MARKUS GABRIEL, FILÓSOFO

Cada vez buceo más entre los filósofos modernos. Mis clásicos de siempre me abrieron algunos caminos difíciles para que pudiera llegar al conocimiento de algunas materias complicadas. Espero que haciendo incursiones en la obra de esa gente sobradamente preparada pueda, en esta complicada modernidad, despejar algunas de las incógnitas que me inquietan. A mí y a muchos de vosotros.

Hace tiempo que descubrí a Markus Gabriel, un joven alemán de 40 años pensantes, capaz de dirigir el Centro Internacional de Filosofía de Bonn. Es como poco controvertido; para unos un genio y para los no creyentes en la materia poco menos que un fantasma al que sus pensamientos terminarán devorando.

El caso es que como mi amigo J.J. García Pena, el Galiguayo, me ha enviado una entrevista publicada en El País hace unos días, me dije que tendría mucho interés para todos nosotros reproducir parte de sus pálpitos de actualidad, que este tiempo de descalabros políticos y sociales requiere de mentes lúcidas.

Markus opina que la nueva normalidad traerá consigo una sociedad más moral…

—-  Veo esta crisis como una preparación de la crisis ecológica. El coronavirus no es nada comparado con la crisis ecológica. Los Gobiernos de todo el mundo saben que la crisis ecológica va a matar a cientos de miles de personas en los próximos 100 o 200 años y este es un peligro real. Lo sabemos porque los modelos climáticos son mejores que los del coronavirus. Tenemos más datos, llevamos estudiándolo 50 años. Sabemos que habrá más virus y se pueden escuchar en la UE las voces a favor de un nuevo “Green Deal”. Veremos un nuevo modelo de economía global y no se va a parecer a la globalización.

El Galiguayo me dice que está de acuerdo con Markus en esto pero que le falla la cifra…

—- No serán cientos de miles las personas que perezcan en la crisis ecológica, serán miles de millones.

Como veis, ese futuro que viene nos lo pintan mal.

—- ¿A qué se parecerá?

—- No hay vuelta atrás, las cadenas de producción ya están destrozadas, porque solo existen porque la gente, es decir, los dueños de las empresas, las automovilísticas por ejemplo en Alemania, quieren que existan. Y ellos están igual de amenazados por el virus que cualquier otro. Son gente con mucho dinero, normalmente bastante paranoica sobre su propia salud. Esta gente ahora es consciente de que esto no va a seguir así.

China no es un socio fiable. Está vengándose de agresiones anteriores. Tenemos que encontrar una manera de entablar una nueva amistad con China, pero no puede ser a través de la globalización y el trato injusto. ¿Por qué las empresas europeas tienen fábricas en China? Para pagar salarios bajos.

—-  Ahí nace su teoría del capitalismo infectado…

—- En las transacciones de la vida diaria, como comprar un juguete para tu hijo, un paracetamol o un coche, en muchos momentos, alguien tuvo que sufrir por la mera existencia de esa cadena. Todos somos responsables por el sufrimiento de otros. Estas cadenas interconectadas han creado sistemas maléficos y al final de esas cadenas siempre hay alguien que muere por falta de agua limpia, por no tener cosechas, por las condiciones de explotación. Esa es la cadena de infección de una enfermedad, que es el comportamiento inmoral. Si haces lo incorrecto moralmente, haces que la realidad sea un lugar peor. El neoliberalismo global se ha convertido en un modo de destrucción hiperrápido.

Realmente este hombre es de los que asustan si te los crees, por eso la gente no le sigue en masa. Reconoce que hace un par de meses nuestra vida, demasiado agitada, no se detenía por nada ni por nadie. Seguíamos, por lo visto, una dinámica malvada cuyos resultados desembocaron en el coronavirus. La pandemia nos hizo cambiar, según Markus:

—- Ahora, llevamos una vida más moral, simplemente por el hecho de hacer menos. Esto es parte de la explicación de por qué nos sentimos de alguna manera bien en la nueva situación. Hay un aspecto de solidaridad, de estar protegiendo a los mayores, y eso genera un buen sentimiento, pero también estamos dejando de hacer cosas que son perjudiciales para otros y hay una conciencia subliminal de esto. Ahora que todo ha parado, hay una cierta sensación de alivio, junto con la sensación de amenaza. Si tratamos de volver a la normalidad de antes, veremos nuevas olas de este virus, que se quedará allí hasta que encontremos una manera sostenible de hacer negocios.

Luego está ese miedo que nos meten en el cuerpo diciéndonos que llega a la gobernanza del mundo ese populismo que se alimenta de los frustados.

—- Habrá más oleadas de coronavirus y habrá aperturas y luego más confinamientos y nos acostumbraremos. Mi gran temor es que Trump gane otra vez las elecciones. Si hay una recuperación de la economía rápida, él se erigirá como el gran gestor y será la prueba de que los populistas son capaces también de gobernar y un ejemplo para Gobiernos autocráticos. Esa es una amenaza real.

—- ¿Deberíamos sustituir a los dirigentes políticos por científicos?

—- Hace falta una investigación multidisciplinar para alumbrar un plan de una nueva sociedad del día después. Eso nos garantizaría un futuro más sostenible. ¿Dónde está la ciencia política investigando el papel de China, de EE UU y de la UE? ¿Qué pasa con la socialdemocracia europea? ¿Cómo es posible que Scholz [ministro de Finanzas alemán] traicione a sus colegas en Italia y en España? Hacen falta sociólogos, feministas y especialistas en diversidad, economistas, periodistas, filósofos, historiadores y profesores de literatura que analicen la narrativa del desastre. ¿Se parece al terremoto de Lisboa? ¿Es un tsunami? Soy moderadamente optimista, pero las posibilidades son menores si no empezamos a planear ese futuro incluyendo a los expertos en humanidades.

Esto piensa el filósofo Markus Gabriel. Ya te advertí al principio que tiene sus porqués para llegar a tan radicales conclusiones, pero no suena mal su teoría de la desglobalización.

En esto último seguro que está de acuerdo mi amigo El Galiguayo.  

(3) Comentarios

  1. Miña nai, este bicho e o abó de outros bichos, que terán mais fillos e netos e mandaranos a guerra contra nós. Pois sí que nos deixa contentos esta filosofía moderna.

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