NO SOLO SE TRATA DE REHABILITAR ALDEAS

Las autopistas unen el territorio, pero también dividen el país, ofreciendo desiguales oportunidades. En la Galicia del nuevo siglo hay un eje Atlántico que limita la igualdad entre lo marinero y lo rural, un hecho que pone en duda el futuro de casi diez mil pueblos en los que también nacieron y crecieron gallegos.

La Galicia más próxima a su capital y a la costa se desarrolló mucho más que el interior de Lugo o de Ourense, donde la emigración y el cese de la actividad agraria, su consecuencia, dejaron una amplia herencia de casas abandonadas, ruinas y aldeas fantasma.

Sin embargo, reconforta saber que algunos de esos lugares ya resucitaron y hoy vuelven a engrandecer geografías que parecían imposibles.

Por eso hay que mirar con optimismo hacia el futuro. Por eso y también por los planes de revitalización del medio rural mas deprimido, que incluyen no solo la rehabilitación de viviendas, sino también un nuevo impulso a la agricultura y a la ganadería, que parece posible que la vuelta al campo de la gente joven, mejor preparada y con muchas más capacidades que esa generación perdida, errante y necesariamente aventurera.

Porque ya no vale hacer planes turísticos para rehabilitar el patrimonio, como ocurrió en su día. Las aldeas por recuperar volverán a tener vida si en su entorno hay trabajo y cultivos de productos exportables.

Y esto es posible. Que ahí están, como ejemplo, los éxitos de nuestros vinos, de la castaña, de las cooperativas agropecuarias que abastecen de huevos a la gran flota americana, de la ternera gallega, de nuestros quesos…

La imaginación y el esfuerzo deben devolverle al agro gallego su valor de mercado; que, si somos capaces de vender tulipanes en Holanda o roedores a los japoneses, también lo seremos de adecuar nuestra producción agropecuaria a los nuevos tiempos, esos que se avecinan con nuevas leyes europeas que, por el momento, no contentan a nadie.

Es más, si Galicia es el gran bosque de España, la esperanza de aumentar la población rural pasa por aplicar nuevas políticas de reordenación forestal, que ya se sabe que el negocio de la madera demanda mayores servicios. 

En este país, se precisa una estructuración industrial de la nueva producción agropecuaria para generar una muy necesaria cifra de empleo y poner en valor el producto.

Por lo demás, ya se sabe que Galicia es calidad de marca. 

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