MARINA CASTAÑO, LA MUJER QUE “DESTROZÓ” A CELA

    Aquella rubia de ojos claros entró por la puerta de mi despacho como un torbellino. Estábamos a punto de suprimir su heredado programa,  el “Parladoiro” creado por Xosé Luís Blanco, que consistía en entrevistar a solo un personaje  durante cinco horas repartidas en cinco días a la semana.

     La furia le salía por los ojos porque el cruce de piernas, por cierto de las muy delgadas, no le había dado resultado alguno.

     A mí, que andaba afanado en arreglar aquella Radio Galega del 1986, en la que el concepto de emisora pública parecía no existir, me pareció una mujer capaz de todo, porque… Si bien no era de una extraordinaria belleza, tenía un toque coqueto inteligente capaz de sacar de quicio, como se vería, al mismísimo Premio Nobel de Literatura.

     — Va; una semana más y así entrevistas a Cela…

    Y allá marchó dando un portazo, ligero, eso sí, para que yo me enterase bien de que a ella, “eso de ser reportera de calle no le iba nada”.

     Casualidad de casualidades, esa misma noche la vi cenando con el escritor en el compostelano Anexo Vilas y también tomándose ambos la última copa en el “Don Juan”, que en aquella época frecuentábamos mucho Couselo y yo, porque el entonces jefe de informativos de la tele gallega, era un tipo con grandes ideas.

     Hace mucho que no le veo y bien que lo siento, porque Couselo es una de esas personas de las que aprendes siempre, aunque sea de madrugada.

     A los pocos días, Marina se marchó de la radio sin despedirse pero sí vino Cela a verme –sorpresa- para, le dijo a Lucía, mi querida compañera Lucía, “hacerme una recomendación”.

     Pensé que la cosa iba por Marina Castaño, su… lo que fuera en aquel momento… pero no. Solo me pidió la continuidad de una joven control de sonido contratada “por obra” y cuya relación laboral se extinguía.

     Nunca más volví a ver a Camilo José Cela ni siquiera a leerle, ya puedes suponer como terminó aquella conversación

    Marina Castaño salió la semana pasada en Telva contando que había tirado por la borda toda una brillante carrera periodística para irse con el que resultó ser “el hombre al que amó intensamente durante diecisiete años”

   —- Todo aquello fue inolvidable,  por la cantidad de avatares y asuntos complejos de toda índole que se sucedieron como una catarata imparable desde los primeros momentos de nuestro agitado y común destino.

     Y narra, sin cortarse un pelo, como “se fueron” ambos…

   —-  Nos fuimos sin tener todavía dónde meternos. Con mi Ford Scort Cabrio blanco lleno de maletas emprendimos una nueva vida, con el vértigo que suponía irme a vivir con un hombre 42 años mayor que yo, para quien podía ser solamente un capricho.

    A Marina solo la volví a ver una vez, cuando ya era señora de Cela, en el madrileño Aeropuerto de Barajas, en uno de esos cruces que allí suceden, “tu a París y yo a Londres”…

   —- ¿Cómo te va? ¿Bien? Ya no estás en la tele gallega, ¿Verdad? Me dijeron que ahora mandabas mucho en RTVE. Pero lo tuyo es ser periodista, no te gusta nada ser directivo. Bueno, pues nada. Que te vaya bien.

   —- ¡Que te vaya bien, Marina!

   Entonces,  aquellos altavoces, dijeron…

   —-“Señores pasajeros del vuelo de Iberia 663 destino Londres, embarquen por favor puerta 33”.

    Y me fui volando a Londres, pensando en una noche en el “Araguaney”, cuando cierto preboste de la patronal compostelana contó la siguiente anécdota de una cena con Cela, al que le unía una gran amistad:

   —- ¿Pero tú que le ves a esa chica, Camilo…? ¡Si es cuarenta y tantos años más joven que tú!

