MI ANCIANO AMIGO EL TANGO

Por J. J. García Pena

Sabiduría empírica, pura y aplicada la tuya, Xerardo.  Sos un privilegiado al haber acertado, gracias a tus experiencias,  en la elección  de tu bucólico retiro, digno de Grisóstomo y Cardenio.   

No te podés quejar,  que por lo menos hasta los 65 no caíste en la cuenta del “cuento de la amistad  a granel”.  Sesenta y cinco años de fe plena no son moco de pavo.

Yo, queriendo saber, (al contrario que el Chavo del Ocho) me enteré muy temprano de cómo era la cosa. 

Y  no por mis inexistentes dotes y méritos intelectuales precisamente, sino porque, desde niño, apenas desembarcado,  me  hice afecto a desentrañar las letras de tango con el fin de entender los códigos de un mundo en que caí de súbito.

Aprendí que los amigos podía contarlos con los dedos de una mano y, por ahí, hasta me sobraban dedos…

Ellos, los tangos,  tempranamente me advirtieron y abrieron los ojos  de con qué me iba a encontrar en mi desarrollo. 

Y no le erraron absolutamente en nada. Hay un tango para situación humana.

Pero, -todo hay que decirlo- como “efecto o daño colateral”, mataron toda ilusión en el niño que  pasó, de golpe, a la incipiente madurez sin estación intermedia.

¿Te imaginás qué hubiera sido, sin ese aprendizaje acelerado, de un niño recién trasplantado de un colegio de monjas franquistas, al hallarse de golpe en un país extraño y en una ciudad de un millón y medio de personas?

Por eso, gracias al “troesma” Gardel y compañía,  nada me sorprendió la cáfila de delincuentes y delincuencias que fui hallando. 

La ventaja fue que, cuando iban apareciendo, ya los conocía sin haberlos visto nunca.

… el amigo que es amigo siempre y cuando le convenga y sé que con mucha plata uno vale mucho más.  (Las cuarenta).

… y aprendés, al triste precio  de tu credo, en esta feria, que ni tiñe la vergüenza ni la “guita” tiene olor. (Y suma y sigue).

… no te fíes ni de tu hermano, se te cuelgan de la cruz…  (Desencuentro). 

Al tango le debo haberme ahorrado, posiblemente, muchos sinsabores.

Nunca sabré cuántos. 

No hay nada mejor que un viejo tango para cantarle al paso de la vida…, mi querido amigo Galiguayo.

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