LA TEORÍA DE LOS NÓMADAS

Por Alberto Barciela

Buscar una razón para vivir es tenerla.

Todo ha sido dicho en el momento inicial, inaugural, de un mundo de pensares y pesares, de razones y alegrías, de esencias y también de superficialidades. Y si no ha sido así, tras millones de años de teórica evolución todo está por decir.

Para qué entonces tantos esfuerzos, tantos sacrificios, tantos honores e investigaciones, para qué la vida.

En el tiempo el que fluye, debemos vivir en un permanente reequilibrio basado en las circunstancias. Nos deslizamos en una continua contradicción con el pasado, con nuestra cultura, con nosotros mismos. Toda la historia no ha corregido las imperfecciones, la crueldad, lo terrible,  la ansiedad que nos atenaza como individuos y como sociedad. Siquiera lo mucho bello y maravilloso que hemos aportado puede reconfortarnos de tanta barbarie, de tanta infamia, de tanta maldad. Individualmente es posible que hayamos comprendido la vida y triunfado en sus valores esenciales, colectivamente hemos de reconocer nuestro fracaso.

No hay explicación a la muerte, y la de la vida llevamos inventándola durante miles de años, insignificantes para un universo con estrellas apagadas a miles de millones de años luz. Eso es todo. La indagación cultural, con sus excavaciones artísticas, como la pintura o la palabra, no trata de comunicarse con la creación, sí con la justificación de la vida misma, del momento presente, inimitable en tiempo y forma.

Como seres humanos hemos supuesto, imaginado, soñado, intuido, incluso investigado. Hemos aseverado y concluido, hemos formulado. Somos seres intuitivos que, en ocasiones, llegamos a conclusiones iguales por caminos diferentes.

Lo importante es confrontar la vida desde cada personalidad, desde un espacio, desde un entendimiento, en justa responsabilidad con uno mismo, en justo respeto con lo que los demás significan en ese lugar común llamado sociedad.

Esencialmente, la vida es un acto individual que debemos compartir con sus despaciados deambulares. Nos hemos abocado a vivir en una permanente estrategia relacional, con los amigos, con la familia, en el amor. La vida es una gran soledad a la que acompañamos.

Con cada yo hemos de llegar al ágora, escuchar lo que allí se dice y esperar con paciencia el turno en que nuestros pensamientos merezcan ser compartidos.

Nuestra actitud habrá de ser siempre serena y generosa, interesada en las importancias, en aquello que los demás han considerado digno de exponerse en el escaparate de la vida, para, desde la controversia, enriquecer o poder aspirar a otro leve rayo de luz en este marasmo de ignorancia.

Hemos leído para conocer, hemos reflexionado para entrever, hemos olvidado para esenciar. Fe, mucha fe en los humanos, la única especie de la tierra que intenta explicarse a sí misma.

Escuchemos, asimilemos, recolectemos, reflexionemos. Luego entreguémoslo todo.

A la vida le añadimos entendimientos, especulaciones, utopías, algún saber científico, y vamos construyendo la Teoría de los Nómadas, la que nos permite sobrevivir un momento en un ahora, en un mundo cambiante.

(3) Comentarios

  1. No estoy de acuerdo contigo. La vida en soledad solo se vive en la montaña o en el medio del mar, porque las ciudades ya están demasiado habitadas. Yo pido un respiro.

  2. Alberto, por mucho que intento reinventar mi vida sigo siendo puta clase obrera a la que machacan cada día más, incluso con vocación nómada, que no encuentro trabajo ni en el extranjero.

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