LOS AMANTES DE SAYÁNS

LA TRÁGICA HISTORIA DE 4 ENAMORADOS

Entró con prisa en “La Cabaña” de la playa para abrazarse a ella y asomarse  juntos a la ventana del otoño. Vivían, siempre que podían, esa primera escena romántica que luego desembocaba en una locura de sexo desenfrenado hasta que el sol penetraba por la ventana de atrás.

Las islas les saludaban entre beso y caricia… mientras el cielo enrojecía matizando las dos nubes que se posaban sobre el faro. Esto ocurría todos los miércoles del año, solo los miércoles; aunque, de tarde en tarde, se regalaban algún lunes festivo.

No era de extrañar tanta pasión entre dos amantes jóvenes que conocían todos los secretos del amor. La Luna y su tenue brillo sobre el agua que resbalaba por la arena de la playa  era la señal que encendía las alarmas.

Comenzaba entonces un ritual diferente en cada encuentro que a veces amenizaba Leonard Cohen y otras el sonido de una guitarra que parecía acompañar el canto del mar de Vigo cuya sinfonía escuchaban juntos desde aquel su refugio de Sayáns

Marta y Guillermo se sentían libres en la soledad del nido familiar construido por el marido constructor y solo utilizado en los días de Julio y Agosto, cuando aquellos tres niños, sus hijos,  correteaban por la playa ante la aburrida mirada de su madre.

“La Cabaña” era el típico chalet de veraneo con jardín muy cuidado en descenso hasta la piscina lleno de plantas de todo tipo sobre un césped verde oliva que terminaba en una cancilla,  en la que comenzaban las escaleritas de una playa que, por aquel entonces,  todo el mundo decía era privada.

A veces, en los atardeceres cálidos del agradable otoño vigués, aquella piscina  servía para iniciar el juego erótico que nunca parecía tener fin.

Hasta aquel día…

Cerca de “La Cabaña” El Nano frenó bruscamente aquel R-8 robado en Baiona, en el que le acompañaba su novia Inés, la de toda la vida. Aún no habían cumplido los veinte y ya jugaban a ser Bonnie and Clyde pegando palos de poca monta en los chalets que permanecían cerrados después del verano.

Desde la punta de la playa hasta donde llegaba la pista, vieron a una pareja bañándose desnudos en una piscina magnífica, climatizada…

—- Ostia, Nano… ¿Nos damos un chapuzón con ellos?

—- Joder… ¿Estás loca? ¡Podía ser un madero!

—- Oye… Te imaginas hacer un trío… ¡Que guay, tío!

—- Es muy peligroso, Inés, no me comas el tarro.

Inés se abrazó al Nano y ambos se amaron tiernamente hasta que la noche entró por las Cíes y allí se vieron, como perdidos, sin saber qué hacer, frente a “La Cabaña

Marta recorría con su boca todo aquel cuerpo musculoso de Guillermo, producto de muchas horas de gimnasio y alguna dosis de clembuterol, cuando escucharon ruido en la ventana de atrás…

Ella puso un albornoz azul, sin nada debajo, y él su bañador todavía mojado.

Guillermo se los encontró en el pasillo y empezó el baile…

—- ¿Tienes un tripi, tío? ¡Venga enrollaros con nosotros y no os pasará nada!

—- ¿Jugamos al cambio de parejas? ¡Eh! ¿Qué os parece?      

Marta tenía en la mano un cuchillo de cocina pero el Nano sacó “la beretta “robada a aquel poli borracho de Playa América” en la mayor hazaña de su carrera como delincuente.

—- ¿Qué haces nenita? ¡Tira el cuchillo o te frío a balazos!

Marta se abalanzó sobre Inés y le puso el cuchillo al cuello, mientras Guillermo decía…

—- Tranquilos, los dos tranquilos. Aquí no va a pasar nada, coño. Venga, vamos a relajarnos, tomemos una copa…    

—- Eso está mejor…

Los cuatro se quedaron inmóviles unos segundos hasta que Guillermo decidió servir cuatro copas de aquel Chivas Regal 25 años que Nano no había visto en su vida…

—- No harás ningún truco, ¿Verdad? ¿Esto qué es?

