LA GALLAECIA

Galaicos, celtas y también romanos. Los gallegos basamos nuestras singularidades como pueblo en la mezcla de estos tres pilares. Pero si el celtismo fue una obsesión folklórica,  la romanización supuso el mayor avance de nuestra historia antigua y la verdadera transformación como pueblo.  

Cuando los soldados de Roma se enfrentaron a la niebla del río Limia, creyeron que estaban ante el Letheo, el río del olvido de la mitología griega. Hasta que el general Décimo Juno Bruto cruzó el río y fue llamando por su nombre a cada uno de sus soldados… para demostrarles de este modo que conservaba íntegra su memoria.

En esta leyenda, -que cuenta en sus crónicas Valerio Flavio,  con Plinio, uno de los mejores cronistas de la Gallaecia-, está basada la Festa do Esquecemento que se celebra en Xinzo da Limia,  cuando mas aprietan los calores de Agosto.

Es un homenaje a las legiones invasoras, que ya se sabe la capacidad que tenemos los gallegos para inventarnos fiestas. La verdad que este es un homenaje merecido, porque al Imperio Romano debe Galicia una buena parte de sus modos culturales.

Se llevaron, es cierto, el oro, la plata, el estaño, nuestras principales riquezas, pero a cambio los romanos  construyeron cuatro vías principales. Crearon ciudades, villas y campamentos, obligando a los galaicos a descender de los altos castros a las tierras llanas, más fértiles.

Y posiblemente sentaron las bases más importantes del turismo rural actual, puesto que fueron los primeros en creer en la  importancia del Termalismo  y de los baños públicos de aguas sanatorias.

Por las antiguas vías romanas –que son la base de los actuales caminos de Santiago y de algunas de nuestras modernas carreteras- llegaron nuevas formas artísticas y también los primeros  testimonios literarios a los que debemos la crónica de nuestra historia más antigua.

De esto, hace más de dos mil años.

Fue un proceso cultural que duró cien años y tuvo un protagonista excepcional: el propio Augusto, Cesar de Roma, fundador de la más bella provincia de la Hispania, la Gallaecia; y de su capital, Lucus Augusta.

Belleza insuperable en las cumbres del Xurés, que circundaba la Vía Nova o XIX del Itinerario de Antonino, parque natural pétreo en las cumbres y bosque autóctono en las laderas.

Y belleza sin límites del inmenso mar del  Finis Terráe, hasta donde llegaron las legiones del Imperio para asombrarse cuando el sol se sumergía en el océano y se escuchaba al mismo tiempo el sonido que produce el hierro al rojo vivo cuando se mete bajo el agua en la fragua de un herrero…

Fisterra marca el límite final de la Gallaecia y el Xurés el principio de la romanización de los pueblos galaicos…

(6) Comentarios

  1. Din que os galaicos mais puros de raza teñen un corno detrais do occipital. Eu ó teño, pero non sei si nacín con il ou mo puxo alguna moza.

  2. Este curioso recorrido por nuestra historia me hace dudar de mi origen, puesto que tengo cuerno en el occipital pero soy muy celtista, no del futbol, sino de la cultura celta…

  3. Excelente matiz histórico. Yo creo que sin los romanos aún estaríamos sin carreteras… ¿O no os acordais cuanto tardábamos en llegar a Madrid?

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