MANUEL Y ELINA, UNA HISTORIA DE IDA Y VUELTA.

Le llaman Manuel y nació en Magros, en la falda norte del Suido, que es sierra de pastores. Él lo fue de niño y lo es de mayor,  ahora que puede elegir la vida que ha de vivir, aunque dice que ya se ven, a lo lejos, eso sí,  los nubarrones que presagian el invierno de su vida.

Magros está en Beariz,  que es tierra donde se nacía para emigrar, sobre todo allá por los cuarenta, cuando todos los jóvenes de esta comarca se iban al México lindo y querido de los mariachis y de Jorge Negrete.

Pero para llegar, Manuel, tomó varios atajos:

A sus dieciséis años viajó en tren a Gerona para trabajar de carpintero y solo dos años más tarde, ya estaba en Brasil

— Allí el trabajo era temporal por eso me fui a Venezuela donde conseguí ahorrar casi medio millón de pesetas de la época… ¡Y volví para casarme!

Regresó a Magros para vivir la historia de amor más bella jamás contada en Beariz y amar intensamente a María Elina, aquella “novia” imposible de su infancia de miserias repartidas entre 14 hermanos.

La luna de miel fue la de dos emigrantes a Alemania, pero el frío y el idioma les puso alas y ambos volaron a México D.F.

Allí pasaron la feliz juventud, desde 1962 al 1989, fecha en la que Manuel repitió aquello que por aquí se dice:

—- A cabra tira o monte…

Porque Manuel es en Beariz “O das Cabras”…

—- La de volver fue la decisión más difícil de mi vida, incluso aún más que la de emigrar…

Razones poderosas tenía Manuel y sobre todo Elina, para la duda: seis hijos, otros tantos nietos y un muy rentable negocio familiar, la Mueblería Otero, que quedaría en manos de su hijo Miguel, el mayor. Y una calidad de vida de “alto standing”, inalcanzable para un cabrero…

Pero Elina y Manuel miraron hacia atrás…

—-  Quisimos gastar nuestros ahorros en el lugar donde nacimos…

Y ambos volvieron a los orígenes para que Manuel disfrutara de su gran pasión de la infancia…

Ser pastor otra vez fue el último sueño que tuvo en México D.F. Así que,  cambió la vida cómoda por la vida en la aldea, menos caótica, más tranquila y sobre todo más auténtica y mucho más suya.

Ahora, a los 78 años Manuel vuelve a ser pastor. Él y Elina rehabilitaron una casa de piedra al fondo de Magros, contigua a las ruinas de aquella otra casa pequeña en la que Manuel vivió más tristezas que alegrías con sus 14 hermanos…

—- Yo tengo por filosofía de vida disfrutar de lo que me gusta y lo que más me gusta son mis 150 cabras. Las trato como a mis nietos. Dan mucho trabajo, cuestan mucho dinero y como no comercio con ellas me sale todo del bolsillo. Pero esta es una forma de vida a la que no renuncio…

Dice Elina que Manuel come poco y es muy tranquilo. Ama la naturaleza y la vida sana…

—- Ni sus nietos, ni el dinero ahorrado, ni la antigua vida en México pueden con el amor que tiene a las cabras y a esta tierra de Magros. Trabaja ocho horas al día e invierte cientos de euros en estos animales…

Y Manuel, remacha:

—- Las cuido porque quiero. No tengo necesidad porque nunca me ha falta un peso en el bolsillo pero cuando estoy con ellas en el monte se me pasa el tiempo enseguida y no hay nada mejor…

Esta es la historia de Manuel y de su compañera Elina

Ya ves. En el globalizado mundo de los mercados que provocan las recesiones que les conviene,  todavía hay gente que valora más vivir en plena Naturaleza,  por muchas acciones que puedan comprar en los parquets…

Porque tal vez Manuel Otero Cedeira y María Elina Ogando podrían hacer subir un poquito el Ibex 35

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