LA PRINCESA DE BORBÓN

Lois Pérez Leira, brillante escritor que posee el conocimiento sumo de la emigración gallega a América, fue quien me descubrió a uno de esos pillos que te caen bien nada más conocer su nombre artístico. Se trata de “La Princesa de Borbón”, nombre de batalla de Luís Fernández, un coruñés que emigró a México a finales del siglo XIX. Sin duda fue el gallego más popular de la época en más de media América.

En realidad, “La Princesa de Borbón” era un travesti, pero de los refinados. También  un delincuente, pero de guante blanco. Nunca causó daño físico a nadie y siempre utilizó para sus fechorías la imaginación. Dice Pérez Leira que por eso…

—- Foi unha lenda da delincuencia e do travestismo latinoamericano.

Yo me lo imagino dando sorpresas a diestro y siniestro como las que se llevaron muchos de mi quinta cuando, allá por el setenta y seis del siglo pasado, el “Riomar Club” trajo a Vigo el primer ballet de travestis. ¡No veas como daban el pego!

Alguno que yo me sé se fue con una de aquellas “bellas damas” a la playa de Samil, para ver como amanecía y que el sol le abriese los ojos.

Supongo que Luís Fernández, cuando paseaba junto al mar en Riazor, era de esos que se dejan llevar por las olas y sueñan triunfales futuros maravillosos. Su personaje, “La Princesa de Borbón”, nace de su mundo de ensueño en el que se ve de protagonista principal en los grandes escenarios del mundo. Según Lois…

—-  O seu soño era triunfar vestido de muller nos grandes cabarets de París, coma o Moulin Rouge ou o Folies Bergère…

Pero en lo que realmente triunfó “La princesa de Borbón” fue en el arte de robar a los demás sin que ellos mismos se enteren, aunque una vez fue detenido… y expulsado por ello de México.

Del país azteca se fue a Perú en donde realmente dejó huella. Tras hospedarse en un lujoso hotel de Lima, se hizo pasar por la hija de un millonario mexicano.

Cuenta Lois Pérez Leira que allí buscó otra “socia”, también gallega: se hacía llamar “La Bella Otero” en honor de la más famosa vedette gallega que pisó París, aunque su nombre era Culpino Álvarez.

La mayor hazaña de “La Princesa de Borbón” en Perú fue la seducción de un adinerado ministro limeño al que timó una fuerte suma de dinero. Cuando la policía descubrió el engaño, “La Bella Otero” se había encargado de poner el dinero a buen recaudo, en Chile, por lo que una vez más Luís Fernández se va del país como si no pasara nada.

También huyó de Chile y llegó a Uruguay para, ni más ni menos, alternar con la aristocracia. El propio comisario de Policía fue quien le introdujo en el selecto Club Social de la ciudad de Rivera, imagínate como sería su aventura uruguaya.

A Río de Janeiro fue para bailar en varios cabarets y para continuar su verdadero oficio, que compatibilizó también en las noches porteñas, a partir de 1907.

Ese fue el año en el que un gallego, Manuel Loureiro, inauguró el cabaret porteño más famoso de la época, “El Armenonville”, en el que, siete años más tarde, debutó el dúo Gardel y Razzano. “La princesa de Borbón” era una de las principales clientas del local en donde elegía a sus presas.

Ella/él fue la pionera/o… pero coincidió con un singular aumento de la delincuencia en la ciudad con numerosos robos cometidos por hombres con ropa de mujer.

Cambió entonces de método y organizaba en su casa fiestas con mucho sexo y tango hasta los amaneceres, pero la policía conocía sus antecedentes en otros países. Así, tras cuatro años de “éxito”, Luís Fernández fue detenido para su deportación.

Por lo visto, solo dijo…

—- Frente a una mujer, el hombre se vuelve hipócrita. Aún el más apasionado galán esconde sentimientos verdaderos. La mayor pasión, en el encanto de la ternura, solo son disfraces del otro.

Buenos Aires entonces apenas pasaba del millón de habitantes y casi la mitad eran inmigrantes, la mayoría gallegos.   

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