LOS CUARENTA DE JIM JONES

Por J.J. García Pena

Cada tanto nos estremece algún hecho lastimoso,  o tan excepcional en su crudeza que, bajo los efectos de la emoción colectiva, juramos no olvidar… hasta que la llegada de un nuevo -aunque  previsible- quebranto social nos aleja de aquella tan vehemente como  irreflexiva promesa.

Así hemos ido olvidando tragedias que en su día se nos antojaron de imposible amnesia: Agadir, Santa María de Iquique, Angrois, la pobre Asunta… Es una recurrente condición humana.

En escasos veinte días se cumplirán los primeros cuarenta años que nos alejan de aquella masacre de casi un millar de inducidos o forzados  suicidas,  mansos “corderos” prontos para el sacrificio a la orden de su “pastor”, el errático Reverendo Jim Jones, merecedor, en su momento,  nada menos que de un premio Martin Luther King y de un  Humanitarian of the Year .

—- Es muy veleidosa la probidad de los hombres –sentenció  alguien que mucho los conoció.

El líder espiritual de tantos inocentes inmolados el 18 de noviembre de 1978, había buscado y encontrado su propio Paraíso Personal en la Tierra. 

Primero deambulando por USA y por último fuera de ella, más precisamente en las cercanías de Georgentown, capital de la antigua colonia de la Guayana Británica. Compró, cercó y se encerró, promiscuamente,  en el flamante  Edén  que justificaba su propio nombre de megalómano: Jonestown.

Las orillas del  Caribe -no sé por qué- siempre produjeron  ensoñaciones edénicas en no pocos mandamases con vocación de Mesías. Solo que, una vez muertos, no resucitan, por suerte.

Han pasado cuarenta años y aún recuerdo cuando el mundo se vio sacudido por aquel atroz y, en principio, confuso episodio de cianuro, armas largas y mentes cortas. Fue el mayor suicidio colectivo de la historia.

Tanto me impresionó, que recorté y aún conservo el relato por entregas titulado El Hombre y el Monstruo, pormenorizado informe de los hechos a medida que la prensa nos  los fue dando a conocer.

Otra vez -¿cuántas van?- un orate se llevaba consigo, como un faraón, su corte de crédulos sirvientes.

Hoy no hubiera archivado ni un hoja. Internet nos ahorró y mejoró, en mucho, el trabajo. Sin embargo, pasados tres meses, y aún bajo la impresión del Genocidio en el Paraíso, dejé mis reflexiones en un cuaderno del cuál echo mano para ratificar, una vez más, que seguiremos tropezando con piedras, pedros y predicadores hasta que , por puro cansancio, decidamos que ya está bien de tonterías.

Es una buena excusa para desempolvar un viejo manuscrito. Piedad. Apenas tenía 28 años y, por tanto, más dudas que ahora.

RAZONA Y SONRÍE

Aunque no discutas, ríe con mente clara

si oyes pesimista voz histérica que declara:

¡La humanidad va al caos!, sonríete,

para dentro o para afuera, pero ríete.

 

Muchos males la lista integran:

sectas, vuduísmo, drogas, magia negra,

homofobia, corrupción, amor al dinero,

y mucho tienen de malo, nada de nuevo.

 

Continuará la voz: ¡matanzas y genocidios,

modas locas, locas artes y colectivos suicidios,

hampones, racismo, promiscuidad y polución,

tóxicos en el aire y aumento de población.

 

No niegues los males ni los ocultes,

reflexiona y calíbralos, mas no los abultes.

Tu sabes que ciertos y muchos son,

pero nunca te ciegues por la pasión.

 

El vicio humano siempre acompañó al progreso,

pero nunca el futuro será retroceso:

aunque en muchos períodos el vicio prosperó

el bien al mal siempre neutralizó.

 

Desde los comienzos el mal está latente,

de Roma a Pekín  dijo:¡Presente!

El culto a lo oculto, desde las cavernas

al futuro llegará, mas no le temas.

 

Las sectas sangrientas de ritos abominables

no consiguen eclipsar los avances admirables

que la ciencia preclara con sus logros edifica,

aunque la religión con la ignorancia trafica.

 

La depravación es tema viejo, ya la Biblia la menciona,

mira orgías de Herodes, mira Sodoma y Gomorra.

El vicio abundó, por siempre, en los confines del globo.

No es bueno, pero en el mundo conviven cisnes y lobos.

(Escrito en Montevideo, a  22 de febrero de 1979)

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