¿MERECEMOS VIVIR EN ESTE MUNDO?

Por Paco Ascón

Estos días de confinamiento somos muchos los que dedicamos nuestro tiempo a pensar a meditar, algunos siempre hemos dedicado parte de nuestro día a hacer eso, pero claro ahora tenemos más tiempo a nuestra disposición.

Hoy se me ocurrió analizar si realmente merecemos el privilegio de vivir esta fase de nuestra existencia, que nos ha tocado hacerlo, como seres humanos, en este hermoso planeta.

El universo, ha puesto a nuestra disposición, todo lo que pudiéramos necesitar, en unas cantidades, millones de veces superiores a lo que sería preciso, tenemos un mundo, que nos ofrece completamente gratis, todo lo que se nos ocurra, para la alimentación del cuerpo y del espíritu, solo tenemos que compartirlo, con el resto de seres vivos.

Tenemos la tierra, que nos regala absolutamente todo tenemos el cielo, con una diversidad de condiciones maravillosas para nuestro disfrute, tenemos unas variantes geográficas de una riqueza auténticamente fascinante, tenemos bosques, tenemos ríos, tenemos una variedad de fauna, flora y minerales francamente inagotable. Si no fuéramos tan irresponsables…

Pues bien, teniendo todo esto a nuestra disposición, nos empeñamos absurdamente en fabricar dinero.

—- ¿Para qué? ¿Para comprar lo que el universo nos regala?

—- Pues sí lo queremos comprar para venderlo.

—- ¡Qué estupidez!

Pues sí, somos estúpidos porque históricamente nos hemos encargado de provocar la escasez de determinadas cosas para vendérselas a nuestros semejantes, consiguiendo, que los que no disponen de ese dinero, solo tengan dos opciones: morir de hambre o robárselo a quien lo tiene, con la consiguiente dosis de odios irracionales, que nos arrastran a las mayores aberraciones, que han existido y existirán si no cambiamos.

Vemos en la Tv, todos estos días, que la mayor preocupación es cómo salir de la crisis económica.,

—- No si saldremos.

Pero solo se escucha que la deuda cada vez es mayor… Yo me pregunto…

—- ¿A quién se la debemos? Porque si nos morimos o nos matan, ya no la pagamos.

La única preocupación es ¿cómo saldremos de esta crisis económica? No oigo a nadie –bueno a unos pocos si- , que diga: vamos a compartir lo que tenemos, vamos a dejar que el mundo se recupere y que volvamos a tener, lo que el universo nos regala para compartir.

Solo pensamos en, si las empresas subsistirán, si la bolsa se hunde, si los grandes capitales se arruinaran…

¿Por qué esa “Bolsa” , esas “Empresas”, esos grandes “Capitales”, no comparten, con los que no tienen nada? ¿Por qué no se deja a la tierra que se autorregule y que vuelva a producir más lo que necesitamos y menos lo que quieren hacernos creer que necesitamos.

Qué pena me da comprobar, incluso antes de acabar con la pandemia, que no está sirviendo de aprendizaje, que en cuanto la puñetera economía se recupere, volveremos a caer en la brutal separación social, -pero no la profiláctica- sino la económica. No aprovecharemos para equilibrarnos y compartir, sino que seguirá aumentando, cada vez más, el número de miserables muriendo de hambre, mientras los ricos cada vez se irán a la tumba con más “dinero”, ¿Para qué?

Yo, no me quiero conformar con esa sentencia, quiero merecerme vivir el tiempo que me quede como el universo decida, no como lo haga el gran capital.

Paco Ascón Callejo

¿ES LA MONARQUÍA PARLAMENTARIA UNA BUENA FORMA DE GOBIERNO?

Por Ceneme

¿No es la ambición uno de los mayores males del ser humano? ¿No nos damos codazos y cornadas para hacernos con el poder y las riquezas? ¿No se trata de asegurar la supervivencia y disfrutar de los vicios del cuerpo, llámense sexo, banquetes, riquezas, etc., donde los medios más bajos justifican los fines?

¿Tiene el soberano necesidad de tener ambiciones? ¿No reside su riqueza en el pueblo? ¿No es el pueblo al que ha jurado servir el que le garantiza su supervivencia? ¿Será posible que al verse libre de esas necesidades del cuerpo, su alma y su pensamiento se eleven a otras alturas que le diferencian de la mayoría de sus ciudadanos que solo vemos el pienso de la tierra y el becerro de oro, para convertirse en filósofo?

¿No es un filósofo un sabio? ¿A qué pueblo no le gustaría tener un sabio como dirigente? ¿No es un pueblo gobernado por un dirigente de este calibre el que puede formar un gobierno más justo? ¿No se basta el Rey desde su altura para aplacar con su sabiduría la jauría de lobos ansiosos de poder que le rodean y de los cuales debe mantenerse a una cierta distancia, en otro plano?

¿No debería el Rey rodearse de guardianes fieles al Estado, que le tengan constantemente informado? ¿Serán los guardianes los juristas, que hacen las leyes, junto con los cuerpos de seguridad del estado, que hacen que estas leyes se cumplan?

¿No es una vergüenza ver las sentencias con que estos tribunales sancionan a estos delincuentes?

¿Por qué los ciudadanos tenemos que ver muchas veces la injusticia de la justicia y por qué la justicia de los ricos es diferente a la de los pobres? ¿No se representa la justicia con una venda en los ojos y una balanza equilibrada en la mano izquierda y una espada en la derecha juzgando el bien y el mal?

¿No deberían desconocerse los nombres de los jueces que emiten una sentencia y no deberían los jueces que estudian la sentencia desconocer la identidad de la persona que están juzgando? De este modo no estarían amenazados ni ellos ni sus familiares por grupos terroristas, ni mediáticos, ni económicos que pudieran influir sobre sus decisiones. ¿Quién ha dictado la sentencia? Se preguntarían. El Estado, sería la respuesta. Siendo todos el Estado, no podrían amenazarnos, matarnos ni comprarnos a todos.

La justicia sería ciega e implacable, no sobre las personas, sino sobre los hechos delictivos. Se terminaría con los juicios populares, donde la mayor parte de la gente no tiene la preparación adecuada para ser juez, cometiendo errores de bulto.

Cada persona debe dedicarse a lo suyo, zapatero a sus zapatos, constructor a sus obras, ama de casa a su hogar y los hombres de leyes aplicar lo que han estudiado. Seamos cada uno de nosotros buenos profesionales en nuestro cometido, no pretendiendo lucir entre los elegidos, sino en ser mejor que los malos. Sintamos la satisfacción de las cosas bien hechas.

La educación de los ciudadanos, así como su formación humana es algo que concierne especialmente al soberano. ¿No es obligación del padre velar por la buena educación de sus hijos? ¿No es la educación la mejor herencia que se puede dejar a los hijos? De este modo ya sabría de dónde vienen, quienes son y a donde van, no permitiendo en su Estado otra educación que la diseñada para todos los ciudadanos, cortando de este modo el caldo de cultivo del que se sirven los traidores al Estado para provocar su destrucción.

Los conocimientos y la sabiduría deben ponerse a disposición de todo el pueblo de tal manera que el linaje humilde no sea impedimento para que este nuevo ser mutante y evolutivo, procedente de la mezcla de dos genes diferentes de insignificante naturaleza, traiga consigo un cerebro privilegiado que sea el orgullo de su familia, la mayor satisfacción de sus progenitores y una riqueza para el Estado.-

Ceneme

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