LA MONTAÑA, EL VALLE, EL MAR…

 

EL PAISAJE

 

 

          El paisaje es la estética de nuestra vida. De montaña, de bocarribeira, de valle, de costa, de mar, de río… Todos los paisajes de Galicia  se combinan manifestando su diversidad.

          La atmósfera atlántica y cantábrica de sus dos mares. El prolijo tapiz vegetal de sus fragas. Los montes de las sierras, donde se esconde, incluso, la piedra básica de lejanos orígenes. O los valles, articulados en su amplitud por mil ríos.

          El paisaje de Galicia es bonito porque alcanza la perfecta belleza de la armonía y encuentra siempre el paralelismo de las formas artísticas con el salto del agua.

          Pero para nosotros, el paisaje de Galicia es el alma de la Tierra porque ostenta a su vez la huella de la historia.

         La montaña, el valle y el mar, son tres perspectivas que admirar para bajar el copioso menú navideño…

LA MONTAÑA

 

 

      Al final del sendero, siempre hay una cumbre desde donde el paisaje nos muestra la primigenia Galicia de la montaña, que es aquella en la que la gran mancha verde deja paso  a los picos escarpados.

      Cada cima tiene nombre propio y en su entorno jamás crece la hierba mas allá de donde se lo permiten los rebaños de ciervos, corzos y gamos.

      La montaña gallega pinta su mayor encanto natural en estas crestas de pastos, que se alzan hacia el cielo por encima del bosque y nos permiten ver todo cuanto existe en el territorio.

      Abajo, los valles profundos sobre rocas enquistadas por la erosión de los ríos. Próximos a los penachos, los saltos del agua en libertad que buscan su destino final desde el precipicio. Y en lo más alto, los restos de antiguos glaciares rodeados de nieve.

      Todo está a nuestro alcance siguiendo los viejos caminos que persiguen la hermosura infrecuentada.

EL VALLE

 

 

      Los valles huelen aquí a tierra humedecida, a maíz recién cortado, a castañas asadas, a humo de lareira vieja… También los caminos de la aldea, organizados en torno al curso del río que baja por la ladera.

      Lucen invierno los paisajes de mediamontaña,  esos de souto o de fraga, de carballeira o de devesa… Se vistieron de colores de cielos azul-gris, de valles verdes y de tímido sol entre sombras de niebla que atraviesa las degradaciones cromáticas de los árboles.

       Y la natural sinfonía del agua matiza las perspectivas de la Tierra. Es el agua fertilizadora y el esfuerzo imaginativo de nuestros  hombres y mujeres, que hace posible la transformación del sentir poético de las cosas en una actitud de trabajo colectivo que ya nos permite vivir… en el campo y de la tierra.

       El paisaje del alma reverdece y el agua hace posible el desarrollo sostenido de la producción agropecuaria. Esto significa la transformación del medio rural del País. 

        Así resurge la aldea en la Galicia del tercer milenio. Renace la vida campesina y crece a su lado la Galicia residencial.

        Por las mañanas canta el gallo a dúo con cualquier intérprete latino salido del equipo de música. Al atardecer, el verde del prado  se tiñe de oro mientras nos asombra el campo cultivado.  Y por las noches, cuando sale  la luna, solo se escucha el silencio.

DOS MARES

 

 

 

         Los dos mares de invierno acarician uno la gran playa y bate el otro contra las rocas que emergen del lecho submarino. Uno enfrenta las islas, a las que envuelven leyendas de piratas, tesoros, ejércitos fantásticos, demonios y bellas nereidas hijas de Neptuno. El otro mira al infinito buscando la Irlanda celta.

         Frente a los mares de invierno, el Atlántico y el Cantábrico, resplandecen los lagos legendarios que ocultan históricos pueblos de la antigüedad. En ellos se enraízan los juncos y los nenúfares que procuran la dulzura del agua mansa.

         Es invierno y en el horizonte inalcanzable, la caricia de las rayoliñas hace temblar los barcos que danzan entre olas, ebrios de sal,  navegando hacia el puerto de la vida…

         Por la arena de la playa un sol tímido persigue la sombra de las nubes mientras las meigas dejan sus huellas mojadas.

         Bajo el agua,  bailan invisibles el pulpo y la nécora, y miles de peces corren enloquecidos por el espacio.

         Las olas pronuncian su sinfonía contra la roca…

         Es invierno y en Galicia, hay un mar que esculpe estatuas de piedra y otro que se mece en la calma de la playa serena.

QUINCE RÍAS

 

 

          Entre el cantábrico Faro do Castro y el mirador Atlántico del Tecla, los dos mares buscan refugio marinero en quince rías, nacidas del sublime acto de amor que provocan los ríos principales cuando se entregan al mar.

          Las rías de Galicia son la esplendorosa hermosura del paisaje y al mismo tiempo la sal elemental de la vida marinera.

          Esconden maravillosos misterios, leyendas imaginarias e imaginados tesoros, tan ocultos que nunca fueron hallados.

          Tienen islas propias y playas de ensueño en el lugar donde duermen las mareas, mientras suena una sinfonía de paz inmensa.

         En las rías, la luz de plata penetra en el agua procurando los moluscos, los crustáceos y el rey de los cefalópodos, el pulpo.

          Las rías de Galicia son paisaje y literatura de un mar sereno, siempre propicio para el relato de invierno.   

   

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