MAÑÓN

EL RIO, LA RIA Y LA ESTACA

 

Río Sor a poco de nacer.

       Aquella vez sentí mucha curiosidad por conocer Santa María de Ambosores, una parroquia habitada por poco menos de un ciento de personas que viven en 26 aldeas dispersas por el territorio de cuatro municipios. Pertenece al arciprestazgo de Ourol, pero civilmente se la reparten, además de este ayuntamiento, los de Muras, As Pontes y Mañón. Curioso, ¿Verdad?

La iglesia de Santa María de Ambosores   

       El templo de Santa María es testigo tricentenario de la diferencia de criterio que Iglesia y Estado mantuvieron en Galicia,  en lo que se refiere a la distribución administrativa.

       Se me ocurrió que, para visitar contigo el municipio de Mañón, deberíamos hoy partir de aquí, de Ambosores, porque es uno de los lugares más emblemáticos de toda esta zona, que es  eminentemente rural, y donde se produce un prodigio:  el nacimiento del río Sor.

       Este río nace de la unión de dos regatos pero cobra fuerza a medida que avanza hacia el Cantábrico, su destino final. En el trayecto, crea espacios únicos…

El río Sor, a punto de entregarse al Cantábrico.

       A medida que acompañas al río para procurar el mar, vas descubriendo pequeñas aldeas, incluso alguna abandonada que se vende. En ellas te sale al paso únicamente el silencio de las fragas interrumpido por el canto primaveral de los “papo rubios” y los “verderolos”.

       Es admirable comprobar cómo el valle le ha ganado la partida a la media montaña. Por todas partes aparecen las huellas de un pasado con el que ya no convivimos, pero se deja sentir el eco de sus protagonistas, los que están ausentes en Latinoamérica.

Ponte de Malvide.

        Al llegar a la Ponte de Malvide me acuerdo de que aquí se asentaron dos pueblos galaicos,  los “egobarros” y los “namarinos”, dueños de los castros, las tierras fértiles y el ganado.

       Los egobarros cultivaban las tierras de labadrío mientras los namarinos cuidaban de caballos, bueyes, vacas y ovejas.

       Así fue, según la tradición histórica, hasta la invasión celta, en la Edad de Bronce. A partir de entonces, egobarros, namarinos y celtas formaron un mismo pueblo, más poderoso y rico: El origen, tal vez,  de las actuales aldeas unidas aún  por senderos de belleza, que nos permiten contemplar la calma que reina entre el Xistral y la Serra da Carba

Serra da Carba y do Xistral

         Te contaré como es el ayuntamiento de Mañón: se estira de la sierra al mar, dividido en solo cuatro parroquias; dos de ribera, Bares y Ribeiras do Sor; y dos de montaña, Mañón y As Grañas.

          En Mañón se ubica la capitalidad municipal.  En As Grañas confluyen pintorescas aldeas entre las arrugas más frondosas de la sierra: El ganado pasta en los mejores prados y los cultivos se confunden todavía en primavera,  que esconde aún sus frutos bajo tierra.

         Desde As Grañas baja el Sor con truchas y salmones, pero el mejor paisaje de Mañón y su gran riqueza, no te lo pierdas, está junto al mar, en esos poderosos acantilados donde te cantan las sirenas de Bares o en la playa de primavera donde se deshacen las olas para calentarse con ese sol tímido que confunde a la brisa marina.

          Avancemos con el río Sor que, tras días de cansancio surcando valles entre la montaña, provoca la más sublime perspectiva al encontrarse con el Cantábrico

El Sor se entrega al Cantábrico y nace la Ría do Barqueiro.

      Ya estamos en la Ría do Barqueiro, así llamada en honor de aquel remero que poseía el único medio de transporte entre uno y otro lado de este Sor con olor a salitre,  que aquí adquiere su vocación marinera.

      La Ría genera una mansa bahía en la que nacieron puertos y playas de acuarela de tiempos fenicios y aún más antiguos.

La Ría de O Barqueiro desde la playa.

        El Sor, nuestro río-guía, se entrega a este mar y sus aguas dulces reciben la sal cantábrica.  Entonces, el Río es Ría y sus aguas se tornan verdiazules.  Y azules sobre más azules llegan olas repetidas a  las arenas blancas, y las besan con ternura. ¡No es posible un acto de natural amor más sublime!

O Barqueiro y su ría nos brindan esta perspectiva.

       El Cantábrico marca su espacio en calma entre el puerto fenicio de Bares-pueblo; el puerto pesquero del lugar de O Barqueiro;  y el moderno puerto de O Vicedo, que es villa también marinera.

       Y son marineros de vieja estirpe los que hacen posible que el barco abandone la bahía para navegar la inmensidad oceánica, una vez que sale de la boca para procurar los frutos del mar más allá de la Isla Coelleira.

Boca de la Ría do Barqueiro con la Isla Coelleira al fondo.

        Así es el territorio de Mañón. Una sierra, la de A Faladoira, es el eslabón más al norte de la Cordal Gallega. Un bello río, el Río Sor, que a su vez  provoca la Ría más al norte de Galicia. Y Bares el norte más norte de España.

        Sierra, río y mar provocan los mejores paisajes de este municipio de Mañón, y son sus principales atractivos. En estos parajes se funden historias y leyendas.

        La sierra fue el lugar en donde el rey suevo Remismundo mandó enterrar viva a su mujer, Hidelfrida, por serle infiel.  Al parecer suenan voces y ecos en las quebradas de la montaña, que corresponden a la infortunada reina.

       A las orillas del Sor, en As Grañas, nació Mamede Casanova, «O Toribio», famoso bandolero y aventurero, que sirvió de inspiración a Valle Inclán y a Emilia Pardo Bazán; y  cuyos crímenes eran relatados por los cantares de ciego a comienzos del siglo XX.

       O Barqueiro es el Cantábrico pero en calma, el lugar donde el mar aún es ría: el puerto y los puentes están cargados de historias más o menos recientes. Unas relacionadas con mariñeiros de la más pura estirpe marinera cantábrica. Y las otras, relacionadas con los puentes y el barquero que murió cuando se construyeron y por el que a esta ría así la llaman.

Desde el aire, la Estaca impresiona.

          Pero nos faltaba llegar a Bares, que es el Norte. El lugar más al norte de toda la Península Ibérica, a donde vas en busca del mar que es también el del norte. Una vez volé sobre este lugar y sus acantilados y tengo que decirte que es lo que más me impresionó en mis muchas horas de vuelo deportivo.

La Estaca de Bares a la hora del crepúsculo.

          Desde el Faro de Bares se alcanza este paisaje de  éxtasis, en el que los barcos de vieja arboladura buscan la vida entre los farallóns puntiagudos; donde se refugia el mejor pescado y el más sabroso marisco.

         Además, la primavera en el Faro de Bares, reconforta el espíritu con la mera contemplación de este Mar del Norte, en realidad dos mares, cuyas aguas confluyen en medio del espléndido paisaje y bajo una única bóveda celeste.

En el acantilado de Bares.

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