MONTEVIDEO 2030

LA REALIDAD ENTALLADA

Por J.J. García Pena

 

Briana M.  había comenzado su brillante carrera profesional a su veintidós años, en 2002, como creativa publicitaria autónoma al servicio, entre otras, de una agencia local que pronto valoró los exitosos resultados de sus dibujos , indicadores  de sus singulares dotes para el  marketing.

El trabajo era ideal para su realidad familiar y social. Si bien de vez en cuando se trasladaba a las oficinas centrales de la afamada agencia montevideana, lo hacía más por socializar con sus directivos que por necesidades prácticas.

Ello, más el hecho de ser aún soltera, sin hermanos ni familiares directos, le permitía ocuparse personalmente de su madre, confinada desde hacía dos años en una motorizada silla de ruedas tras el aparatoso accidente de tránsito en que resultara muerto el padre de la joven, prestigioso  cirujano plástico.

Sobre el final de su época estudiantil había conocido el amor carnal  y todo indicaba que tal relación concluiría, sin más, en un matrimonio a la antigua, según  lo requerían los, ya  por entonces, anacrónicos anhelos amorosos  de Briana. Sin duda el ejemplo matrimonial  de sus padres inclinaba el fiel de la balanza a favor de una unión sempiterna.

A ella misma la sorprendía que tales antiguallas decimonónicas hallasen reducto en su mente desprejuiciada y educada para una emancipación temprana. Pero así era y así se aceptaba sin plantearse cambio alguno al respecto.

Poco después del accidente, ya fuese por el tiempo que destinaba a los cuidados de su madre ya por las crecientes exigencias de su vocacional teletrabajo, el probable candidato a sus afectos perdurables, enfriado su entusiasmo,  desapareció de su vida.

El tiempo pasó sin que volviera a intentar buscar pareja ni dejarse abordar por más pretendiente que un casual contacto virtual a través de skype. Cuando concertaron un encuentro  en terreno neutral, ninguno de los dos  satisfizo al otro. Con honradez se confesaron su mutuo desengaño y se despidieron sin pena ni gloria.

La  siguiente propuesta de relación amorosa provino de un apolíneo colega y duró tres meses exactos. La unilateral quiebra amorosa la decretó ella, sin explicaciones ni apelaciones. Desde entonces dejó de pensar en un ayuntamiento ideal y centró toda su atención en su ascendente carrera. Se dijo…

-Ya llegará, cuando menos lo espere, quién me satisfaga  plenamente

Tampoco había sentido el atávico  llamado de la maternidad, tal vez por estar demasiado involucrada con su actividad cibernética o quizás por pura predisposición genética… ¡Qué más daba!

No había pasado ocho  años en su primer y muy bien remunerado teletrabajo cuando, a través de la misma agencia, le llegó una  oferta tentadora  de una multinacional del entretenimiento con casa matriz en Uruguay.   Le ofrecía el puesto de Líder Jefe  de  una novel sección de inminente creación, en la cual  coincidirían novedosos aportes parciales  en formato software  de juegos prototípicos llegados de casi todos los rincones del mundo. Imposible rechazarlo.

Inmersa en su mundo informático de increíbles realizaciones colectivas, ella fue erigiéndose en el alma mater de aquella colosal industria del entretenimiento hasta ocupar el más elevado pedestal.

Volaron los años para la  exitosa empresaria, repartidos  entre los cuidados a su progenitora y una incondicional entrega a su trabajo. 

En ese tiempo, la meritoria publicista acumuló premios y ahorros los que, sumados al valor del apartamento familiar, posibilitaron la mudanza  a un cómodo y luminoso penthouse  estrenado en 2023 por ambas mujeres  en pleno Parque Naturalia, antiguo predio municipal otrora ocupado por el último zoológico del país. 

Desde la costosa y elevada atalaya demótica,  autolimpiante y totalmente carente de peligrososos bordes y ángulos agudos, la vista abarca la totalidad de la armoniosa costa montevideana. Solía contemplarla en los atardeceres arrebolados mientras acariciaba, sostenido en sus manos, un broncíneo busto de la diosa Morrigan, presa favorita entre las muchas que, en el amplio living del penthouse, testimoniaban los logros profesionales de Briana.

