LUGO, TRES HISTORIAS

Cuando uno va a Lugo le cuentan tres historias diferentes…

Primero, la de la Ciudad del César.

Está encerrada en su Muralla, Patrimonio de la Humanidad, que es testigo del paso del tiempo  desde que aquí llegara el emperador Augusto para fundar la bella Lucus, de la que quedan huellas en sus bimilenarias piedras, esas que saltan a la vista a poco que nos empeñemos en pasear la zona antigua de la capital y sus museos.

La Muralla que envuelve la ciudad marca los límites de un paisaje urbano nacido de las viejas calzadas; y a sus dos mil cuarenta años de edad, sigue impresionando su mágico trazado en círculo, fronterizo entre un ayer monumental y la modernidad de una urbe que progresa.

La segunda página la escribe Lugo en nuevas zonas.

Cuando te hablan de innovación miras hacia el Campus Universitario, el del bullicio juvenil; entonces percibes que esta augusta ciudad ha sido capaz de transformar el sentir poético del pasado en un mundo abierto a la creatividad, gracias a la energía de su gente.

Lugo explosiona cuando te proponen vivir el día y la noche con sabor y glamour, que coexisten, con la perspectiva antigua, los nuevos templos del buen comer, la cultura, la moda, el arte y la música, proyectando al exterior sus obras.

Queda aún otra historia que se ubica en la Arquitectura Natural, la exterior, la que matiza el paisaje en verde siguiendo el trayecto del Miño. Son lugares donde habita la fantasía y que nos traen el recuerdo de aquel pasado de subsistencia.

Merecieron ser Reserva de la Biosfera y también son la postal hermosa del gran río, las fotografías en blanco y negro de todo un siglo;  aquel en el que todos se iban y unos pocos quedaban moliendo maíz en el viejo molino.

Tres historias te contarán, pues,  en el Lugo del Tercer Milenio, ciudad monumental, templo de la cultura, santuario del ocio y verde refugio en el lugar donde se halla el paisaje del alma.        

 LA CIUDAD AUGUSTA

La ciudad más antigua, dicen algunos arqueólogos, está en la calle Ribadeo, donde las excavaciones dejaron al descubierto la zona “alto imperial” de Lucus Augusti, posteriormente un barrio periférico colindante con el centro de la ciudad y conformado por ínsulas de dos plantas.

Cuentan las crónicas de Plinio que fue Paulo Fabio Máximo, por mandato del César Augusto, quién fundo  Lucus 15 años antes de Cristo, sobre lo que era ya un castro celta.

Lucus Augusta resultó entonces una ciudad pujante, rica –como se aprecia en la domus romana de la calle Dr. Castro– y epicentro político administrativo de la Gallaecia.

Por donde quiera que paseemos, envueltos en la magia de la muralla romana mejor conservada del mundo, nos sorprenderán las históricas huellas de varias civilizaciones.

Cunqueiro, dijo de la Ciudad del César:

         “El muro romano cerca mi ciudad y cerca mi corazón. He paseado la muralla en la vacación de mis años mozos y, una de dos, o me sentaba a ver desde ella la huerta de los franciscanos o me asomaba a los cubos que, entre las puertas del Campo Castelo y de San Pedro conservan aún los arcos del mayor aparato de la fortaleza antigua…”

El Lugo señorial nos deja ver hermosas calles de piedra, parques y alamedas magníficas con arboleda secular, plazas con encanto y una catedral románica de gran belleza arquitectónica y estrechamente vinculada a la ciudad…

Lugo es la “ciudad sacramental” porque esta catedral posee un privilegio papal: el de exponer permanentemente el Santísimo Sacramento, de ahí que el cáliz y la hostia aparezcan en el escudo de la ciudad con la leyenda, en latín primario, “hic hoc misterivm fidei firmiter prifitemvr” que significa “creemos con fidelidad en este misterio”.

Sin duda, la vida feliz se nota en las calles viejas de Lugo. Porque esta es la urbe tranquila de siempre que conservará su mayor encanto dentro del círculo mágico que la envuelve.

