PORTO DO SON

UN CREPÚSCULO EN EL ALMA

 

      Este trayecto es también de mar.  Desde el Faro de Punta Insua, límite de Riveira, te invito a buscar los espacios humanizados del municipio de Porto do Son, que vive ya el final del verano 2012.

      Un castro nos recuerda el pasado; playas de ensueño hablan de su vocación turística; y dos puertos concentran su tipismo marinero.

 

        Al doblar la punta atlántica que llaman Celta la fúlgida luz del verano ciega la playa, que ya será toda una, en esta orilla tranquila, junto a los lagos donde enraízan flores y juncos.

         Si navegamos esta ría de ensoñadora placidez , bordeando la costa en busca del Faro de Punta Insua, vemos como el mar concentra su belleza en los vibrantes espacios humanizados…

         Villas que crecen desde las azules aguas y recogen su bien y su beldad… Puertos llenos vida donde cantan marinos de alma errante…

        Porto do SonPortosín. Lugares para el descanso… Rincones fulgurantes de violentos contraluces…

         Villas nacidas en la prehistoria y marineras como la brisa de este mar fecundo  cuya historia de cada día la escribe el sol en ese instante en que todo brilla con profunda intensidad y misterioso florecer sobre el agua.

        Por eso quienes aquí habitan llevan un crepúsculo en el alma…

   Posiblemente sea la belleza de este mar y de esta costa la que despierte el sentir mágico de las cosas; el que da origen a legendarios escritos nacidos, incluso, a la sombra del Imperio. Porque es al romano Plinio y a su imaginación a quien debemos buena parte de las leyendas surgidas a pié de agua, en esta Ría…

    Que dice Plinio en su crónica, como navegó por este mar y tras aquel diluvio, Noé, el Patriarca, acompañado de su hija Arnoia,  a quien dedicó la villa más poderosa de la comarca, Noia.

   Legendario relato este, que contrasta con la historia del Castro que preside el paisaje de Baroña, habitado de muy antiguo por los “presamarcos”, la tribu celta dominante de estas tierras…

    Castro-poblado y castro-vivienda, pero también fortaleza que protegía entonces un sistema de vida. Es el monumento nacional de la modernidad.

     Los cronistas del mar vieron en estas playas de O Son a piratas portadores de  tesoros. Los escondían en cuevas que llegaban desde O Fonforrón a Montemuiño.

     Contra los bucaneros lucharon Caballeros cristianos, benefactores que se distinguían porque erigían cruceiros como testimonio de sus victorias.  Así se pueden contemplar hoy en Laranga o en Noal, cruceiros únicos conocidos como “de capilla o de Loreto”.

 

      En Montemuiño la imaginación deja escuchar aún el canto del gallo que dicen vigila ocultos tesoros en las cuevas piratas…

      Porto do Son es una pujante villa marinera a la que tampoco faltan atractivos. Aquí todo gira en torno a su puerto y a su flota. Tiene lonja  y de ella sale pescado y mariscos para los grandes mercados nacionales.

       Y es también la capital de uno de los más atractivos municipios de cuantos se asientan en esta Ría. En el casco urbano merece la pena conocer, además de las viejas calles con sabor marinero, la vieja casa consistorial, convertida hoy en un museo, con un magnífico centro de interpretación del castro de Baroña. También la Casa de la Cultura, en donde podemos admirar una muestra del arte de Alfonso Costa.

       Y todo esto, con el telón de fondo del paisaje marinero y  su estampa más típica: la de su puerto,  sobre todo en la hora en que retornan las embarcaciones de bajura

       Portosín es también puerto pesquero, pero sobre todo villa turística desde la invasión romana… Su propio nombre –y según algunos historiadores- proviene de Portos Sinus, una villa romana aquí ubicada.

       En los últimos tiempos Portosín sí es la playa de Compostela, ya que se ha convertido en el centro de veraneo favorito de los santiagueses. Aunque el turismo tiene aquí muy diversas procedencias, atraído por su benigno clima, por sus hermosas playas y por uno de los mejores puertos deportivos de toda la costa gallega.

       Su configuración urbana es especialmente bella y en sus calles descubrirás un excelente comercio para atender la alta demanda de los meses veraniegos. Tampoco faltan los espacios verdes y las infraestructuras para el ocio, que complementan sus encantos naturales.

       Punta Aguieira es uno de los lugares más envidiados: allí se reconvirtió una antigua fábrica de salazón en privilegiada residencia de verano.

       Esta punta marca el inicio de la playa de Cedeira, que no es más que la continuidad de los hermosos arenales de Langaño y el de Coira, la playa urbana de Portosín.

       El municipio de Porto do Son tiene 93 kilómetros cuadrados de extensión, lo configuran diez parroquias y habitan en ellas 10 mil personas. En verano, la población se multiplica por cinco.

      La mayor parte vive en las parroquias costeras, pero en el interior, Porto do Son tiene encantos a veces ignorados y a veces aún por descubrir…

      En Muro y en San Pedro, por ejemplo,  puedes conocer dos bellas lagunas,  verdaderos espacios naturales para disfrutar. En Muro, la laguna se llena de nenúfares en primavera, todo un espectáculo…

     Otro impresionante espacio natural es el de la playa de As Furnas, de triste recuerdo para quienes conocemos la historia de Ramón Sampedro. Muy cerca encontramos un curioso puente, que conserva un arco medieval…

      Y si subes hasta Ribasieira, siguiendo el curso del río Sieira, descubrirás una cascada poco conocida por el turismo convencional.

      Pero lo que no puedes perderte es la ascensión hasta el monte Enxa, en donde se ubica el Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo…  Es sin duda, la gran atalaya de este mar y los atardeceres son todo un espectáculo.

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