MI ÁRBOL DE NAVIDAD

Por Alberto Barciela

Al fin. Las cosas no son como empiezan, importan en el ahora. En este instante estoy contemplando mi árbol de Navidad con la ilusión de que lo haré cada día en estas fiestas, con la certeza de que una vez transcurridas lo replantaré en un mundo un poco mejor, más verde, consciente, solidario y sostenible.

Nunca algo será más bello que las ramas de una arbusto con sus flores y frutos, pero la tradición demanda algunos adornos extraordinarios que resumen la cultura, las creencias y, en mi caso, algunas firmes convicciones que estoy seguro comparten la mayoría de quienes habitamos este hermoso planeta azul que está atravesando por una etapa negra. Por ello, más que nunca, hay que incorporar luces, crear ilusión y esperanza. Este es el objetivo: renovar cada doce meses las certidumbres en la libertad, en las creencias, y mantener las esencias de lo que nos justifica como seres humanos.

El árbol está junto al Belén, soy español y ejerzo como tal mis tradiciones, y respeto las de los demás. En lo más alto he puesto la estrella anunciadora -espero que en el nuevo año lo sea de salud-, la acompañan guirnaldas, bolas y luces de colores. Entre todo penden fotografías y algunos carteles. Representan momentos emotivos, resaltan algunas alegrías y agradecimientos, desean lo mejor para todos. Al fondo, suenan panxoliñas de mi querida tierra gallega.

He colocado fotos familiares y de amigos. He destacado imágenes de ancianos que viven solos o en residencias, de niños que padecen guerras y hambre, de enfermos, de mujeres maltratadas y de las que defienden la igualdad, de minusválidos, de drogadictos, de refugiados, de discriminados o perseguidos por razón de sexo, ideología o religión, de presos, de condenados a muerte, de pobres, de los compañeros periodistas que murieron cumpliendo su trabajo, las hay de voluntarios y de miembros de ONG. Bajo la estrella de Belén, hay una foto de un cayuco llegando a una playa de Canarias.

Quizás mi árbol sea un poco duro, pero la Navidad ha de servir para acordarnos muy especialmente de los que sufren. Aprovecho estas fiestas para pedir perdón, incluso a mi conciencia, por tanto olvido, insolidaridad y desimplicación. El otro existe, también en Navidad.

Como cada año, en el espacio de la Navidad del que os hablo, no se distinguen razas, ni ideologías, ni lugares. Sin atavismos, ni credulidades o dogmatismos estériles, se trata de iluminar cada día con la reflexión y de ofrecer apoyo efectivo a cuantos desde distintas organizaciones procuran agua, comida, medicamentos, ropa, atención, calor humano y espiritual, juguetes, etc. Sé que los seres humanos que ayudan a otros seres humanos se ven recompensados por la más generosa de las respuestas: una sonrisa sincera, enorme, inmensa. Los rostros de los desvalidos demuestran que aún en las peores circunstancias se puede ser agradecido y entregar lo mejor del alma, con sinceridad espontánea.

En ese rincón están este año muy especialmente representados cuantos sostienen con su ejemplo los servicios esenciales: sanitarios y auxiliares de hospitales y centros de salud, cuidadores de residencias de ancianos, conductores de ambulancias, colaboradores de ONG, funcionarios, militares y fuerzas de seguridad,  periodistas, informáticos, religiosos, empleados de la industria de la alimentación y de la limpieza, funerarios, políticos responsables, etc., muy significativamente incluyo a empleados del sector turístico y comercial, tan castigados por el COVID. Antes les necesitábamos, ahora todos se han convertido en verdaderos héroes.

En el árbol estás representado tú, con tu familia, con tus amigos y conocidos, tú y la solidaridad cotidiana, esa que nos refleja como una parte del orbe que compartimos. Ahí figuras con Caritas -a la que este año pudimos ayudar con Estrelas no Camiño, desde Negreira, con cocineros amigos, ya hermanos del alma, 32 estrellas Michelin: Elena Arzak y Mikel Sorazu, Martín Berasategui, Jordi Cruz, Eneko Atxa, los hermanos Torres, Javier y Sergio, Jesús Sánchez, Miguel, Marcos Granda, David de Jorge, Miguel Ángel Campos y Manuel Costiña, en representación del Grupo Nove y, por supuesto, los hermanos Rial con su equipo de Casa Barqueiro, Rogelio, Fran, Carmiña y Miguel-. El año que viene seremos más y mejores aún, es nuestro compromiso.

También se significan Cruz Roja, UNICEF, Médicos sin Fronteras, 1 Kilo de Ayuda, Vencer el Cáncer…

A todos propongo reforestar en los corazones el bosque que el pequeño árbol representa, para que en el 2021, Año Santo Xacobeo, seamos capaces de encender nuestra luz interior cada día aunque no sea Navidad. Por eso, en el árbol todavía hay tarjetas en blanco, para que cada uno aporte cuanto crea que pueda resultar efectivo para el bienestar común.

Si es posible, te invito a que sigas actuando. Sabemos que un mundo un poco mejor depende de cada uno de nosotros, de nuestras reflexiones, de un cambio de actitud, de un refuerzo de nuestros acciones en favor de los demás. Lo grande parte de acciones muy pequeñas: una sonrisa, la comprensión de los que piensan diferente.

Enciende tu luz e ilumina a los demás.

Mi especial saludo y mi solidaridad con las familias y amigos de los que se ha llevado la pandemia o padecen las secuelas.

Bo Nadal e Feliz Aninovo, de corazón a corazón.

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