PONTEVEDRA, LA CIUDAD ROMÁNTICA.

 

EL MAR, EL RÍO Y LA PIEDRA 

 

      Hay más allá de La Moureira y de los límites de Tambo, un mar por el que llegaban a Galicia los héroes mitológicos. Como Teucro, hijo de Talamón y Hesione, que vino desde Troya para fundar Pontevedra, según cuenta leyenda fruto de la imaginación literaria más antigua. 

      Ese mar baña tres distritos marítimos y cinco municipios, pero es el “Mar de Pontevedra”. Tiene su costa curiosas formas litorales que navegan veleros y embarcaciones de todo tipo.

      Es un mar que va y viene en busca de la fulgurante luz de la Ría hermosa para encontrar reposo en la luminosa  playa o en el gran puerto…

      Por eso Pontevedra es la capital de las Rías Baixas.

 

       Y el mar absorve al río. El Lérez de plata que casi rodea la ciudad tras seguir el trayecto verdescente que hace posible el sentir poético de la Tierra.

      El río crea, en su descenso desde el bosque, un paisaje de agua y de cien ribeiras verdes, hasta que alcanza la creatividad del hombre en el refugio deseado:

      En la Isla de la belleza que late en el corazón de los árboles, mientras los espejos del agua reflejan la esencia de la vida.

      Y bajo el puente de los pasos peregrinos, aún prolonga su estética de plata. Es el Pontus Véteris romano. Pontevedra es la Ciudad del Lérez.

    

       Mar y río son la emotividad. El puente que llaman del Burgo abre paso al embrujo de la piedra. Al encanto de una ciudad que cautivó a los románticos autores de uno de los conjuntos históricos más bellos de la península.

      La piedra es belleza  escrita en los templos construidos por los anónimos maestros canteros, también autores de los nobles pazos  de urbano señorío, de las fuentes que dan de beber a quien pasa y de las calles que paseamos buscando la vida saludable.

   

       Por esta perspectiva de agua y piedra Pontevedra es Romántica;  un lugar que habitan silenciosas musas,  con cielo de gaviotas marineras,  espejos de agua en calma, jardines de camelias y alma de piedra que da vida a la arquitectura del espíritu.

 PAISAJE DE MAR

 

       Desde el Monte del Lago que llaman de Cotorredondo se alcanza todo el mar de Pontevedra. Ese mismo mar que desde la “Ciudad Romántica” solo podemos imaginar…

       El Monte del Lago está tan próximo a ella que se puede ir cabalgando sobre el mismo horizonte para contemplar cómo llega la tarde en dos rías con dos islas.  En la de Vigo, San Simón, la isla de los poetas. En la de Pontevedra la illa de Tambo, donde ahora que no hay cañones cantan las nereidas.

       Al otro lado surge de la tierra el Castrove, el  Monte de las Secuoias.

       Desde él  contemplamos también este mar de Pontevedra y las playas de cinco municipios. Tambo tiene nueva perspectiva, y  nos llega de nuevo el rumor mágico del mar abierto. Cuando llegamos a la cumbre, el horizonte es infinito, solo interrumpido por el perfil de las Illas Atlánticas, el Parque Nacional.

       Pontevedra busca en los miradores próximos abrir de nuevo su ventana al mar, para contemplar como resplandece de oro en los atardeceres veraniegos.

 

 POSTAL MARINERA

 

 

 

     Hubo un tiempo en que los piratas asolaban la costa de Vigo y el Morrazo.  El Puerto de Pontevedra era entonces más seguro para los barcos de mercadorías y en él se embarcaban las principales para Flandes e Inglaterra.

    El vino, la lana y las naranjas hacían ricos a los Mareantes de la Villa, que llegaron a agruparse en el Gremio más antiguo. Como le fuese al Gremio así le iría a la entonces villa marítima. Los Mareantes fueron protagonistas del esplendor y de las crisis que vivió la que hoy es capital de las Rías Baixas.

    De aquellos Mareantes influyentes y económicamente poderosos a finales de la Edad Media  –hasta el punto de costear la construcción de la hermosa Basílica de Santa María– solo queda el nombre, adoptado por una de las cofradías religiosas de mayor significación pontevedresa.

