NEIL AMSTRONG Y MI ABUELA

Vivíamos Gloria y yo en Donosti, en la Villa Angel Enea de Ategorrieta, con un teléfono común para los tres “pisitos” en los que don Santiago Intxausti dividiera aquel palacete de tan  gratos recuerdos para mí. Entonces no había móviles pero el hombre acababa de pisar la Luna por primera vez y así lo vimos por el Telefunken, en blanco y negro, emocionados porque nosotros “aún podíamos ir a la Luna… de miel.

En esto me grita desde el primero don Santiago, que dicho sea de paso estaba un poco sordo…

— Gerardo, le llama su nuera…

— ¡Será mi abuela!

— Nooooo, su nueraaaa…

— Pero si no tengo hijos, don Santiago, que aún no estamos en edad…

— ¡Tome el teléfono! ¡Es su nuera!

Al otro lado del hilo, desde Cudeiro, oí que también gritaban…

—  Soy su abuela, don Santiago, soy su abuela…

—  Ya, ya, abuela… ¿Cómo estás? ¿Pasa algo? ¿Qué pasa?

—  ¿Tu viste la película que montaron esos yanquis? ¿No dicen que pisaron la Luna? ¿Pero tú has visto mentirosos semejantes? ¿Pero cómo se atreven a decir que pisaron la Luna? ¡Si aún fueran los rusos…!

—  Qué sí abuela, que es verdad, que los yanquis llegaron a la Luna.

—  Que te digo yo que no, que estos tienen Hollywood y las películas las hacen muy bien.

—  No, abuela, esos montajes que tú dices terminan por saberse…

—  ¿No tendrás ningún amigo periodista en América?

—  ¿Por…?

—  Para que le preguntes si es verdad o no, porque acabo de discutir con tu padre sobre el asunto…

—  ¡Qué es verdad, abuela, te lo digo yo que algo sé de televisión…!

Pasó el tiempo desde aquella conversación telefónica y a mi abuela nadie la convenció de que “aquel programa que vimos” era tele realidad y no una teleserie

Conste que mi abuela no era la única persona que no creía en lo del alunizaje de la misión Apolo 11, comandada por Neil Alden Amstrong, un veterano piloto de la NASA que tuvo el privilegio de ser el primer ser humano que pisó el suelo desértico del satélite de la Tierra.

Fue, me acordaré siempre, el 21 de julio de 1969. Y tras Amstrong saltó Edwin Aldrin, piloto del módulo de exploración lunar “Eagle”.

Mi abuela hubiera preferido que llegara antes un Спутник (“Sputnik”), que así llamaron los rusos al satélite con el que ganaron la carrera espacial a los americanos; porque todo lo que volaba en las cálidas noches de Cudeiro, de bellos e inmensos cielos con millones de estrellas, era para ella un Спутник de la Unión Soviética. Mi madre me comentaba siempre…

— Cosas de la guerra, hijo, cosas de la guerra…

A pesar de los años que han pasado desde aquel primer vuelo lunar y de los muchos científicos que acreditaron la autenticidad de la gesta, aún hoy hay quien sigue creyendo que aquella fue la mejor película rodada por Hollywood.

Yo espero que mi abuela se encuentre con Amstrong por el espacio y este le convenza de que aquel viaje suyo a la Luna,  fue tan cierto como los otros cinco alunizajes que se realizaron posteriormente, en los que otros diez cosmonautas pisaron el desierto lunar.

Por cierto, para los incrédulos: cuatro meses más tarde de la misión Apolo 11 se llevó a cabo la 12. El comandante era Charles Conrad y el piloto del módulo lunar, Alan Bean. Ambos encontraron y trajeron de vuelta a la Tierra algunos elementos de la sonda Surveyor que había sido lanzada en 1967. Entre otros objetos, Conrard y Bean trajeron la cámara fotográfica de la sonda con las primeras fotos hechas en la propia Luna.

El día que regresó la nave Apollo 12 a nuestro Planeta llevé una de las grandes alegrías de mi vida: nació mi hija Gloria.

Yo todavía no he ido a La Luna ni me pude subir con mi mujer a una estrella azul de las que le gustan a Pablito Milanés; pero ya me falta poco –por mucho que me falte- para viajar al espacio…

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