LAS “CASAS DA NEVE” DEL MONTE MEDA

Recuerdo que la ascensión, desde el Rodicio, a pié y por auténticas corredoiras, fue todo un placer para las chicas y chicos de quinto curso de Bachillerato del ourensano Instituto del Posío.

La excursión al Monte Meda, encuadrada en las actividades de Ciencias Naturales, fue todo un éxito por la grandiosidad de aquella cumbre desde la que se alcanzaba la Ribeira Sacra, los lejanos montes de Ancares, el Piapaxaro del Courel, San Mamede, Manzaneda, Trevinca y la Muela leonesa.

A la memoria me viene también aquella vez que un guardia civil me hizo dar la vuelta subiendo el Alto del Rodicio porque no llevaba cadenas y estaba todo nevado. Le doy las gracias cada invierno, cuando leo el estado de las carreteras. Porque su prudencia que no la mía, aún me permite saber si hay o no nieve en la vieja y hermosa carretera de Ourense a Ponferrada.

A Meda subí varias veces a lo largo de mi vida porque es un lugar mágico. El trayecto está lleno de regatos de aguas limpias que rompen el silencio de este lugar con telúrica fuerza, en el que los bosques se transforman en un mar infinito de verdes. Desde su cumbre tocas el cielo tras descubrir los secretos y las pequeñas maravillas que este monte esconde. Entre otras, el manto blanco que le regala el invierno.

La nieve tiene un especial protagonismo en la historia de la Cabeza de Meda; sobre todo,  porque agudizó el ingenio de los monjes que habitaban los monasterios de Nogueira de Ramuín, Esgos, Xunqueira de Espadañedo y Parada do Sil, ayuntamientos que confluyen en este territorio.

Necesitaban agua saludable, la de la montaña; y aprendieron a conservarla todo el año en los “neveiros” que por aquí llaman “casas da neve”.

Son unas muy curiosas construcciones que convertían la nieve en hielo. Ese hielo se acumulaba de tal forma que era suficiente para abastecer durante el verano a los monasterios y aldeas de la comarca.

Datan estas curiosas edificaciones del siglo XII y su uso se extendió hasta casi la mitad del siglo pasado.

Como comprenderás, bien merecía la pena que alguien acometiera su conservación y eso parece que harán los ayuntamientos de Xunqueira de Espadañedo y Parada do Sil, para lo que cuentan con la ayuda de Agader, si es que les llega porque no son tiempos románticos.

Dicen los viejos del entorno que la faena empezaba en el otoño, cuando se acondicionaba el lugar para que estuviese bien limpio. Luego, en invierno, se acumulaba la nieve en capas separadas por paja; se pisaban bien para compactarlas y así lograban que la nieve se transformase en hielo.

En la Cabeza de Meda existen varios “neveiros” abandonados y cubiertos por la maleza, con el consiguiente riesgo de que desaparezcan para siempre.

Su recuperación es una gran idea. No podemos dejar morir tradiciones tan significativas como esta, que bien nos recuerda lo que nos costó llegar a hacer este gesto: el de abrir un grifo en nuestros propios hogares.

(3) Comentarios

  1. Muy interesante. Deberíamos de hacer lo mismo ahora para ahorrar agua, aunque esas nevadas de antes no las volveremos a ver ni en Manzaneda.

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