 

      Hoy el Puerto tiene otra titularidad, es el Puerto de Pontevedra-Marín y así también se llama la Autoridad que lo preside y administra. Pudiera ser que los Mareantes de ahora sean los consignatarios de buques, que es sector muy profesionalizado el de la consignación de barcos.

     Pero el Puerto de Marín-Pontevedra cobra especial importancia gracias a su gran flota pesquera, que navega por los siete mares y por diferentes caladeros. Su Lonja es de las importantes de España y en ella se subastan las más sabrosas cigalas del planeta.

 

      Este mar de verano es azul  intenso cuando el cielo pinta claro. Y espejo mágico en el que se  miran lugares próximos de especial encanto. Embarcamos, que da gusto navegar. Vamos hacia el horizonte atlántico. Podemos ir desde cualquiera de los seis puertos que marca la guía litoral. Aunque mejor, de puerto en puerto para no perdernos nada.

     Las playas de la margen izquierda: Portocelo, Aguete, Mogor, Lapamán. Azules sobre azules en la arena y las huellas de pocos pies descalzos…

    Un paseo agradable y vuelta a navegar buscando la otra orilla: es de playa y pinar en Campelo, pero de hórreo pétreo y barrio marinero en Combarro. Hay que disfrutar toda esta hermosura, declarada monumento nacional…

     Combarro tiene magia y treinta hórreos mirando al mar. Sus calles te atrapan por su encanto.

      PAISAJE DE RÍO

 

 

 

 

      Los ríos de la proximidad imponen la ruta que nos llevará a conocer los lugares más atractivos de la Pontevedra verde, por una de las romanas vías antoninas, por el medieval Camino de Santiago y muy cerca de paraísos poco conocidos, incluso, para quienes habitan en la capital.

      El Lérez busca su ciudad desde Cerdedo, atravesando fragas espléndidas, bajo puentes que fueron romanos y contemplando desde el valle la colina de Pedre, que es piedra de hórreo y un singular conjunto etnográfico.

      Cobra el río un especial valor natural en Bora, donde es coto truchero y salmonero.

      Desde aquí, el camino verde sigue el curso del río por el antiguo Balneario hasta llegar a Monteporreiro, ahora parque de la nueva Pontevedra.

 

     Seguiremos también los pasos del peregrino que llega por el Camino Portugués de Compostela, que tiene su más singular paisaje en el lugar de A Canicouva, la vieja verea en donde se halla el cruceiro de Cacheiro y los restos de la Casa de Postas.

     Buscando los lugares históricos, el Camino nos trae hasta Pontesampaio, que es también núcleo de población al pié del Verdugo, río que aquí anchea y se engrandece.

     En el puente, los héroes del Capitán Morillo vencieron al ejército de Napoleón con un simple cañón de palo.

     Siguiendo las veredas del Verdugo, a pié de agua, se suceden los pequeños paraísos naturales provocados por el río que da origen a la Ría de Vigo: En el municipio de Soutomaior, Comboa y sus pequeñas playas fluviales, sus parques y su puente medieval. Y ya en el municipio Pontecaldelas, cascadas como las de A Roca y fragas de ribeira de gran belleza y encanto naturales.

      Y aunque parezca mentira, estamos a diez minutos de la Virgen Peregrina, epicentro urbano de Pontevedra.

 

       Junto al río crece una nueva Pontevedra para pasear que se inicia en la Moureira de los Mareantes  y pasa de inmediato bajo el Puente de la Barca. Paseando, podrás entretenerte contando los barcos modernos amarrados en el los pantalanes del Puerto Deportivo, que es de agua dulce. Tendrás tiempo para admirar el edificio del Archivo Histórico Provincial y la vieja Casa de los Fonseca, antes de llegar al puente del Burgo y  a la nueva Plaza de Abastos.

      Al otro lado del río, la cultura y el deporte abrazan nuevos espacios. La cultura tiene Pazo moderno al lado del Lérez, justo al lado del Recinto Ferial, donde se celebran las grandes muestras de Pontevedra, incluida la gran pasarela gallega, la Pontus Veteris.

      Desde este complejo el Lérez se muestra más urbano. Si sigues caminando por la margen derecha podrás saludar en su capilla del Santiaguiño do Burgo, al pie de la Ruta Xacobea. Y también podrás conocer el gran Parque de A Xunqueira.