A menos de cuatro manzanas del Parque Naturalia  se alza el histórico y remozado Estadio Centenario – rebautizado Bicentenario  ahora-  próximo a los cien años de su inauguración. 

Montevideo, ya un año antes palpitaba  la fiesta que habría de protagonizar como capital  de Uruguay, país anfitrión del Mundial de Fútbol 2030, proclamado por la FIFA.

La pequeña nación, estable, culta  y moderna, había captado  poderosos grupos empresariales que huían de zonas conflictivas o demográficamente riesgosas. No por casualidad  el promedio de vida de las mujeres uruguayas había  ascendido de algo más de ochenta años en 2017 a casi ochenta y nueve  en 2028.

Según esos alentadores parámetros, Briana aún disponía de muchos años para alcanzar su ideal amoroso.

Ahora, en 2029, arriba de la cincuentena, disponía de  más tiempo libre que antes de comenzar  su carrera laboral recién egresada de Ciencias de la Comunicación.  Su madre, único amor capaz de  limitarla a la hora de ampliar su radio de acción,  había fallecido  en 2027, lo que aumentaba su sensación de vacío sentimental.

Para mitigar  en parte tal soledad afectiva, decidió que ya que debería continuar liderando un grupo heterogéneo de ingenieros programadores, lo mejor era trasladarse cotidianamente al lugar físico de encuentro e intercambio profesional. Y así lo hizo.

El horario de oficina no excedía las cinco horas, pero Briana permanecia en ella no menos de diez diarias.

Aunque disponía de un pequeño vehículo eléctrico  arrodado, disfrutaba  caminando por el Parque Batlle las cuatro cuadras que mediaban entre su hogar y  la amplísima oficina  que ocupaba en la corporación, desde cuyos enormes ventanales ovales  solía contemplar la obra maestra del escultor J. Belloni, La Carreta.

Encumbrada en su alto cargo, Briana no necesitaba consultar el cómo ni el por qué de sus decisiones con nadie.  Se limitaba a producir dinero para la multinacional del entretenimiento, cuyos invisibles directores   estaban encantados con el resultado comercial, hijo  de su genio organizativo.

Todos los programas e innovaciones provenientes de los más destacados creadores de maravillas virtuales  pasaban por los múltiples “ojos de buey” de su “Nautilus” personal, nombre con que, medio en chanza medio en serio, sus colaboradores más cercanos  habían bautizado  a su amplia oficina,  con dos de sus cuatro paredes totalmente de “vidrio” de grafeno y las otras dos tapizadas de enormes monitores audiovisuales oblongos. 

A Briana no se le escapaba -e incluso la divertía-  que, en consecuencia, el personal a su servicio, compuesto de equipos mixtos de ingenieros cibergráficos, dibujantes al autocad y laser y trigonometristas espaciales, diseñadores de los más atrevidos proyectos futuristas, se referían abiertamente  a ella  como La Capitana Nemo o simplemente La Capi. 

Parte de los más audaces ciberproyectos de  viajes interplanetarios, encargados por distintas agencias espaciales,  pasaban por el Nautilus comandado por Briana. 

Los mejores directores de cine, reputados por imaginativos e innovadores, le encargaban a su empresa la resolución cibernética de ideas y trucos jamás antes explorados en el séptimo arte.

Precisamente fue uno de esos  directores consagrados, que la conocían y trataban como a una igual, el que la desafió a crear algo nunca  antes visto en el cine ni en medios similares.

Se lo explicó de un tirón :

—- Se trata crear un programa secreto y experimental,  en el cuál el espectador siguiendo el guión de, pongamos por ejemplo, una novela de Víctor Hugo, de Gorki o de Stendhal, dejará de ser un mero espectador  para convertirse, a elección, en un extra o el protagonista dentro de la obra. ¿Entendiste?

—- Sí.

—- Tanto  podrá elegir ser un condenado a la horca como un sicario, un héroe revolucionario, una heroína  o un burgués repentinamente arruinado. En cualquier caso ,el espectador deberá sentirse totalmente identificado con el personaje elegido.

—- Vale.

—- Si aceptas el reto, tienes ocho meses para entregarme un prototipo del software para comenzar a adaptarlo a la obra que deberé presentar en menos de un año en Cannes. 

