LEYENDAS DE LAS ISLAS ATLÁNTICAS

El mar de invierno acaricia la gran playa y bate contra las rocas que emergen del lecho submarino, frente a las islas, a las que envuelven leyendas de piratas, tesoros, ejércitos fantásticos, demonios y bellas nereidas hijas de Neptuno.

Frente a este mar de invierno resplandecen los lagos legendarios que ocultan históricos pueblos de la antigüedad. En ellos se enraízan los juncos y los nenúfares que procuran la dulzura del agua mansa.

Mientras, en el horizonte inalcanzable, el mar hace temblar los barcos que danzan entre olas, ebrios de sal,  navegando hacia el puerto de la vida…

Aquí, en este océano y en esta costa, todo y nada es eterno  porque tiene magia y la leyenda preside los absolutos silencios del presente y su modernidad. Ocurre todo en este paisaje  entre las playas vírgenes y los paraísos isleños.

Las Cíes, las illas del Parque, siempre nos asombran. Han permanecido inalterables desde que eran las “Siccae”o las “Ficas”, 3.500 años antes de Cristo.

Su historia nos habla de romanos, de monjes y de piratas de todos los confines. Pero el protagonista de su leyenda principal es Francis Drake, aquel despiadado británico que la Reina convirtió en sir y los ingleses veneraron como gran marino.

Cuentan viejos cuentos que el lago de la Playa de Rodas esconde los tesoros de Drake en una de las casas de una aldea –supuesto refugio de aquellos piratas-  sepultada por la arena, que hoy cubre la marea cuando es máxima…

Siguiendo por el horizonte, la de Ons y la Onceta son también Illas Atlánticas del Parque Nacional.  Tiene su paisaje un aire entre el azul y el verde, que destaca en los días de los cielos claros. Su leyenda habita en la Onceta, en  misteriosas cuevas donde dicen se esconden los demonios para robar las almas que vagan, desaparecidas,  en el inmenso mar.

Las dos islas también encaran la bicentenaria capilla de Nosa Señora , virgen milagreira que cura los meigallos de la fecundidad, para lo que hay que seguir un rito religioso o tomar un baño de nueve olas en A Lanzada, que es playa virgen en invierno, ancha y larga que baña el mismo mar, además de sistema dunar recuperado y protegido.

Sálvora fue, según la leyenda,  la isla de provocativas nereidas, hijas que  Neptuno tuvo fruto de sus amoríos pasajeros. El dios del mar tiene en las profundidades, rodeando el islote, un reino de castillos dorados que aún moran sus amantes.

La dulce canción de las sirenas se escucha entre la calma de Monte Louro, donde el Atlántico impuso su  fuerza al pequeño río Longarelo, obligándole a formar la Laguna de As Xarfas. En sus aguas renace cada noche la leyenda de la ciudad sumergida, nueva Atlántida imaginaria, iluminada por el viejo Faro que vuelve su mirada a las Américas,  cuando las sombras de nubes huyen con la llegada de la noche.

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