Así cuentan los lucenses la ciudad más antigua, que asombra a los turistas por el descubrimiento de la historia escrita en las piedras de su Catedral magnífica, de su plaza de Santa María,  o de su arquitectura museística

Y es divertida y hospitalaria no solo cuando es tiempo de San Froilán, sino cualquier noche de cualquier fin de semana, de no importa que estación del año:

Un techo de estrellas nos cubre en la esquina de cada calle, en cada puerta de la ciudad vieja, en cada tramo de la Muralla. Los parques lucen solitarios y refulgen los edificios iluminados por la luz del hombre.

La noche termina siempre tras el cálido momento de aquella copa en el pub de la esquina.

LA CAPITAL DIVERTIDA

El Lugo joven crece para la cultura en el entorno de la Universidad, de la que salen los mejores veterinarios de Europa y que mantiene abierto un hospital de animales modélico, el “Roff Codina”.

En el Lugo de la modernidad, el campus universitario es uno de sus grandes motores, porque aporta mayor población juvenil y el prestigio que supone una importante labor científica y de investigación.

Te diría que esta es también una ciudad con glamour, con algunas de las mejores empresas de moda gallega, de esas que se pasean por las mejores tiendas europeas.

Hacia Europa mira el Lugo moderno, el de su desarrollo industrial, con la mayor fábrica de pan del mundo y algunas industrias cuya singularidad les permite subsistir a una crisis que, claro, también aquí se nota.

El que conoce Lugo disfruta con su tamaño, perfecto para caminarla.  Es tabernario en su casco antiguo y se vuelve cervecero en su Plaza Mayor para contemplar de cerca el barroco Palacio Municipal, el viejo Convento, o el modernista Círculo de las Artes, alrededor de la vieja alameda.

Más allá de sus iniciales límites amurallados,  se han trazado las nuevas rúas en moderno paralelismo con las viejas calzadas y desde la atalaya vegetal del gran parque Rosalía de Castro, puedes contemplar ya la calma y el paisaje del Miño.

NATURALMENTE, LUGO.

El Miño, más allá de las termas del César, busca los serenos espejos del agua mansa. Las aves vuelan sobre él. Es la estación cálida, de verdes que nadan, de belleza sublime en los paisajes mil que el gran río enmarca con su vagabundo discurrir.

El agua es la vida de este entorno en el que el río marca su huella y su trayecto, llevándonos hasta el paraíso escondido, hasta “Terras de Miño” Reserva de la Biosfera.

Es un lugar hermoso un poco más allá del círculo mágico y urbano, donde el Miño va en busca de nuevas aventuras sobre la corriente de agua rebelde, nacida en las profundidades.

Impone  su ritmo, porque el  gran río vuelve a ser aquí espejo del alma de la tierra y se nos aparece otra vez, vivo o manso, hermoso, generando a su paso la vitalidad de un paisaje único…

Terras de Miño fue la primera gran área designada  “Reserva de la Biosfera” en Galicia, en  el año 2002.  Comprende nada menos que veintiséis  municipios de la cuenca alta del más grande de los ríos gallegos. Abarca desde su nacimiento, en el Pedregal de Irimia y Fontmiñá, hasta el sur de la capital. E incluye también la Serra do Xistral y los dos humedales de la Terra Chá, la Lagoa de Cospeito y  la Lagoa do Rei.

El Miño  crece rápido para llegar a los espacios mejor cuidados y convertirse en el verdadero protagonista de la verde tierra que ocupa el occidente de la sierra central de Lugo, donde dibuja un paisaje inigualable que el verano envuelve en mil tonalidades verdes.

Los ríos, especialmente el Miño, han sido aquí los creadores de la cultura del agua, que así decimos los gallegos de lluvia, preocupados por la conservación del ecosistema y la protección de nuestro pequeño paraíso.

Cada uno tiene el suyo, que por algo esta es la reserva más grande de España. Lo mima, lo cuida y lo comparte con quienes, como él, aman la Naturaleza.

(2) Comentarios

  1. Lugo, para ver e para papar. E a gran descoñecida de Galicia incluso para os propios galegos. Hai xente que eu coñezo que nunca estivo en Lugo.

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