Y, honradamente, prometíó:

—- Tu nombre aparecerá al lado del  mío en los créditos del primer film que, pronostico, marcará un antes y un después en la industria cinematográfica, desde su alumbramiento en los galpones de los hermanos Lumiére. No te fijes en los gastos. Si resulta como espero, el costo, por más alto que sea, se licuaría en menos de tres meses de  exhibición  mundial. He previsto  que dispongamos del Antel Arena para una  “avant premiere” previa a su presentación en Cannes 2030.             

Firmados  los compromisos y plazos de entrega, se despidió el anciano director a la espera del resultado, no sin antes entregarle  un pen-drive codificado conteniendo un fragmento “demo”  del film que debería exhibirse el año siguiente en Francia.

Nunca Briana se había enfrentado a un desafió semejante, ni siquiera cuando debió satisfacer el pedido de un programa simulador de vuelo y amartizaje para las pioneras misiones a Marte.

Seleccionó una porción de creativos dentro de su  excepcional equipo de ingeniosos sabios y les explicó el proyecto encargado por el afamado cineasta y lo que se esperaba de ellos.

—- Disponemos de ocho meses. Ni un día más. No lo toleraría nuestro prestigio  de ser los mejores generadores de realidad virtual. Trabajarán en entera libertad creativa y sin limitaciones económicas. Estaré ausente los  dos meses que le restan a este 2029 y  casi los cinco iniciales del siguiente.

No agregó ni un palabra más. Confiaba plenamente, y con razón, en su genial equipo.

Por primera vez en muchos años de compulsión laboral, se obligaría a un período sabático de siete meses paseando por lugares remotos, solo avizorados en las pantallas planas y hologramas.

Programó el fin del georecorrido descansando cuarenta días en alguna isla del Egeo. Quizás, relajada y sin apremio ni  compromiso alguno, fuese ocasión propicia para el feliz comienzo de un romance  duradero.

Y lo fue… pero no duradero. Al abrir la puerta de su lujoso apartamento sintió la misma soledad que al cerrarla siete meses atrás.

Sin embargo, al retomar su rutina laboral le esperaban gratas noticias. En menos de seis meses había quedado listo el prototipo encargado, en  espera  de prueba y aprobación definitiva.

Su genial equipo técnico, reunido en  “la Nautilus” y notoriamente satisfecho, presentó el proyecto requerido listo para ser inspeccionado por la  Capi. Se dijo…  

—- La propuesta de dejarlos trabajar libremente había sido un gran acierto…

Tanto que, paralelamente, había arrojado  “un resultado  inesperado”, según le anunciaron. Se lo presentarían luego  que  aprobase el software encargado por el anciano director.

La Capitana ocupó una de las quince autoajustables y ergonómicas butacas de cine usadas por el equipo de trabajo en las pruebas previas, todas ellas equipadas con millones de sensores que oficiaban de terminales nerviosas de enlace, entre la imagen del innovador film que se proyectaría  holográficamente en la gran sala, el software recién creado y la consciencia del sujeto aprobador: la propia Briana.   

El resultado dejó boquiabierta a la Capi. Había optado por ser Ana Bolena

Casi se desmayó al sentir el golpe de su cercenada cabeza contra el suelo y luego sus ojos abiertos, ya sin la venda, mirando la espada homicida  desde el piso de piedra que su nariz percibía fría y con olor a sangre caliente y a humedad vieja.   

Cuando se repuso de la impresión de ser Ana, la Decapitada, y dar por aprobado el software con  un irrefrenable aplauso espontáneo,  la esperaba la anunciada frutilla de la torta.

¿Te dije que la satisfacción por el éxito obtenido era inocultable entre los miembros de su equipo? Ahora le harían presentación y entrega de “un logro inesperado”, resultante magnífica y colateral de las últimas ciberexperiencias.  

No necesitaron darle largas explicaciones. La Capi absorbía las innovaciones con pasmosa facilidad.

Reclinada cómodamente su nuca  en la misma  butaca recubierta con piel sintética de inteligencia artificial, esta se encargaría, software mediante, de crear y grabar en tridimensión y cinco sentidos , cualquier fantasía con solo imaginar una sola escena. Daría vida  a toda ensoñación capaz de complacer, en un insuperable 98%, a cualquier futuro cliente. El 2% restante se destinaba a CV (conciencia en vigilia), suficiente para que el mismo usuario, rozando delicadamente la superficie del panel de diálogo con la máquina, pudiera optar voluntariamente por interrumpir, suspender o dar por terminada su fantasía. 