   —- Pues eso, cuarenta años menos y que la succiona muy bien…

   Marina Castaño se atreve en Telva a describir como fue la ruptura del escritor  con su primera mujer, Rosario Conde:

   —- Le dijo: “Rosario, me he enamorado como un cadete. Los años que me quedan quiero pasarlos con Marina”.

    Lo curioso de todo esto es que, en esta entrevista, la Castaño pone a Cela de pendón; aunque en realidad no hace más que avalar a los que le trataron, que dicen todos que sí, que era un gran pendón… de Padrón.

     —-  Yo solo conocí a tres o cuatro de sus relaciones, aunque el número había sido muy superior.

    Y para que quede bien claro como era Cela en el arte del buen amar, Marina remacha:

    —-  Cela tuvo varios hijos “naturales”, en su mayoría varones y llamados todos Camilo José.

    Seguro que,  si viviese el autor de “La Colmena”, la Castaño  no se atrevería a llamarle tan claramente putero. Pero es poco inteligente por su parte contar los numerosos amoríos del Nobel. Porque hay demasiadas personas que la incluyen a ella en esa incierta “pléyade” de amantes…

    Yo creo más bien que este asunto se debe por el mucho odio que demostró siempre a Camilo José Cela Conde, el único hijo que yo conozco del escritor padronés.

      Cuenta Marina que estando el Nobel a punto de operarse de apendicitis, a las puertas del quirófano, se encontró con unos documentos que firmaría sin leer ya que el anestesista le esperaba.

       — En esos documentos cedía la propiedad de sus derechos de autor y de imagen a una sociedad de reciente creación, Camilo José Cela Producciones, S.L., en la cual él apenas tenía participación. Así se comenzaron a manejar por otras personas todos los ingresos económicos que se producían, que eran abundantes, sustanciosos, jugosos… En fin, que lo desplumaban pues esas otras personas pagaban de ahí hasta el personal de servicio, los coches que manejaban, las viviendas…

      No cita a las personas, pero todo el mundo mira a Camilo José Cela Conde, alguien con el que yo estuve a punto de hacer una serie sobre la Costa da Morte.

      Aquel día fue tan honesto que le dijo a Fernando Navarrete, mi amigo y gran realizador:

      —- Si el guión lo firma mi padre son cuatro kilos. Si lo firmo yo, son doscientas mil. En ambos casos,  el que lo escribirá seré yo…

      Ya ves…

      Supongo que la Castaño busca, de nuevo, relevancia como viuda de un Premio Nobel; pero a nivel personal pocos éxitos se le apuntaron, tanto en papel como en la tele.

      La viuda del Nobel, sigue poniendo a caldo a quien se puso enfrente e insiste en los amores ya sabidos de Rosario Conde, la primera mujer de Cela, con el poeta Caballero Bonald. De Rosario dice:

     —- Los  miedos de Camilo José giraban en torno a su mujer en aquel momento, con quien no tenía más relación que la administrativa; es decir, la de su contrato matrimonial.

     Y a uno le sigue sorprendiendo como la Castaño cuenta los amores de Cela

     —- Con una atractiva dama, esposa de un médico de Mallorca, C.J. tuvo una hija que naturalmente lleva el apellido del esposo de la madre. Pero como la genética es inexorable, parece ser que los hijos de esta bella muchacha, hoy ya una señora (tan bella como su madre), son muy parecidos a Camilo José, en cuanto a talla y talento. ¡Cosas del ADN!

    También cuenta Marina Castaño que a su esposo le gustaban las actrices, muchas de ellas muy conocidas…

    —- La verdad es que fueron varias las actrices con quienes mantuvo relaciones puramente sexuales, ya que otro tipo de vínculo no le interesaba.

