LA ISLA DE LAS FLORES

VIAJE A LOS TIEMPOS DEL HAMBRE EN EUROPA

Por J.J. García Pena

Poco después de consolidar su independencia y pese a la inestabilidad política  de sus sucesivos primeros gobiernos, Uruguay, a mediados del siglo XIX, urgido de brazos útiles y vientres jóvenes,  se vio en la necesidad de aumentar su mermada población estimulando una  inmigración selectiva y ordenada.

En 1835, tras el Tratado de Inmigración entre Uruguay y España, comienza la llegada de inmigrantes, la que no cesaría hasta bien entrada la mitad del siglo XX, coincidente con los graves  conflictos sociales que habrían de degenerar en una dictadura de una docena de años.

Europa, hambreada y desesperanzada tras innumerables y añejos conflictos bélicos, fue la preferente fuente de recursos humanos. En sus periódicos de época pueden leerse los anuncios oficiales de nuestras embajadas, ofreciendo la oportunidad de una mejor vida en la naciente república a quienes deseasen progresar trabajando.

Gracias a esos brazos y la generosidad del estado uruguayo, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XIX, miles de personas hallaron un futuro venturoso y el novel país alcanzó grados de prosperidad hasta entonces desconocidos.

Oleadas de trabajadores, no pocas veces desnutridos y siempre  desheredados de toda fortuna económica,  se agolparon en los puertos europeos con destino al Plata.

Europa, llena de reyes y vacía de libertades,  tenía sus propias miserias y, con ellas, el riesgo de exportar epidemias.

La sensatez indicaba que, en beneficio de los recién llegados y resguardo de los propios residentes de la república, los inmigrantes debieran pasar un período de cuarentena antes de pisar tierra continental uruguaya.

Para ello, el gobierno nacional  dispuso que la Isla de Flores, en realidad tres islotes a escasos 30 kilómetros de la sana costa montevideana, contase con todos los servicios para recibir, acoger y alimentar a todos ellos,  sanar a los enfermos o en su caso, cremar o enterrar a los fallecidos.

Los avances de la medicina y las mejoras en las condiciones de vida en todo el mundo, hicieron innecesario el viejo lazareto de la Isla de Flores. La soledad, los meteoros  y el abandono de décadas, derruyeron parte de sus edificaciones, desdibujando la armonía de su noble propósito original. 

El tiempo pasó y gracias a la maravillosa acción de las asombrosas técnicas digitales, es posible reconstruir, en todo su detalle, las instalaciones  tal y como las conocieron aquellos inmigrantes, cuyos hijos, generación  tras generación, forman parte indisoluble de nuestra sociedad oriental.

Me encontré con este prodigio de reconstrucción informática y lo quise compartir . 

Disfrútenlo; vale mucho más que el poco tiempo empleado en verlo. 

La isla pasó por diversos usos posteriores, siendo el más cruel de ellos  el oficiar de cárcel de la última dictadura cívico-militar. Su imagen represiva  quedó tristemente inmortalizada en aquel Long-Play de los Olimareños de 1971 al  que, para burlar la censura, se le disfrazó con colores, fanfarrias y motivos  carnavaleros : ¡Todos detrás de Momo!

La burla al déspota, ya se sabe, es uno de pocos los recursos incruentos de que pueden valerse los oprimidos para soportar, sin enloquecer, la omnipotencia  de los tiranos.

Ya en la carátula del emblemático disco para mí el mejor de toda la larga y excelente producción del dúo formado por  Braulio López y Pepe Guerra aparecen,  uno sonriente y el otro triste, con sus rostros pintados a lo clown. 

Un enorme lagrimón blanco parece resbalar por la mejilla derecha del Pepe.

Su mensaje encriptado eludió tan olímpicamente el rigor del censor de turno,  que no pocos uruguayos, hasta hoy, creen  que se trataba de un jocundo  canto de murga, cuando, realmente,  escondía una feroz crítica y burla a la torpeza  dictatorial. En la letra su autor, el maestro uruguayo Rubén Lena, imaginó a los represores   desfilando grotescamente ante los ojos ciudadanos, como en un desfile de carnaval

En el surco número 13,  Mirando en desafío, podemos descifrar, entre platillos y bombos:

              En dos camiones viene la Isla de Flores a desfilar también, 

                             con un aire de locos en sus muros de piedra 

                             y con su muchedumbre de voz de porvenir…

(5) Comentarios

  1. No conocía esta historia pero viene a demostrar las penurias que pasó nuestra gente, aquellos a los que bautizamos como indianos. Debiéramos tomar nota para comparar como nos recibieron a nosotros en América y lo mas que estamos recibiendo a las personas que huyen de los dictadores y las guerras de África.

  2. Que alguien le cuente a Trump esta historia a ver si se humaniza un poco. La redada de ayer en Misisipi con 600 detenciones de «ilegales», algunos con mas de 20 años de residencia en los Estados Unidos, es otra infamia de esta marioneta del Club Bieldeberg.

  3. Ahora que andamos a vueltas con el debate de quien conquistó a quien es muy oportuna esta historia. Porque si nuestros antepasados fueron conquistadores a nosotros, a todos los gallegos, nos conquistó América al abrirnos sus puertas y el corazón de sus habitantes. Esa es la gran sensación que me queda tras cuarenta años en Venezuela (Chavismo al margen). España tiene muy poco de europea y sí mucho de latina. Yo me considero hermano de todos los latinoamericanos porque, quizá por aquella mezcla de razas, tengo mas en común con lo latino que con lo europeo.

  4. Cuantas penas tuvimos que pasar! Yo fui emigrante en Alemania y podéis imaginar como fueron los primeros meses de estancia en un país del que desconocías todo, incluso el idioma. Me imagino lo que supuso para aquellos gallegos de primeros del siglo veinte y finales del diecinueve cruzar el Atlántico y sufrir esa cuarentena.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *