OZA DOS RÍOS, LA VIDA FELIZ

       Lo anunció el presidente Nuñez Feijòo en el Parlamento: en Galicia se inició el proceso para la fusión de ayuntamientos que posibiliten la rentabilidad de la administración municipal. Y al día siguiente, dos alcaldes hacían pública la fusión de sus respectivos concellos: el de Cesuras y el de Oza dos Ríos.

        Me parece que debo contarte como son estos territorios y esta semana comienzo por Oza dos Ríos. Fui hace cuatro primaveras y la visita comenzó así:

       —-  El “Señor de los Topos” trabajó veinte años en las minas asturianas, de donde debió de traerse la palabra topinera, cuyas sílabas transporta sin querer de una finca a otra, como la tierra que se le incrusta en las uñas… Su padre, también cazaba topos. Un día le contó que con la piel del topo, suave como el terciopelo negro, se hacían gorros para los obispos de Betanzos

       La primera vez que visité Oza dos Ríos, una agraciada y joven señora, de esas de las que te quedas prendado nada mas mirarla, me contó la historia de este personaje cuya templanza servía de ejemplo a los tres mil y pico habitantes de este municipio, próximo a Betanzos, entre las coruñesas tierras de Coirós y Cesuras.

       El “Señor de los Topos” era en realidad un labrego reconvertido a jardinero por las nuevas necesidades del territorio, ahora residencial.

LA RECTORAL

       Oza luce espléndidas primaveras y otoños, de ahí que los coruñeses, cansados de mar, procuren su bella tierra verde, entre los ríos Mero y Mendo.

       Total, como diría mi amigo Jesús Pérez Varela, “está muy a tiro”: a solo 70 kilómetros de la populosa ciudad herculina. Hasta tal punto que, desde el monte de O Gato, en estos días claros, se ve hasta la mismísima Torre de Hércules, además de Betanzos y Curtis.

       Y claro, esta proximidad a la Mariña coruñesa favorece su clima, más benigno que en otras zonas de interior, lo que provocó ya no solo la construcción de “segundas residencias” sino la de viviendas unifamiliares más modestas habitadas por una población muy joven.

      Pero a pesar de esta circunstancia –paralizada por la actual crisis de la construcción y la falta de crédito hipotecario- Oza dos Ríos no ha perdido su alma rural.

     Tiene una interesante cabaña ganadera que dio origen a la instalación de pequeñas industrias lácteas. Una muy buena huerta en sus dos grandes valles, cuyos productos se comercializan en los centros urbanos próximos. Y una riqueza maderera, que abastece a su industria: aserraderos, empresas dedicadas a la fabricación de puertas y parquets y carpinterías especializadas en la construcción de galerías.

 ZONA RESIDENCIAL

     Lo que me resulta siempre asombroso es lo poco que conocemos estos municipios del interior de Galicia, que poseen una tan rica como variada historia. Y así lo escribió el poeta…

      “… Como a hedra sostida no seu labirinto de pedra, son desta especie vencida no norte, aquí, onde mollas a boca e respiras deitada…

      Hai marcas anteriores a un embigo lunar: Anoitece nelas e descifran a primeira cor que alenta, e abre con forza.”

      Del románico, el gran clásico de la arquitectura religiosa gallega, hay bellas muestras en casi todas las parroquias, que por algo el origen de Oza dos Ríos gira en torno al monasterio de San Salvador de Cis.

      Fue fundado en el año 909 por los condes don Hermenegildo y doña Paterna, pero su máximo esplendor le llegó en el siglo XV, cuando pasó a depender del compostelano monasterio de San Martíño Pinario.

     La página negra de su historia la vivió con la insurrección carlista, cuando lo destruyó un incendio provocado por su Prior.

     En el conjunto del monasterio de Cis destaca hoy su magnífico templo gótico, construido en la segunda mitad del siglo XIV. Es una basílica con tres naves y tras ábsides poligonales, que rompen altos ventanales de estilo ojival, con bóvedas de crucería en abanico.

     En la puerta de la fachada principal admirarás el original estilo románico en sus elementos decorativos: tiene dos pares de columnas y un tímpano en el que aparece la figura de Cristo con imágenes de San Bernardo y San Benito a los lados. Sobre esta puerta se abre un bello rosetón.

LA IGLESIA

    Este templo  es lo único que permanece en pié del antiguo monasterio de Cis y su estado de conservación es magnífico.

    En el siglo XVI, este municipio de Oza dos Ríos tenía ya carácter residencial, porque de esa época datan sus dos construcciones civiles más interesantes:

     El Pazo de Santa Cruz de Mondoi, ubicado en un alto que domina el último tramo del río Mendo y el Pazo de Paio, próximo a la interesante iglesia de San Pedro de Oza y que habitó el poeta Salvador Golpe, gran relator de cómo penetra en la naturaleza el sol de primavera:

     “Viene el sol tan bajo, alcanza tan poca altura sobre el horizonte, que las cocinas se llenan de una luz que alimenta… Y los dormitorios de una luz que acuna… Y los salones de una luz que acompaña…

     Es una luz hecha para vivir con las mujeres y los hombres de Galicia… Una luz que no se encuentra en ningún otro lugar del mundo…”

EL MENDO

     Porque Oza dos Ríos es un refugio de luz en sus espacios naturales, cuando el sol de primavera se despereza entre la niebla que provocan sus dos ríos…

    La niebla es la cósmica juventud que envuelve un ambiente húmedo, pero cálido, que da origen a la Fraga do Rei, en Porzomillos, en donde tal vez esta misma tarde descansará sus energías del caminante…

    De este bosque parten las más sutiles fantasías que dan cuerpo a las viejas leyendas…

LA PRIMAVERA

    Y cuando este sol ordena de nuevo el paisaje, aparece ante ti, en San Pedro, el centenario “pinus nigra”, de anciana savia y energía plena, testigo de dos siglos de historia de este lugar amado.

     Pero el sentir poético de la vida libre, tan de este país, late cuando el horizonte nos descubre otro árbol sabio: el viejo sobreiro de piel áspera que da sombra a la Santa Cruz de Mondoi.

     Te quedarían aún los caminos del Mendo para beber más energía natural de Oza. Si sigues los rumores del agua, llegarás hasta Roibeira, donde el río recompone el paisaje en verde. Aquí renace la historia al atravesar el puente medieval, belleza que reflejan las ondas en el agua dulce y luminosa.

    Porque otra vez la luz primaveral alumbra entre los abedules…

    Siéntate ante el paisaje y goza el silencio mientras aguardas que el sol se harte de esta corta tarde, en este bello y secreto refugio de Oza de los Ríos.

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