PRIMPERÁN

Por Jorge Bezares

Como todo españolito, estoy recluido en casa. Afortunadamente, en mi caso, no estoy solo: mi mujer, mis tres hijos y mis dos perros me acompañan en este confinamiento. Una multitud muy llevadera, sin entrar en detalles.

El bichito de los cojones no se ha colado en nuestro castillo, pese a que mi mujer tuvo fiebre varios días y yo pasé una semana larga con el cuerpo cortado. Ya saben, como aquel Papa que no se levantó muy católico.

Para que los días no me devoren eludo todo lo que puedo la televisión, la radio (menos los espacios musicales) y las redes sociales. Veo muchas pelis del Oeste y reportajes de naturaleza, con mucho Mountain Men a todas horas. Eso de salir con los perros de Rich Preps detrás de un puma me pone.

No soporto esas tertulias repletas de periodistas que parecen especialistas en infecciosos o directamente epidemiólogos de la OMS. Y que, al final, tienen como objetivo echarle la culpa a Pedro Sánchez. El 80% ofrece ese diagnóstico después de reflexionar sobre la inoportunidad de la ‘mani’ del 8-M. Es evidente. Pero de la desbandada de los madrileños antes del estado de alarma y el saqueo de la sanidad púbica madrileña ni pío.

Lo de Eduardo Madina en Hoy por hoy, de Angels Barceló, es tan redondo que, cuando termine esta bestial crisis sanitaria, le van a dar el Nobel del Quintacolumnismo o quizás una Gaviota de Grana y Oro.

No lo van a echar del PSOE y de la izquierda, él se está yendo parrafada a parrafada, siguiendo los pasos de Joaquín Leguina, José María Fildalgo o José Luis Corcuera, que están en esas emisoras inmundas que sangran por las heridas y que propagan mentiras, bulos y medias verdades a golpe de estornudos.

Y creando, claro, una gran desafección a este tramo horario de la Cadena SER, donde el desierto se está comiendo la campiña a la velocidad de la estupidez, que es superior a la de la luz.

Bueno –y nunca mejor dicho-, yo hace ya tiempo que me pasé con armas y bagajes a las noches hertzianas por afecto y en la legítima defensa que nos asiste a los oyentes. En cuando al ejercicio comparativo del oficio gramo a gramo, no hay tampoco color, corazón.

Oye, por cierto, no nos rasguemos las vestiduras por las preguntas de la rueda de prensa al actual Gobierno por favor. No hace mucho teníamos que tragar a Rajoy en plasma y al tal Montesinos preguntándole el primero a Soraya Sáenz de Santamaría esa pregunta que la vicepresidenta siempre estaba encantada de responder. Ahí está el gachó, con un carguito en Génova. Ni pío dijo nadie en aras de la libertad de expresión y la decencia periodística.

Ya puestos, acordémonos de los periodistas que lo están pasando canutas. No tropecemos de nuevo en nuestro propio culo, como en 2008.

Volviendo al turrón: pero a los que eludo en los medios como si fueran comandos de coronavirus son a los chicos de las derechas. Los del PP se superan cada día que pasa, con Casado arremangando e emulando a Pedro Sánchez frente a un pantallón dando instrucciones a presidentes autonómicos, alcaldes, concejales y comisionistas. A mí me recuerda las películas de la NASA, pero con un toque de Aterriza como puedas.

El objetivo es ver si alguien es capaz de superar en calidad y cantidad de burrada por metro cuadrado (nueva unidad de proselitismo) a Álvarez de Toledo o al lanzador de huesos de aceitunas del Opus, Teodoro García Egea, que son los campeones olímpicos en bocados al cuello y patadas en las espinillas.

En los últimos días, José Antonio Monago, el hasta hace nada y menos comandante en jefe de Iván Redondo, se ha ganado un viaje al Infierno (Écija, por lo de la sartén) para dos personas tras acusar públicamente al Gobierno de ocultar el número de muertos por la rusca.

La estrategia del PP recuerda la que empleó en tiempos de Aznar –sí, el de Marbella y que os den por culo- el 11-M, cuando llegó a la conclusión de que si era ETA, Rajoy arrasaba, y si eran los islamistas, ganaban ZP y Rubalcaba.

Ahora, da la sensación de que si cada día vamos a peor -mas infectados, más muertos, menos respiradores, menos mascarillas, menos tests, etc.-, Pedro Sánchez se va al carajo en pocas semanas (alguna escribana del PP ha pedido auxilio a los jueces afines; es decir, a falangistas y franquistas, para que tiren por la calle de enmedio), y Casado, presidente bajo palio.

Y si la crisis se supera más pronto que tarde, pues el Gobierno de izquierdas resistirá esta y otra legislatura más. Un desastre bíblico.

De ahí las prisas de los últimos días, con la patronal poniendo la caldera del descontento popular (¿?) a tope. Y la ATA, que no es una película de Almodóvar sino una asociación de autónomos afín al PP entre café, copa y puro, echando más madera. La pasta es la pasta, ¿no? ¿Principios? Un carajo: la combebencia es la combebencia.

En Ciudadanos, la posición de Arrimadas depende por dónde suplen los vientos políticos. Lo mismo se presta para aprobar los Presupuestos Generales del Estado, que se retrata de nuevo con el trifachito en posición de saludo. La alargada figura de Rivera. Riverita, que reapareció el otro día con una gilipollez en modo de tuit contra Pedro Sánchez (Ramón Lobo lo puso en su sitio), no la deja disfrutar de la vida. En eso, que te vaya bonito, paisana.

¿Y Abascal? El gachó quiere llevarse directamente por delante a Pedro Sánchez y montar una Junta Militar de expertos, cabos furrier o algo por el estilo. Con tal de que se deje acompañar de un buen bando y una buena banda, el resultado de la operación le da igual: que los anticuerpos españoles de Ortega Smith, Pecho Lata, derroten al coronavirus chino, por tanto rojo, por tanto podemita, por tanto socialista, por tanto de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Pura lógica.

A mí, los representantes de esta unidad de destino en lo universal me gustan cada día menos. Bueno, no me han gustado nunca. La España que representan -facha, mentirosa, ratera, desleal, insolidaria, xenófoba- solo me dan arcadas.

Afortunadamente, hay otra España, la que está llena de personas normales, esperanza, amor, besos, lágrimas de alegría, sonrisas, ilusión, palmas y resistencia, que es puro Primperán.

PD: Escribo este artículo para dejar claro que, como muchos españoles, estoy a muerte con el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, como en 1936 mis abuelos y mis padres estuvieron con don Manuel Azaña.

Jorge Bezares

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *