OS ADEUSES

 …Y fue como  reencontrar, surcados de pena y sin gloria, los desvanecidos rostros en el  brumoso azogue de la memoria…  

Por J.J. García Pena

La emoción, envuelta en el sutil manto de la morriña, inundó todos los ámbitos de la preciosa sede del Patronato da Cultura Galega, del Uruguay. Rostros hermanados por un pasado en común, representantes genuinos, ellos sí, de cada rincón de nuestra Galicia.

Nos reconocimos, sin necesidad de preguntarnos los nombres, con tan sólo mirarnos a los humedecidos ojos.

—- Eu son de Sada– le informé, orgulloso, a mi interlocutor, un ferrolano con más canas que yo. 

—- Cheguéi no ano cincuenta e sete-, díxome.

—- Eu saín de Sada con dez anos, no sesenta-,respondínlle.

Sobre los blancos muros del enorme salón, se desgranaba nuestro periplo migratorio.

Escrutamos los rostros inmortalizados en luces y sombras: 

¡Tal vez apareciese nuestro semblante entre los setenta y tres retazos robados al olvido!

No importa si no me encontré.

Allí estaban, como desgarradores y acusadores testimonios, los rostros de toda la Galicia pobre.

Allí estábamos.

Éramos esos niños desolados que perdieron el barco, éramos los mozos y mozas  que cruzaban la pasarela  como el condenado el corredor de la muerte, éramos la viejecita que no entendía por qué debía morir lejos de su aldea, éramos la  muchacha que la esperaba un puesto de sirvienta en Montevideo, éramos el hijo que abraza a su madre, prometiéndole volver, éramos los pequeñitos que dormíamos en brazos de sus madres y despertaríamos con otra identidad, sin acento gallego, éramos el mozo, payaso  alegre en la despedida, pero que luego vimos llorar todas las noches sobre cubierta, éramos los que no teníamos lugar en nuestra tierra, éramos… los que ya no somos…

Imposible disociar esas caras, esos abrazos, esas manos y pañuelos en alto, de aquellos versos:

“O inverno da emigración roubóunos a primaveira…

¡Xa poden os leiros dar colleitas ben abundosas.

Poden en Madrid falar con palabras ben fermosas,

que nunca nos han pagar a nosa fame de outrora!

Contemplamos mucho y hablamos poco. Tal vez para no delatar ese nudo na gorxa…

Gallegos, gallegos y más gallegos. Y sus descendientes. No faltaron, como esos amigos que se presentan en casa, sin anunciarse, porque saben que no es necesario hacerlo, porque nos conocen por dentro, porque saben que su presencia es reconfortante fuente de alegría para nosotros, algunos uruguayos consustanciados con el latir del sentir galaico.

Ni que decir que Washington Carrasco y Cristina Fernández (*), los máximos intérpretes del canto gallego en el Plata, concitaron el reconocimiento de los circunstantes, quienes,  habituados a sus frecuentes recitales y visitas ao Patronato, departieron con ellos como de si de gallegos se tratarse. 

Tampoco  faltaron representantes de otras partes de España, hermanos en la diáspora, compartidores de  penurias y alegrías.

Al Patronato nos llevó aquella vez la muestra denominada Os adeuses, que reunió más de siete decenas  de fotografías, todas ellas captadas por el sensible ojo del excelente fotógrafo coruñés Alberto Martí Villardefrancos,  a fines de los ´50 y principios de los ´60.

Para mí resultará siempre inolvidable la exposición, porque en blanco y negro quedó escrita la historia del hecho más doloroso de la historia de Galicia…

(*) El padre de Cristina, don José Rosendo Fernández Seivane, para todos Pepe, fue un destacado hombre de teatro, íntimamente ligado al hacer de la colectividad gallega. Le cupo a Pepe el innegable mérito de haber sido quién más influyó en la orientación y formación musical de Cristina, amén de sus cuatro abuelos lucenses.

(4) Comentarios

  1. ¡Dios, que tristeza! Yo me he salvado de aquella quema pero como las cosas se sigan poniendo así de negras no creo que me salve de la siguiente. Muy emocionante la voz de Cristina y el poema de Ramón Cabanillas, escrito hace mas de 150 años, cuando los gallegos íbamos a rebelarnos contra la esclavitud del centralismo castellano.

  2. Un relato desgarrador. Lo peor que le puede pasar a una persona es que le metan un barco, en un tres o un avión, da igual, y le manden al desarraigo para que empiece allí una nueva vida. Mi abrazo a todos los que un día se fueron de este país.

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