—- El mejor whisky del mundo…

—- Bebe tu primero…

Guillermo se llevó a los labios la copa que pasó al delincuente para que bebiera y este a su vez a su novia. A ambos les sirvió para “ponerse en forma” y entrar de lleno en los juegos eróticos que diseñaran…

El Nano se tiró a por Marta y cuando ambos rodaban en el suelo, aquel joven delincuente quedó paralizado…

La señora de la casa contempló entonces a su amante abrazado a Inés, ambos inconscientes…

Los tres parecían dormir… pero estaban muertos.

Marta mintió a la Policía:

—- Yo vine a pasar la tarde para airear la casa y limpiar un poco. Me bañé en la piscina y luego me eché encima de la cama. Más tarde  decidí ducharme para quitarme ese olor a cloro que siempre te queda…

—- ¿Qué hora era?

—- No lo sé porque el tiempo me pasó volando. Solo sé que cuando ya me iba, entraron esos tres y empezaron a hacer juegos eróticos entre ellos llamándome. El más joven tenía una pistola… y me amenazaba. Les ofrecí una copa y aceptaron. Yo no bebí porque no me gusta el whisky, pero le juro que no esperaba que le sentara tan mal…

El Inspector Garrido, de la Criminal de Vigo, la sorprendió:

—- ¿Cuánto tiempo hacía que Guillermo Rey y usted eran amantes?

Marta rompió a llorar desconsoladamente y simplemente dijo…

—- El único que en mi vida me ha hecho realmente feliz… ¡Yo no los maté, créame, inspector!

En la crónica de sucesos del día siguiente el titular fue: “Tres atracadores entran en una casa de Sayans y mueren intoxicados al tomar whisky”.

El director del diario decano estaba que fumaba en pipa por el gol que les había metido el puñetero Garrido.

—- ¿Cómo iban a morir intoxicados por whisky, joder? ¡Anda, vete a Comisaría y entérate de lo que pasó realmente?

 Justo Ribao, dueño y gerente de Construcciones Ribao, jugaba al póker en el Casino cuando Garrido le pidió que tomara una copa con él, después de enseñarle la documentación.

Se levantó y se dirigió a un rincón de la sala, con dos butacones, punto al que acudió presto un camarero con una botella de Chivas Regal 25 años y una sola copa…

El inspector, en tono amable, le dijo…

—- Usted primero, Sr. Ribao…

—- No, yo no bebo whisky… ¡Tráigame un agua mineral sin gas!

—- Pero usted sabe de buenos whiskys, ¿Verdad? Por eso para casa siempre pide que le traigan este, el Chivas. Y si es de 25 años, no le digo nada…

—- En mi casa recibimos a mucha gente y por eso hay todo tipo de bebidas…

—- Pero solo una, la botella de Chivas de “La Cabaña”, contenía cianuro… Si su mujer no bebe whisky… ¿A quien quería matar?

—- ¿Me está acusando?

—- Sin lugar a dudas. Tengo sus huellas en el frasquito de cianuro, el testimonio del mancebo de la Farmacia Solís y un testigo que le vio a usted merodear por “La Cabaña” la noche de autos, hasta que llegó la Policía…

—- Eso no prueba nada…

—- Eso lo dirá el juez. Por lo de pronto le detengo como presunto asesino de tres personas…

—- Dirá usted tres delincuentes, joder… ¡Un tío que se follaba a mi mujer y dos ladrones que entraron a robar!

—- Se equivoca, según la declaración de su mujer ella les había invitado para buscar nuevas experiencias sexuales…

—- ¡La muy puta! ¡Debí de matarla a ella!

Nano e Inés fueron enterrados, sin ningún tipo de cargos por parte de la Policía, en el espacio público del cementerio de Pereiró; allí donde el cuerpo se convierte otra vez en polvo.

Guillermo Rey, sin embargo, aún recibe flores todos los días, en un lujoso panteón del cementerio de Cabral. Nadie sabe quien las paga… pero son muy hermosas.

Marta se fue a una isla del Caribe en donde saluda desnuda a la Luna en su piscina de “La Cabaña”… Sus tres hijos se quedaron con la abuela paterna, en Vigo, por decisión del juez…

(2) Comentarios

  1. Bien narrada la historia. Tanto que parece irreal aunque supongo que forma parte de la historia de la Galicia negra. Porque crímenes de gente a la que se le fue la olla hubo bastantes aquí.

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