LA SALUD DE MIGUEL BOSÉ

Por Diego Carcedo

Muchos medios de comunicación especulan estos días sobre la salud de Miguel Bosé. Ninguno aporta datos que justifiquen tanta inquietud. Apenas unas fotografías en las que aparece desmejorado…

—- Tiene mala cara.

Es lo que aseguran algunos siempre propensos a ponerse en lo peor. Olvidan que el aspecto de la cara de las personas cambia en cuestión de horas por culpa de un simple resfriado, algo que centenares de miles de españoles, entre los que me cuento, hemos sufrido en las últimas semanas.

Naturalmente que en esta ocasión no puedo aportar nada nuevo, y menos pruebas en un sentido o en otro, a cuanto se viene diciendo. Pero sí recuerdo como si fuese ayer cuando un par de décadas atrás regresé de los Estados Unidos donde había vivido los últimos seis años, para asumir la dirección de Informativos de Televisión Española. Eran muchos los problemas con que me encontré al entrar en el despacho, pero el primero fue un rumor extendido por todo Madrid y alrededores precisamente sobre la salud de Miguel Bosé.

No le conocía personalmente, sólo como cantante y de referencias inmejorables sobre su caballerosidad, simpatía y altura intelectual. El rumor había sido expandido también por dos medios, uno impreso y otro radiofónico, pero entonces, a diferencia de ahora, adornado con todo género de detalles. Se especificaba la enfermedad, de previsible final trágico, e incluso se proporcionaba el número de la habitación del hospital Doce de Octubre, justo enfrente de mi despacho en Torrespaña.
Algún colega al frente de un programa de actualidad social intentó convencerme de que había que dar cuenta del rumor. Me negué de plano y discutimos. Le pregunté si se había tomado la molestia de cruzar y entrar en el hospital, pero me replicó que la habitación estaba bloqueada a nadie que no fuese de la familia y que no se facilitaba información oficial.

En estas estábamos cuando la secretaria me anuncia que quiere hablar conmigo Miguel Bosé. Inicialmente pensé que era una broma.

Nada más escuchar su voz comprobé la agradable sorpresa de que era él y que, al menos a través de la línea, no mostraba ningún síntoma de enfermedad. Estaba fuera de Madrid y quería que desmintiésemos aquel rumor ante el que se sentía impotente. Le respondí que nosotros no podíamos desmentir un rumor del que no nos habíamos hecho eco. Conversamos unos minutos sobre lo que estaba ocurriendo. Y de pronto se me iluminó la mente…

—- Desmentir no podemos, pero facilitar que se desmienta sólo, sí. Podemos hacerte una entrevista en directo en la que todo el mundo pueda verte perfectamente normal. No hará falta que siquiera te preguntemos por tu salud. Y la haremos con un reloj delante para que se vea que no es una grabación.

Le pareció bien y Mercedes Milá, que era su amiga, le hizo una entrevista excelente. No aparecía ni nervioso ni preocupado. Aparecía pletórico de salud y optimismo.
Cuando terminó, el inolvidable Manene, entonces director de Programas de TVE, comentó:

—-Fin de los rumores. A algún periodista le estará oliendo el culo a pólvora en estos momentos.

Y efectivamente, el rumor terminó de forma inmediata. Mi sorpresa, sin embargo, fue que nadie se había molestado en pedir disculpas y menos en dimitir. Algún “colega” que había recogido el rumor, continuó haciendo su trabajo como si nada hubiese ocurrido.

Por cierto, he leído que él mismo ha dicho también esta vez que semejantes especulaciones vuelven a ser una tontería. Hay supuestos colegas que no se enmiendan.

(3) Comentarios

  1. Hay periodistas que solo buscan carroña porque las publicaciones y alguna televisión solo compran basura, que es de lo que alimentan sus directivos.

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