PONTEVEDRA MARINERA

Desde la marinense playa de Aguete, vestida hoy de desierto otoño, el mar viene y va a los fulgurantes lugares de esta ría, creando espirales de azul, mientras el sol ya tenue quebranta la sombra.

El paisaje hermoso se extiende hasta donde el océano se funde con el río, que casi rodea la ciudad, fundada por Teucro, mitológico héroe troyano, hijo de Talamón y Hesione.

Una romántica leyenda cuenta que hasta aquí llegó guiado por la bella nereida Leucoiña, de la que se enamoró cuando nadaba en aguas de Rodas, la playa de las antiguas Illas Ficas.

Los héroes mitológicos forman parte de los legendarios orígenes de Pontevedra, ciudad marinera porque es cuna de ilustres marinos y porque su germen es la ría que comparte con Marín.

EL RÍO

Pontevedra es la ciudad del Lérez. Porque  se mira en el espejo de su río tras la recuperación de sus espacios naturales y de sus aguas. Ahora, dicen, es más puro y baja limpio en su trayecto más urbano.

Tiene el río pontevedrés espacios hermosos para pasear el otoño, entre Ponte Bora y Monteporreiro, cuando atraviesa la flora magnífica, en medio de recuerdos termales y algún puente colgante que espera de nuevo al pescador de truchas.

Entre Monteporreiro y el mar, el agua refleja los puentes del pasado y los de la modernidad. Cada uno con sus historias y sus leyendas.

También el río bebe en las fuentes de la cultura, en la isla del arte y en el Palacio de moderna arquitectura, que casi enfrenta la Plaza de Abastos, epicentro del día a día de las amas de casa.

Antes de fundirse con el mar, el río protege en su puerto a las embarcaciones deportivas que han de surcar la ría.

Y cuando pasa bajo el Puente de la Barca, comienza el rito de la fusión de las aguas dulces y las saladas… en el hermoso lugar dónde se inicia la Pontevedra marinera.

EL BARRIO

La Pontevedra monumental, que se agrupa en torno a la Plaza de la Herrería, la que preside el monasterio gótico ojival de San Francisco, podría ser un buen punto de partida para admirar una ciudad de piedra que desemboca siempre en el paisaje de su río o de su ría…

Por eso tiene mucho de marinera, aunque el recorrido que proponemos sea corto por las distancias. Pontevedra es singularmente una ciudad peatonal.

Cuando admiremos el mejor ejemplo de la arquitectura renacentista gallega, la Basílica de Santa María, estaremos ante la mejor muestra de la devoción mariana marinera, que este es templo construido gracias a la generosidad del Gremio de Mareantes.

El Gremio fue sin duda el más influyente de la historia de la capital, y aún hoy sobrevive esta organización, que tiene sede social en el antiguo barrio. En A Moureira.

Así se llama el antiguo barrio marinero de Pontevedra que conserva el encanto del pasado en sus viejas calles y en las construcciones de siglos pasados, cuando los muelles de As Corvaceiras estaban en pleno apogeo.

El barrio se estira con el río Lérez, a sus orillas, hasta que este se convierte en ría, desde donde Tambo nos anuncia los nuevos tiempos del puerto de Pontevedra que ahora es el Puerto de Marín.

LA RÍA

El otoño refleja en la ría una luz muy especial, que el sol es más tímido y vuela bajo, como el cormorán.

Tambo marca la ruta, que es imposible perder de vista esta isla encantada, a la espera aún formar parte del Parque Nacional de las Illas Atlánticas, una vez que la Marina ha dejado de utilizarla para prácticas militares.

Pero mejor admirarla desde las playas de Marín. Desde Aguete, que es puerto deportivo. Desde la solitaria Mogor. Y desde Portocelo, la más próxima a la ciudad naval.

También hemos de cruzar la ría para conocer la otra orilla y  disfrutar de un largo paseo por Lourido, la playa de Poio, al mismo tiempo,  que  vemos como pasan los barcos por el horizonte, entre las Cíes y Ons.

Finalmente, nos quedamos contemplando la ría y disfrutando de Combarro, el mas marinero de los pueblos marineros de este mar.

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