    Y Marina lo define como “un hombre que le confesó que nunca había expresado sus sentimientos porque no los había tenido… Un hombre reacio a caer en ninguna tela de araña amorosa, que nunca había pronunciado un te quiero, que nunca había ligado el amor y el sexo…Porque no había amado…”

   Todo, como ves, muy romántico…

   Ya sé que mi gente de Padrón va a poner el grito en el cielo por lo que voy a decir, pero es lo que siento y de verdad lo siento:

   Hay una Ciudad de la Cultura, impecable por el continente y los contenidos, que espera TODO el legado de la Fundación Camilo José Cela, actualmente expuesta a robos y a otros avatares en su sede padronesa.

    Parece ser que Marina Castaño –“esta gran intelectual, como se desprende de sus últimos trabajos”- se opone al traslado del valiosísimo legado de Cela a la Ciudad de la Cultura. Y está en su derecho, porque al parecer es su heredera universal, que ya sabes que a su hijo –el único que yo le conozco- solo le dejó un cuadro.

    Pero, sí así es, le sugiero a los responsables de estos asuntos en la Xunta de Galicia que retire todo tipo de ayuda y subvención a la Fundación Camilo José Cela, ya que la administración autonómica no debe pagar cantidad a alguna a lo que yo consideraría, entonces, una entidad privada.

    En Padrón el legado Cela pasa casi inadvertido y en la Ciudad de la Cultura sería uno de los grandes motivos para que la visite el turismo.

    ¡Dejémonos de localismos y vayamos a lo práctico! ¿No te parece?

    En cuanto a Marina Castaño yo te aconsejaría que no hicieras mucho caso de estas historias que cuenta en el papel cuché tal vez para cobrar unos buenos duros.

(18) Comentarios

  1. ¿Y esta entevista se la publica Telva?

    La verdad es que o mucho ha cambiado su criterio -afín al de una organziación que ya sabemos-, o no entiendo nada.

    Bueno a Marina sí, obviamente, lo que está buscando es un programa basurilla destos, pero con «cierto nivel para su categoría» (non sei onde o vai atopar) para sacarse sus buenas pelas contando las pocas intimidades que le quedan a CELA.

    ¿Cuándo aprenderán estas advenedizas a entender que valen más por lo que callan que por lo que cuentan?

    Y no estoy de acuerdo en que se lo lleven a la Ciudad de la Cultura, porque ya puestos, se nos llevarán también el de Rosalía, y otros que pululan por ahí. Lo que hay es que obligarlos a que ADMINISTREN EFICAZAMENTE ese legado, al igual que le obligan al dueño de un pazo, por ejemplo, si es catalogado BIC..

  2. ¡Menudo personaje es esta señora! Si tuviera un poco de vergüenza desaparecería del mapa y no se prestaría a salir en los medios de comunicación. Porque tener tiene tela y marinera…

  3. El legado de Cela tiene que quedarse en Padrón porque así lo quiso el escritor y hay que cumplir su voluntad. Pero algo de razón teneis cuando decís que hay que dejarse de localismos y agrupar algunas piezas valiosas de nuestro patrimonio histórico-artístico que, en la actualidad, corren peligro de robo…
    En cuanto a Marina es un personaje que ya no interesa…

  4. Como le espetó el bueno de S. Espriú a la boba de la Milá (sabiéndose morir, el poeta accedió a hablar en la TV, y la boba-que siquiera lo había leído-se creyó que era como entrevistar a un cantante moderno arregladito), «ES MUCHO MÁS DIFÍCIL SER BUENO QUE INTELIGENTE». Nuestro CJC fue un gran escritor y una persona bastante buena (con el tiempo mejor me parece) PERO fue dos seres: el hombre de carne y hueso, y la figura pública. De ésta última faceta cabe destacar -aquello que no agrada es muy fácil sombrearlo- que era todo un personaje, temido como pocos a la hora de la conversación. Entonces y más todavía con el paso de los días, envidio su plante, entereza, guardia: le sirvió de bastante. Como ser humano tuvo amigos verdaderos toda su vida, fue generoso y abierto. El célebre y hermoso lugar FORMENTOR de la cultura le debe mucho, a sus `CUADERNOS DE SON ARMADANS´ , otro tanto se le debe. ¿Censor?. Podríamos el maestro Xerardo y yo contar cuan finas y sutiles, harto sofisticadas censuras han ejercido y ejercen los más progres¿? e independientes¿? y liberales¿? de este país que tantísimo le han denostado. Su mujer y madre de su hijo, Charo, fue todo un personaje en ella misma y aportó no poco a la familia y al trabajo de marido. El asunto con Caballero Bonald fue venteado por las aves de carroña y fue sellado de una por todas en serio escrito y con admirable caballerosidad por él mismo. Y su hijo es un tipo estupendo, respetado antropólogo, y padrazo, ¡e hijazo!. De la colipoterra en segundas, no me dignaré decir ni un pío, excepto apoyar que le nieguen todo: ella no lo vale, y el porqué fue y sucedió es cosa privada. De legados y cuidados, que dicten los mejor intencionados y sabios a quien ataña el asunto, la decisión.

