LA GRAN FANTASÍA DEL PAISAJE INTERIOR

La cultura del agua hizo posible la Tierra habitada, porque es el agua quien genera el espacio de vida.

En Galicia abundan los paisajes de agua, pero son especialmente hermosos los que crean los lagos, donde el pequeño río se remansa, para reflejar la flora de ribeira,  que nos cuenta el estado más puro de la naturaleza.

Nacieron lagos y lagunas para prolongar la belleza del territorio, pero, inevitablemente, en este país, son también el pozo sin fondo de la magia y la leyenda.

Nos enseñaron que el gran Miño nacía en Fontmiñá, pero su verdadero origen es un misterio, porque no hay aquí fuente si no laguna, espejo de la geometría de los árboles de la típica gándara gallega.

La lagoa de Antela volvió a renacer tras años de seca dictadura, y en democracia el agua vuelve a proporcionarnos las más llamativas degradaciones cromáticas.

De hidrografía indecisa, pero de perfecta y admirable belleza, es la Lagoa de Carregal, mitad marinera y mitad fluvial, en el mágico lugar donde la arena busca el cielo de Corrubedo.

En Cospeito la laguna es de posesión virginal, porque a Nosa Señora la creó para inundar una villa llamada Veria, en la que no había ni templo ni iglesia.

Una legendaria ciudad, que no una villa, permanece sumergida bajo las aguas de la Lagoa das Xarfas, al pié del Monte Louro, que es principio y fin de la Costa de la Muerte.

Y en Xuño, el agua dulce de su lagoa deja crecer nenúfares de verano para que en el entorno cercano al viejo castro, sea posible la vida feliz.

Los lagos y lagoas de Galicia crean la gran fantasía del paisaje interior…

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