad no requiere excusas, ni admiraciones, ni días tristes. Permanece en la tempestad y en la calma, y se expande en el dolor y en la enfermedad. Lo hace como ese abrazo tierno al que a veces nos negamos con el fin de mantener ciertas banales apariencias.

He dedicado buena parte de mi vida a la comunicación política, fundamentalmente a la institucional. Con la experiencia me he percatado de que si algo apliqué en mis funciones profesionales fue el humanismo -sin adjetivos, pues si mi labor tuvo un plantamiento cristiano se debió a mis propias convicciones y a la cultura en la que nos desenvolvemos-. Uno de mis lemas es la otredad, el otro existe. Quizás algún día los políticos utilicen este convencimiento en sus lemas.

Parece anacrónico hablar en estos tiempos de amistad. Pero yo lo creo fundamental, tanto como entender a los solitarios, proteger a los maltratados -independientemente de su género-, socorrer a los refugiados, acompañar a los ancianos, educar a los niños, asistir a los disminuidos, y atender a cuantos necesitan ser escuchados. Todos debemos percibirnos y apoyarnos con respeto.

Me gusta leer, reflexionar, escribir, admirar. Mis aficiones reclaman retiro, en ocasiones casi una cierta clausura. Por mucho que quiero, hay momentos en que prescindo de todos o de casi todos pero, cumplido mi objetivo, necesito compartir inmediatamente mis hallazgos: citas, pensamientos, escritos y disfrutes.

Mi padre, viudo dos veces, restaurador de éxito, ya jubilado, me reitera que él padece de soledad -a ciertas horas redondelanas, cuando se retira a casa por la noche-, y que, sin embargo, entiende que yo estoy acostumbrado a ella. No es cierto, al menos en toda la extensión de su percepción. Creo, y así lo he mantenido en mis trabajos, que el mayor fracaso de la humanidad sería que los humanos hubiésemos nacido para estar solos. Tenemos una misión social, sea la que fuere, y hemos que encontrarla en aquello que puede contribuir a compartir nuestros días y a lograr que los demás gocen de mayor bienestar a través de nuestra comprensión o compañía. Tenemos pues que construir afectos.

He agradecido mucho el mensaje de mi amigo Suso, me ha hecho reflexionar. Me escribió en un día de temporal vital y aguacero, en el que aproveché para darle las gracias por tantas cosas que me ha aportado. A partir de ése momento, me he prodigado en tal sentido con todos y a cada uno de mis amigos.

He comprobado que las redes, sin prisas, con inmediatez, usadas con sentido común, son muy útiles en las relaciones. En Redondela tenemos un grupo muy activo, que se enriquece con aportaciones variopintas y que nos hace sentirnos más unidos a través de nuestros intercambios de información textual y fotográfica a horas tempestivas. Hemos encontrado en el mismo pueblo la temática esencial y un entretenimiento valorado por todos. Nos privamos de hablar de política, lo que evita innecesarias disputas o desencuentros. Esa es nuestra sencilla fórmula, replicable en otros lugares, para enriquecer cada día, para imbuirnos de lo esencial de nuestra cultura e historia, y sabernos.

A Jorge Guillén le debemos la síntesis de algo que merece la pena de verdad. El resto son chismorreos. Les sugiero escuchar otra vez a mi amigo Alberto Cortez, cuya voz y decir permanece en cada rumor del viento. Quizás entonces, y de nuevo, la vida comience a ser bailable, con la cadencia de los pasos que nos permiten disfrutarla, incluso en un whatsapp.

Aproximarse al amor, la soledad o la amistad es de filósofos y de poetas, pero todos necesitamos amor, soledad y amistad ejercidas. Procuramos sonrisas y consuelos. Somos humanos.

Sin conocerte alguien puede ser tu enemigo, pero nunca será tu verdadero amigo. Comunícate.

La infidelidad podrá ser soportable en el amor, en la amistad no lo es.

Los amigos sin querer, se extravían. El cariño se diluye en su desuso.

En la amistad se multiplican los bienes y se atenúan los abundantes males. Cuiden a sus amigos, y séanlo para siempre.

(3) Comentarios

  1. Hay que cultivar la amistad como si fuera pimientos de padrón, mimarla. Pero solo si esa amistad es de las que tu has elegido porque merecía la pena por sus valores y generosidad. Buen artículo.

  2. Hay amigos que mejor sería prescindir de ellos, pero este cuento no tiene nada que ver con otros, que por fortuna aparecen y siempre merece la pena contar con su apoyo.

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