PORTAS, ZONA RESIDENCIAL

Donde comienza el Valle del Salnés termina la sierra prelitoral pontevedresa. Entre ambos, hay un paisaje ondulado, encabalgado en pequeños montes y colinas, típico de la Galicia interior, en el que se asientan medio centenar de pequeños pueblos.
En cualquiera de ellos bien se ve como el vino es el elemento esencial de Portas, a mitad de camino entre la Compostela universal y la Pontevedra romántica.
El Umia es el gran río y a él debe este territorio la fertilidad de sus tierras y sus mejores espacios para el ocio. Lo natural es lo bello y la historia está escrita en múltiples edificios civiles y religiosos.
Aquí la Ruta Xacobea portuguesa pasa por Briallos, donde la capilla de Santa Lucía saluda al peregrino, tras cumplir uno de los mas plácidos y bellos recorridos del camino, desde Ponte Valbón.
Dicen que la mitad de los habitantes de Portas está aún fuera del país, pero hay otra mitad que ha venido a vivir en este municipio sereno, en el que reina la placidez y el sosiego, de ahí su actual carácter residencial.
Ya no encuentras aquí gente con vocación de emigrante.

El Umia es el Gran Río

Sin embargo los paisajes son los primigenios, los del más puro bosque autóctono. Desde los montes de Rabuñade, Moraza y Cavada, verás el valle del Salnés y las grandes plantaciones de Rías Baixas. Y a orillas del Umia, la primavera mirándose en el espejo del río.

Entre uno y otro trayecto, la naturaleza y el agua rodea las aldeas y los pueblos, porque no hay sitio en Portas por donde no pase un pequeño regato en el que beber agua pura y cristalina, el signo más evidente de la vida.

Como esta es hoy la cuna de los afamados albariños, bien merece la pena que nos metamos en una bodega a probarlo, que el de este año debe de ser excelente.

De aldea en aldea, te salen al paso hórreos, palomares y cruceiros. Son producto, tal vez, de la abundancia de pazos.

Pero la belleza está al lado del río. Del Umia, que fertiliza el valle, engrandece su paisaje y pone sosiego a cualquier tarde primaveral que nos propongamos pasar aquí.

La playa fluvial espera el verano, ya próximo, y aquí el río es el espejo de un entorno magnífico.

Aunque tal vez tenga más interés, por su historia, el enclave de O Corruncho, en Lantaño. Es un lugar hermoso para el relax, en el que un viejo paso de piedra nos recuerda la existencia de un puente al que algunos historiadores atribuyen origen romano.

Dicen que su industria fue muy importante y ahí queda, para la historia, la chimenea de la vieja azucarera, chimenea que en su día fue la más alta de España.

Todo un símbolo

Portas tiene solo cinco entidades parroquiales. Además de la capital del municipio, Briallos, Currás, Lantaño y Romay. Cada una de ellas tiene lo suyo y todas en común, en la modernidad del siglo XXI, un carácter más residencial que laboral, aunque el vino complementa economías y la práctica agrícola sirve para el entretenimiento y el autoconsumo.

Hace algunos años, la mitad de la población buscó otros horizontes pero en la actualidad las buenas comunicaciones permiten trabajar en las ciudades y en los polígonos próximos, ya que no se tardan ni quince minutos en llegar a las ciudades de Pontevedra, Santiago o Vilagarcía. Por carretera o por autopista.

Este carácter residencial lo tuvo Portas siempre, porque por su geografía se esparcen las casas nobles más antiguas. Por ejemplo, el Pazo de San Bieito, del siglo XV al igual que el de Outeiro, en la zona de Lantaño. El Pazo do Souto de Poio, del siglo XVI, reformado una centuria después. El pazo torre de Penelas, otra buena muestra de este tipo de edificaciones. Y yo destacaría, también, la Casa Grande de A Peroxa, que aún dispone de torre y capilla.

Sobresale la iglesia de Santa María de Portas, de origen románico, datada en 1180, como se aprecia en una de sus paredes. En su interior conserva un interesante retablo barroco del siglo XVIII.

Iglesia de Santa María de Portas

Portas, la capital municipal, se ubica a lo largo de la carretera de Pontevedra a Santiago y hay dos buenos motivos, además de los expuestos,  para pasar unas horas en el municipio. Su rica y variada gastronomía, de la que hacen gala sus buenos restaurantes, como por ejemplo O Chiado dos Latorre.

Merecerá la pena que pruebes viandas y vino cualquier fin de semana, después de admirar tanto el arte en piedra como los espacios naturales.

Si vienes el 11 de julio a Lantaño San Benito te curará las  verrugas y podrás ser testigo de viejas tradiciones, como la subasta de gallos.

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