LA DESPOBLACIÓN: DONDE HAY VIDA HAY ESPERANZA.

Creo haberte contado que, este invierno, uno de los osos que habitan en el bosque asturiano de Muniellos se fue de paseo hasta A Fonsagrada. No es de extrañar, porque desde las orillas del Narcea hasta la bella tierra de mi inolvidable amigo Manolo Basanta, los animales encuentran escasas huellas humanas. La despoblación es lo que más les anima a explorar nuevos territorios. En realidad, si los osos quisieran podrían recorrer hoy toda la alta montaña lucense sin cruzarse con nadie de nuestra especie.

La evolución demográfica de algunos de los municipios de la provincia de Lugo ha sido un auténtico desastre. Parece que en Galicia la tan ansiada recuperación del medio rural preocupa muy poco. A los ayuntamientos, a las diputaciones y sobre todo a las autoridades autonómicas, que no están dispuestas a crear infraestructuras por lugares insólitos y desconocidos para la mayor parte de los políticos

Este criterio contrasta con el de la Unión Europea, empeñada en recuperar pequeños espacios de convivencia que permitan explotar toda suerte de riqueza natural. Así, la UE nos dijo hace bien poco que había identificado en Galicia 12 municipios con una bajísima densidad de población, concretamente con menos de ocho habitantes por metro cuadrado. Es más, en la última década se han sumado a este ranking lugares tan hermosos y habitables como A Veiga, Chandrexa de Queixa y Vilariño de Conso en la provincia de Ourense, cuyos valores naturales nunca se han potenciado.

La UE nos dice que esas zonas de Galicia no son Laponia ni se le parecen, pero llevan camino de tener el mismo número de habitantes por metro cuadrado. Y este país, ni se asemeja al Polo Norte. Ni por paisaje, ni por paisanaje. Y mucho menos por clima.

Esta semana me hice esta pregunta…

—- ¿Qué ha pasado con los cientos de centros escolares que se construyeron en el rural de Galicia antes de esas concentraciones que nos trajeron las sucesivas reformas de la Educación?

La respuesta la encontré en un documento del Ministerio de Hacienda, concretamente en el departamento de Infraestructuras: alrededor de medio millar de los antiguos edificios escolares de Galicia no solo están en desuso, algunos son ruinas. Esas paredes que antes rezumaban cultura hoy apenas se sostienen entre techos desplomados, cristales rotos e incluso maleza creciendo sin control. Solo en los municipios de Cervantes y A Fonsagrada estas antiguas escuelas en ruinas suman medio centenar.

Las que se salvaron sirvieron para sedes de asociaciones vecinales, algunas para centros socioculturales, incluso hubo alcaldes con iniciativa que las convirtieron en centros para defensa del medio ambiente o del medio rural. Pero fueron los menos. Los más dejaron que se fuesen cayendo poco a poco, como hacen con las aldeas en las que solo contabilizan un par de votos.

El caso es que, a pesar de todo, yo miro al futuro con optimismo porque, unas cinco mil familias han regresado a la aldea. Lo dice la Xunta, que busca nuevos hábitos demográficos porque ve el problema en la media de edad: faltan muchísimos niños y hay muchos ancianos. En los últimos cinco años se tramitaron muchas ayudas para asentarse en zonas rurales con proyectos agrícolas y ganaderos e incluso empresariales, que sobran las iniciativas y la creatividad. Es lo que lleva al gobierno gallego a trasmitir esperanza en la recuperación del medio rural…

—- Os cambios demográficos tardan moito en visualizarse pero pensamos que xa existe unha tendencia inicial que nos leva ao optimismo. Nos últimos cinco anos apréciase un maior interese por vivir e traballar no rural.

Es lo que te dicen en el departamento correspondiente aunque matizan que este reflujo demográfico no es igual en todas partes.

Y destacan como ejemplo de revitalización la Ribeira Sacra en sus dos márgenes, la ourensana y la lucense. La industria vinícola y el empujón turístico dieron como resultado la transformación de un árido paisaje con la recuperación de centenares de hectáreas de viñedo, así como la reconstrucción de viviendas y bodegas en la mayor parte de las parroquias.

Con todo, la gente se queja de las infraestructuras. La Unión Europea considera que vive aislado aquel que tarda más de 45 minutos en llegar al centro urbano más próximo y con las carreteras de algunas zonas no hay quien pueda. Resulta curioso que los embalses de la Ribeira produzcan energía capaz de abastecer a toda Galicia pero en algunas de sus aldeas la tensión que llega a las casas no permite poner la lavadora y la cocina al mismo tiempo. Por no hablar de Internet, cuya cobertura se asemeja a la de un país infra desarrollado.

   

Pero hay que seguir siendo optimista porque…

—– Non che hai terra como a nosa terra.

Lo cantaban Los Tamara ya en los años sesenta y así lo entienden cientos de europeos –británicos, alemanes y suecos, principalmente- que encontraron en Galicia su paisaje del alma y transformaron su vida para construir aquí un nuevo mundo, sobre el fondo verde del paraíso recuperado. Yo los considero gallegos, que este es un país habitado por gente acogedora de esa que un día también fue emigrante.

Estos nuevos vecinos se han salido del itinerario previsto para recorrer la geografía imaginaria de la vida feliz y dejar en el olvido las noches melancólicas de la gran ciudad. Porque de esta naturaleza sublime emana la inspiración para sobrellevar alegremente el último tiempo y la belleza del entorno templa el espíritu,  ayudándonos a caminar por el trayecto final.

Entre las altas cumbres que se alzan hacia la cúpula del cielo desde la profundidad de los valles,  y el paisaje marino de playas y de estatuas de piedra salada donde cantan las nereidas, hay mil hermosos paraísos gallegos para curar los males del alma y cauterizar las heridas del cuerpo.

Por eso la buena gente viene… y se queda. Ojalá la imiten los jóvenes y volvamos a escuchar en las aldeas la música de los niños jugando. A ver si recobran la vida que tuvieron.

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