PERSONAJES DE ROMERÍA

Siempre me entusiasmó el periodismo etnográfico, descubrir el porqué se hacen las cosas y quien las hace siguiendo tradiciones a veces ancestrales, impuestas por los usos y costumbres de un país con identidad propia,  de este mi país.

En los años sesenta hice una serie de reportajes sobre las romerías de Galicia en los que tuve la suerte de contar con las fotografías del inolvidable Antonio Gabriel, que era mucho más que un fotógrafo convencional de noticias. Fue quien me descubrió que el fotoperiodismo existía en la realidad y que, a veces, había que adaptar los guiones a la imagen que captas con una cámara fotográfica, de video o incluso de cine.

Antonio Gabriel además de arte tenía sensibilidad, era curioso en su trabajo y arriesgaba siempre que era necesario arriesgar. Y me arrastraba a mí, que estaba empezando el oficio, para que pisara descalzo ese camino de espinas que conduce al éxito.

La primera romería a la que fuimos Antonio y yo fue a la de los Milagros de Amil, en Moraña y,  a pesar de la cercanía a mí ya me pareció haber seguido la ruta de Ho Chi Ming, que no aquella “pista asfaltada” desde el Alto de San Antoniño, que servía para “acercar” el municipio a la capital de la provincia, Pontevedra.

Reconozco aún hoy y después de haber vivido mi profesión muy intensamente, que aquel trabajo tenía mucha enjundia porque participaba en la escena gente poderosa, vivíamos en los tiempos de aquel Franco que sacaban en procesión bajo palio y además el personal creía todos los cuentos que le contaban…

¿Cómo romper el mito de una virgen que no curaba nada y que sin embargo era una máquina de hacer dinero? Porque verás…

EL NEGOCIO DE AMIL

Mi primer shock sobrevino cuando entré en aquella iglesia y contemplé a una virgen con un manto de billetes de cinco mil, de mil, de quinientas y de cien pesetas… El segundo, a la media hora, cuando dejaron a la virgen sin un duro… Y el tercero, cuando salió en procesión y la gente le seguía colgando billetes para proporcionarle otro nuevo manto de dinero.

A aquella Nosa Señora la protegía la Guardía Civil, que también custodiaba la sacristía donde pude ver con mis ojos un saco lleno hasta los topes de billetes, con la complicidad de aquel poco católico agente…

—- O cura sácache millóns de pesetas na festa. Saca il mais nun día que a Iglesia da Peregrina de Pontevedra nun ano.

—- ¿E por qué lle teñen tanta fé? ¿Curou a alguén…?

—- Eu non sei, pero na miña casa cando alguén se pon mal vai o médico…

—- Bueno, polo menos sacan beneficios os dos postos…

—- Sí, sí… ¡Ti fala co cereiro!

A aquel buen agente, ya retirado, aún lo vi en las últimas fiestas del Apóstol, camino del Obradoiro, la noche de los fuegos. Se conoce que haber ido de fiesta en romería durante tantos años le obliga a acudir a las grandes citas a pesar de sobrepasar los ochenta.

Repasando mi documentación recuerdo que aquel hombre era de Extramundi, que me parece es parroquia de Padrón. Tenía un gran tenderete montado antes del recinto de la romería, el primero de otros tres que le seguían en fila. Estaba lleno de velas, velones, brazos, piernas, cabezas… todo de cera. Se llamaba Manuel

—- ¿Para qué sirve tanta cera, señor?

—- Para cumplir as promesas que lle fixeron a Virxe…

Contestaba sin mirarme, al mismo tiempo que atendía a sus clientes, mayormente señoras vestidas de negro de la cabeza a los pies. Pagaban “en metálico”, claro, y según la mercancía, allá se iban cincuenta, cien, doscientas, mil y hasta tres mil pesetas.

En una pausa, le dije…

—- ¡Que bó negocio ten vostede!

—- Xa, xa… Se non fora polo traballo que pasa un facendo os “vetos”, vindo hasta aquí e por outras cousas, claro que sería un bo negocio…

—- ¿Qué outras cousas?

—- Pois voucho dicer: o que hai que pagarlle polo puesto o cabrón do cura. I eso que me puxen xa na carretera, que non é dil…

Saqué la conclusión de que allí nadie levantaba un toldo gratis, ni siquiera la pulpeira de Carballiño, una señora mayor a quien acompañaba un hombre de su edad y una chica muy joven… Tampoco daban hecho! El chiringuito, bien montado, estaba lleno a las once de la mañana:  pulpo, pan de Cea y vino Ribeiro, por 80 pesetas.

—- A xente ten que comer e beber moito para pagar a cuota da festa…

—- ¿E quen a cobra?

—- Os curas…

—- ¿E pódese saber…?

—- Non, iso é secreto de sumario…

En esto que alguien me dice que allí sentado está, disfrutando de las “once”, un viejo ex sacristán de Amil que durante muchos años se dedicaba a colocar los billetes en el manto de la virgen.  Me senté a su lado con una de pulpo y un vaso de vino…

—- Seica vostede foi sacristán de Amil, ¿Non sí?

—- Fun hasta que me fixen vello…

—- ¿E a vostede que lle parece esta andrómena da virxe milagreira?

—- A mín non me parece nada…

—- Pero vostede tamén sacaría os seus cartos, daquela…

—- O que saca cartos e o Arzobispado, que desde aquí mandase todo para Santiago…

—- ¿Cantos cartos…?

—- ¡Moitos!

          Tras la copa de la sobremesa la gente se volvió un poco más locuaz  y aquel año de gracia de 1962, la Virxe Milagreira de Amil había batido todos los records hasta entonces: la recaudación, calculaban todos, se aproximaba mucho a los cinco millones de pesetas…

¡Y no encontré a nadie a quien “a Nosa Señora” le hubiese curado sus males…!

¿Sabes? En el año 20 del siglo XXI, la Romería de Amil sigue reuniendo a miles de ingenuas e ingenuos creyentes en los “milagros de la virgen”, que siguen pinchando con alfileres billetes de cinco, diez, veinte, cincuenta, cien, doscientos y hasta de quinientos euros… dependiendo del poder económico de cada “ofrecido”.

Si no me crees, lo tienes fácil… Vete a Amil el segundo domingo del próximo septiembre. Un guardia civil, un cerero, una pulpeira y un exsacristán, te podrán contar de nuevo este buen negocio del que el cura no quiere hablar… aunque salte a la vista y no suceda ningún milagro.

(5) Comentarios

  1. Los curas no son ricos pero los arzobispos sí y los cardenales ya te digo. Que os enseñe el pisito que tiene en Madrid el monseñor jubilado de Vilalba. Ese, ese que era tan facha.

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