LUCES DE COMPOSTELA

La fe mueve al peregrino.

Lo espiritual reconforta al caminante perdido.

Lo natural nos impresiona por su belleza.

El hecho de caminar cura los pecados del cuerpo.

Lo intelectual nos abre las puertas de la cultura.

La meta es el final del reto.

Y los aspectos lúdicos de una ciudad… nos divierten.

Siete son las rutas xacobeas y estas que se ofrecen, siete razones para abrir la puerta de la gloria en la Compostela universal. Pero…Rompamos los tópicos enxebres a base de diversidad cultural,  que nos devuelve la palabra de los poetas y los símbolos naturales de la tribu de nuestra memoria.

Los tópicos hablan de la lluvia enamorada de nuestra  Compostela, nunca de la luz de una raioliña, ni siquiera de una vieja farola; y cuando se refiere a las sombras, siempre son negras.

Por eso, caminante, hay que pasear la ciudad de noche para admirarla mejor; sobre todo la que se estrecha entre las siete puertas que ocultan el tiempo.  

Porque así será posible recuperar el poema lorquiano y viajar entre las luces y las sombras de las calles de piedra, cualquiera de estas noches.

Mira y verás una ciudad que se alarga entre el lusco y el fusco y presta su esbeltez maravillosa a las tinieblas, que en la Compostela que duerme… la noche también se vuelve piedra, provocando  sombras geométricas sobre las rúas estrechas y luces románticas que nos dan su versión de los templos y los conventos.

Las luces de Santiago se abren hueco entre los soportales iluminando el remordimiento de los edificios y alargando sus sombras sobre ese casco histórico que es Patrimonio de la Humanidad.

Fíjate. Las calles más antiguas se conservan casi como fueron concebidas.

Esta es  una invitación maravillosa a viajar al pasado entre luces y sombras. Desde el Medioevo hasta la segunda mitad del siglo XIX siempre ha sido el tiempo el que buscó la conexión entre las tres rúas principales: el Franco desde la Porta Faxeira; la asoportalada rúa del Villar; y la que los compostelanos llaman Rúa Nova; las tres procuran la gran plaza,  el Obradoiro, en donde…

…También la piedra, si hay estrellas, vuela.

Sobre la noche biselada y fría…

Creced, mellizos lirios de osadía.

Creced, pujad, Torres de Compostela…

Son las tres rúas que inspiraron a Federico García Lorca su “Madrigal a Cidade de Santiago” escrito en gallego y las tres, ya ves, te llevan hasta la Plaza del Obradoiro para que vivas tu sueño de una noche de primavera, mientras la luna bonita de junio ilumina su Catedral magnífica.

Ya verás como, solos en la madrugada, cuando todo se calma, aún es posible en Compostela recuperar el romántico poema lorquiano, viajando entre luces y también entre sombras.

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