  5. A Cela le podía no solo Marina, sino muchas otras mujeres que aparecieron en su vida, aunque fuera de forma esporádica. (Es por decirlo finamente). Eso no implica que como escritor haya sido uno de los grandes de la Literatura española de todos los tiempos y su legado debiera protegerse mucho mejor de lo que lo está actualmente.

  6. Conocí a Marina cuando trabajaba en la radio, en A Coruña. Es una tía impecable y me parece a mí que en este foro hay mucha envidia…

  7. ¿Y después de la Fundación Cela que mas llevamos a la Ciudad de la Cultura? ¿La Casa de Rosalía? Los pueblos pequeños tienen su identidad propia porque sus hijos ilustres se la han proporcionado: Padrón es el Apostol, Cela, Rosalía y el Castaño… ¿Os vale?

  8. Marcelo. Coñeciches unha gran cousa. A muller nova que se arrima a un home vello nunca che é por amor, senon polos cartos que ten. ¿Ou o non o sabes?

  9. De Padrón non se move nada… Nin o de Cela, nin o de Rosalía… SI QUEREN LEVAR ALGO PARA A CIDADE DA CULTURA QUE LEVEN A MARINA CASTAÑO.

  10. Marina miente con mucha soltura. Si hubiese tantos Cela jr. por el mundo, ya habrían reclamado alguna propina del Nobel.
    Y se inventa su vida, como todo advenedizo. Los biógrafos de Cela cuentan (y documentadamente) otra historia. Este mujer, que va de marquesa viuda y es sólo viuda de marqués, es la cosa más pretenciosa e inculta de las que produce esta tierra. Ciao

  11. Pues la señora esta no parece tan potente como para que Cela haya perdido la cabeza por ella… A lo mejor es que es inteligente de verdad…

  12. Esta Marina hiso lo que tantas mujeres en el mundo… Aprovecharse de una situación y conquistar al hombre fácil… ¿No les parece? ¿Y eso es malo?

  13. Cela era un buen escritor, pero eso no es suficiente para ser buena persona. Yo considero que quien trata mal a sus hijos y a su mujer, no es buena gente.

  14. Lo que más hilaridad me causa es leer que Cela fue un genio. ¡Pero hombre! Aquí se le adjudica el mayor título que puede merecer un ser humano a quien no fue sino un obrero cualificado de la literatura. Genio es Cervantes; genio es Shakespeare; genio es Sófocles. Genios, en fin, son Virgilio, Dante, Víctor Hugo, Schiller, Quevedo, Goethe. Cela no les llega ni a la suela de los zapatos a ninguno. Un enano en el país de los gigantes. La obra de Cela, con el paso del tiempo, se irá difuminando, de la que no quedará sino el volumen de lo que escribió. Yo sólo admiro de él la fuerza de voluntad que demostró a lo largo de su vida hasta llegar a conseguir el Nobel. No hay que dar demasiada importancia a esto. Premios Nobel fueron Echegaray y Benavente. ¿Se acuerda alguien hoy de ellos? No. Pues lo mismo pasará con Camilo Cela.

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