      Pero te espera aún la ciudad más antigua.

 PAISAJE DE PIEDRA

 

 

 

 

    “Pontevedra e boa vila. Da de beber a quen pasa. A Fonte da Ferrería e San Bartolomé na Praza”.

     El viejo refrán no es más que el canto popular a la generosidad pontevedresa, porque en esta hermosa y romántica ciudad solo habitan los “bós e xenerosos”, que te invitan, no solo a beber en sus fuentes, sino a disfrutar de la historia en la sinfonía de piedra de sus calles y plazas.

   

      Pero, antes de nada, entremos en el Museo de Pontevedra, uno de los grandes de España y por supuesto un gran clásico.

     Del Museo de Pontevedra emana una de las más importantes fuentes de la investigación cultural de Galicia desde hace más de 75 años. Hoy sus fondos bibliográficos son documentación al alcance de gran número de investigadores.

     Entre ellos destacan los archivos y las bibliotecas de Antonio Odriozola, del Conde Bugallal, de Osorio Tafall y del que fuera su director, Filgueira Valverde. Pero en total el Museo cuenta con 150.000 volúmenes que reúnen lo esencial de la cultura gallega.

    Esto, en dos edificios que respetan la trama histórica de la ciudad romántica, pero de líneas modernas en su interior, y una excelente dotación de nuevas tecnologías al servicio de la historia aquí custodiada.

 

(Foto de Juan Carlos Asorey)  https://www.flickr.com/photos/carlinhos75/3418676687/in/photostream/

 

Pero toda esta ciudad romántica que hoy nos sorprende, esta Pontevedra de interés histórico-artístico, es un Museo. Por su arquitectura antigua y por sus calles empedradas. Algunas con bellos soportales protegiendo la entrada de singulares edificios y casi todas con final en una Plaza hermosa cargada de historia.

     Las ruinas de Santo Domingo están próximas al edificio modernista de la Casa Consistorial en la Plaza de la Constitución. Muy próxima al ayuntamiento, la Basílica de Santa María es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura gallega renacentista.

     La Casa del Barón está cerca de la Basílica. Es un edificio romántico del siglo XIX convertido en Parador de Turismo. En la Plaza del Teucro se ubican los Pazos de Montenegro, San Román, Aranda y Guimarei.  La Plaza de Mugartegui está presidida por el Pazo del mismo nombre recuperado para la Cultura. Un poco más allá, la Iglesia de San Bartolomé es otra bella muestra de la arquitectura religiosa románica. Y cerca de ella, la emblemática Plaza de la Leña, así llamada porque en ella se vendía la leña para cocinar. También residencial, destacan en ella los pazos de García Florez y el de Castro de Monteagudo.

 

    Pero será en la de la Plaza de la Herrería –así llamada porque era donde trabajaban los herreros antiguamente-, en donde encontremos el más singular conjunto arquitectónico del casco histórico pontevedrés:

     Entre los edificios que la rodean destaca el del Regidor, del  1.536. El templo del convento de San Francisco, del siglo XIV, gótico. Junto a ambas edificaciones, en los Jardines, la romántica fuente “da de beber a quen pasa”.

     Y justo al lado de la Plaza de la Herrería aparece el santuario de la patrona de la ciudad, la Virgen Peregrina, construido en el siglo XVIII, con acusados estilos barroco y neoclásico, y planta circular en forma de vieira.

 

       Por fin la noche derrota en la Ría  la luminosidad de los rojos  atardeceres y aquí, en la Ciudad Romántica se enciende la luz del bullicio, que es para todos la luz del placer.  Es cuando los neones anuncian los juveniles espacios y brilla especialmente el agua de la fuente, eterna postal de los más románticos que buscan la luna llena sobre el techo de la ciudad.

     En el territorio humano no hay prisa, que las distancias son cortas y este es un espacio para caminantes.

    La noche, además, es calma y nos convierte en peatones  fugitivos y solitarios por las calles de piedra, bajo los soportales.

    Los viejos edificios encienden sus luces de pasión y son más admirables aún a medida que rompen las sombras.

    Abajo, junto al Lérez, puentes de colores despiertan otra vez los sueños.

 

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