Sin necesidad de cerrar los ojos, Briana  imaginó un viaje ideal.  Aunque el “viaje” experimental no duró más de cinco minutos, en su percepción neuronal  quedó la impronta de las sensaciones físicas y psíquicas equivalentes a varios días, tal vez varias semanas. Resultó mucho más completo, gratificante y emocionante que su imperfecto, caro y en ocasiones peligroso  desplazamiento por los alejados e inhóspitos rincones recorridos  en su reciente viaje por el mundo real.

La Capi, de ojos abiertos y con una desconocida sonrisa en sus labios, emergió de su tour inaugural  utilizando el previsto 2% remanente de su conciencia no afectada,  con solo rozar levemente la placa CV  fijada al extremo del posabrazos derecho del sillón inteligente.

Asombrada por el resultado, con solo “resetear” lo grabado pudo “revivir” un trozo de la experiencia pasada guardada, automáticamente, en una memoria ROM extraíble.  Nunca visto.

 —- Puedo crear mi propia “realidad entallada”… ¿Pero, qué digo? ¡Múltiples realidades entalladas a mi medida! ¡Ilimitadas fantasías entalladas para todos!

Era una sensación envolvente, embriagante,  desconocida.  Algo así como si se tratara de una piel viva que reemplazaba por completo a la natural, aunque más ajustada, aún, que aquella. Como si no tuviese arrugas ni lunar alguno.

– Esto es mucho más que lo propuesto y esperado  por S. S.  ¡Duplicaremos las ganancias!  Después de Cannes 2030, todas las salas de exhibición contarán con estas fundas inteligentes en sus butacas.   

Le sobraban casi dos meses para presentar  el maravilloso software al  afamado cineasta en la exclusiva “avant premier”. En ese tiempo remanente, su equipo de especialistas daría los últimos retoques al invento ya aprobado por la Capitana.

Pero ni a la prensa ni al productor les adelantaría una palabra sobre el nuevo “descubrimiento colateral”   hasta no haberlo probado ella en toda su potencialidad.

Dispuso que uno de las butacas inteligentes fuese trasladada a su espacioso penthouse del Parque Naturalia .   Una vez instalada y probado en un corto experimento de tres minutos su correcto funcionamiento, antes de retirarse sus colaboradores, lo culminó al tocar, suavemente, como estaba previsto, la  pantallita de CV, al alcance inmediato de su mano derecha.

Les anunció que no aparecería por la empresa al menos por dos semanas. Solo debían contactarla si llegaba a aparecer, de forma imprevista, el aclamado productor de cine.

Al forzar, por orden judicial, la cerradura digital bloqueada internamente, el olor  dulzonamente nauseabundo ofendió las narices de los dos policías y de uno de los más estrechos colaboradores de Briana, que había denunciado su prolongada e injustificada  ausencia de cuatro semanas ,  al mismo tiempo que revelaba el grado de  descomposición del cadáver  reclinado plácidamente  en el sillón ergonómico.

En el parte policial  del 21 de mayo 2030, la  extraña sonrisa beatífica dibujada en  el armonioso rostro de Briana  M. aparece en el informe de los peritos forenses  como  “efecto resultante de contracción  faciomuscular, producto del “rigor mortis”Causa del deceso: Inanición voluntaria.

A un costado de la butaca, caída, la bruñida estatuilla de la diosa Morrigan conservaba las huellas dactilares de Briana. Con ella había destrozado el CV, cortando todo posible intento de detener la acción iniciada en la máquina inteligente.

El 26 de mayo de 2030, reunidos en  “la Nautilus” todos los integrantes del equipo de la multinacional del entretenimeinto, conectaron al proyector holográfico la memoria ROM extraida de la butaca del Parque Naturalia y, maravillados, comprendieron por qué Briana M. había decidido derribar, de un golpe, de un solo y contundente golpe, el puente con la realidad que le disgustaba.  

Y supieron el por qué de su enigmática sonrisa.

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