LOS SUEÑOS DE TUCHE COLÓN

Por Tuche Riesco

 

La infancia de Tuche transcurrió en un pueblo pobre del sur de Córdoba. Condenado al aislamiento entre dos líneas férreas, el “pobre pueblito” sobrevivía junto al Río Cuarto. Empeñados en denodada lucha contra el guadal nada arredraba a sus habitantes: al desprecio de sus opulentos vecinos oponían su pasado legendario. ¿Acaso no custodiaban la milagrosa imagen del Cristo, que desde la humilde capilla aledaña al fortín detuvo el ataque de  los indios? 

En el hogar sus padres hablaban de Pelayo y Covadonga con el mismo tono que los vecinos del pueblo. Sin embargo cuando recibían alguna carta de la Tierruca, la verde Asturias, su madre lloraba y su padre perdía la sonrisa. Por la noche, en vez de bonitas historias de trasgos juguetones o xanas guardianas de tesoros había oraciones para que España recuperara la paz.    

Creció. Fue a la escuela y sus sueños se poblaron de nuevos personajes. Pero un día… ¡su maestra le habló de Cristóbal Colón!

Olvidó sus sueños anteriores. Sólo deseó imitarlo. Y aunque ya no había tierras ignotas, decidió descubrir… ¡la Tierruca! 

Pasaron muchos años, la vida diaria opuso muchas dificultades. Sólo el medio que le permitiría cruzar el océano mejoraba. No necesitaría carabela, ni barco de carga que admitiera pasajeros. El avión la llevaría a Asturias.  

Un día la nueva “Colón” partió de Ezeiza hacia la verde Tierruca. Llegó un deslumbrante día de primavera: el sol radiante alejó el orvallo y había flores en los prados. Lloró de emoción.

Como su admirado Cristóbal, hizo cuatro viajes. Ahora espera el último en “su” Valladolid. Un detalle: ahora se hace llamar Tuche Colón. 

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