QUE TRATA SOBRE LO IMPÚDICO

Familiares de víctimas de la guerra civil española en el camposanto de Paracuellos del Jarama. 1947.

Por Carlos Penelas

Por fortuna no tengo que dar muestras de una formación republicana. En mi hogar se señalaban los crímenes del franquismo, del fascismo, del estalinismo. También se hablaba de la demagogia, del populismo, de la nefasta imagen de los gobernantes. De corrupción, engaño e intolerancia. Se hacía hincapié, se resaltaba, la grosería, las masas que seguían ciegamente a líderes que levantaban el índice y la voz en nombre del pueblo, la libertad y la igualdad. Todo eso y mucho más lo viví en mi hogar. Un hogar, reitero, de inmigrantes españoles – gallegos – donde la ética, el trabajo y el estudio eran la base del ser humano. Donde se hablaba de belleza, de integridad, de decoro. Y de humildad.

Hace unos días, cenando en la casa de un amigo, uno de los invitados – hombre de trascendente trayectoria en el justicialismo, un abogado de unos 85 años – señaló en un momento que “el peronismo es una cuestión de fe”. Ahí fue cuando le pregunté:

—- ¿Cómo en la religión? Se cree o no. ¿Creemos o no en la virginidad de María?

—- Es así, querido amigo, es así.

Respondió sin vacilar. Y continuó con anécdotas tercermundistas y la edad de oro del proletariado. Sin nombrar las vinchas ni los bombos ni las cachiporras. Y mucho menos la Carta del Lavoro. Educado el hombre.

Mi padre y mis hermanos mayores nombraban a grandes poetas españoles o italianos, creadores o pensadores que fueron perseguidos, fusilados, encarcelados. Del exilio, de miles de hombres y mujeres que debieron exiliarse por razones políticas o por hambruna. No deseo repetirme, lo escribí, lo hablé en cursos, en entrevistas. Formé parte de diversas comisiones de homenajes de muchos de ellos.

Pero también, lo recuerdo bien, se nombraba a seres olvidados por pertenecer a otra ideología, a otra forma de ver. Qué duda cabe que el fusilamiento de García Lorca fue una canallada, un horror y un símbolo de la brutalidad y la enajenación de lo peor de la derecha, del clero, de la burguesía reaccionaria. Pero también se hablaba, y se lo leía, a Wenceslao Fernández Flórez. Y me llegaban los nombres de Ramiro de Maeztu, Manuel Machado, Ignacio Zuloaga, Gregorio Marañón, Gerardo Diego. Hoy vamos a recordar a uno de los nombrados, autor que no es de mi preferencia, pero eso no importa. Nos referimos a Pedro Muñoz Seca.

Pedro Muñoz Seca.

Muñoz Seca perteneció a la Generación del 14 o Novecentismo. Para Sainz de Robles era el «fénix de los ingenios del siglo XX». El gran don Ramón del Valle-Inclán lo definió de esta forma: «Quítenle al teatro de Muñoz Seca el humor; desnúdenle de caricatura, arrebátenle su ingenio satírico y facilidad para la parodia, y seguirán ante un monumental autor de teatro».

Escribió sátiras contra la República, fue monárquico y católico. Se burlaba del comunismo y de las teorías sobre la igualdad. Colaboraron con él, entre otros, Enrique García Álvarez, Azorín, Enrique García Velloso…

Cuando se inició la Guerra Civil Española estaba con su esposa en Barcelona por el estreno de La tonta del rizo, que tuvo lugar la noche anterior al estallido. Fue detenido por milicias anarco-sindicalistas que dominaban la ciudad condal, en la casa de un actor que le había aconsejado abandonar el hotel en el cual se había alojado. Fue trasladado a Madrid y encarcelado en la recién creada cárcel de San Antón (establecida en esos mismos días en el antiguo Convento de San Antón); su esposa fue puesta en libertad ya que era ciudadana cubana. Fue fusilado el 28 de noviembre de 1936.

Vamos a reiterar la anécdota que pasará a la historia. Son sus últimas palabras. 
—- Podréis quitarme la cartera, podréis quitarme las monedas que llevo encima, podréis quitarme el reloj de mi muñeca y las llaves que llevo en el bolsillo, podéis quitarme hasta la vida; sólo hay una cosa que no podréis quitarme, por mucho empeño que pongáis: el miedo que tengo.

Sabemos que fueron momentos difíciles, tensos, violentos. Sin racionalidad, como en un acto religioso, como la religión, como un fanático religioso. Pero veamos, es sumamente interesante, un documento que se publicará años después de su muerte. 
“…Una vez llegados a Paracuellos, donde los vecinos han sido reclutados como sepultureros por la fuerza, son ejecutados al pie de las fosas. Una maquinaria bien engrasada que se prolongará durante casi un mes salvo un periodo de excepción: el del nombramiento del anarquista Melchor Rodríguez como responsable de Prisiones. El dirigente ácrata consigue poner fin a la masacre durante unos días, entre el 9 y el 24 de noviembre. Pero las presiones ejercidas llevan a su cese y a retomar las matanzas. La sombra del Partido Comunista se va perfilando cada vez más en las decisiones”.
Vemos territorios superpuestos, luces y bambalinas, personajes pusilánimes o moderados, nidos de mafiosos y sanguijuelas, fachadas, perseverancias, claudicaciones y oportunismo. Eso es en gran parte la política, plena de cortejos, degradaciones, bandos y desguace de bienes. Tratemos de no confundirnos, de no sentir que lo ideológico es un acto de fe. Lo religioso con lo ideológico siempre nos acerca a una suerte de inquisición, laica o beata, con sangre o censura, con muerte o exilio. Por favor, no seamos desvergonzados.

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