¿QUIÉN ME HA ROBADO EL MES DE ABRIL?

Por Rafael Permuy López

Perdonadme que parafrasee al maestro Joaquín Sabina, pero a mi familia y a mí nos han robado—también matado—, el mes de abril.

Desde hace diecisiete años, este fatídico mes llega para recordarnos una dolorosísima e irreparable pérdida. José Couso Permuy, mi querido sobrino, nos fue arrebatado de una manera cruel e inesperada, cuando cumplía con su deber, informando sobre la guerra de Irak, desde su habitación del Hotel “Palestina” de Bagdad, el 8 de abril de 2003.

Digo bien que lo mataron de forma cruel e inesperada, puesto que fue asesinado por las tropas estadounidenses.

Como militar profesional que soy y como periodista, hubiese llegado a entender que, durante un fuego cruzado, José hubiera sido alcanzado por un disparo, un proyectil de artillería, hubiese pisado una mina, o algo similar. Serían los gajes del oficio, inherentes a la labor de un informador de guerra. Lo hubiésemos llorado—como no—, pero no tendríamos esta desazón que nos invade continuamente a los familiares más cercanos, así como también a los amigos y compañeros de profesión que nos apoyan, en la incesante búsqueda de la JUSTICIA, que exigimos constantemente.

17º ANIVERSARIO DE UN CRIMEN DE GUERRA

Por ello, reprocho a todos aquellos que han colaborado, de una manera u otra, en la “muerte y rob” de este de abril, al margen de los autores materiales del asesinato de José.
Reprocho, en primer lugar, a los sucesivos gobiernos de mi país, de cualquier color político, que, en vez de defender a uno de sus conciudadanos asesinado, ayudaron a “torpedear” la causa judicial, maniobrando entre bastidores con el gobierno de los Estados Unidos. Ver los Papeles de Wikilis. O legislando para impedir que haya Justicia Universal en España.

En segundo término, acuso a la Fiscalía General del Estado, que presume de “independencia”, y que más que velar por el cumplimiento de las Leyes vigentes, se convirtió en la abogacía defensora de los asesinos y fue a rendir pleitesía a USA. Afortunadamente, el Tribunal Supremo, les puso en su lugar, en su día, rebatiendo jurídicamente su penosa actuación. Pero no, ellos no tienen ninguna vergüenza.
En tercer lugar, también acuso a muchos compañeros de profesión de José Couso, que se apartaron del caso, porque ya “no era noticia” y no tenía utilidad alguna para ellos. Afortunadamente, hay también muchas honrosas y admirables excepciones. Ahí continuamos, amigos periodistas defensores del derecho y el deber de una información veraz.

El cuarto lugar del reproche lo ocupan muchos uniformados compañeros míos —que no amigos—, los cuales, no es que se colocasen de perfil, si no que negaban “la mayor” y me dieron siempre la espalda. Alguno de ellos llegó a decirme:
—– No existen balcones para ver la guerra…

A lo que respondí:

—- Pues claro que no, pero mi sobrino era un periodista, protegido por los Convenios de Ginebra… ¿O tú no estudiaste en la Academia Militar el Derecho Internacional Humanitario y de la Guerra…?

Se quedó callado y no supo que contestarme.

Me dolió muchísimo entonces —y no se lo perdonaré jamás—, que el JEME de entonces, que había sido mi comandante años atrás, se negase a recibirme. Daré su nombre: era el general Luis Alejandre Sintes, que quizás también os suene, por su posterior actitud ante las víctimas militares del Yak-42.

En quinto término, es muy doloroso ver que gente bastante cercana a mí y a los míos, se coloca de perfil y da pasos a un lado, como apartándose, pues cree que nuestra causa es política—que en absoluto lo es—, y temen una “contaminación”, demostrando así una completa falta de empatía, solidaridad y apoyo. Sí, amigos, los hay y su actitud me produce un inmenso dolor. También hay admirables excepciones, como no podía ser menos.

No quiero finalizar mi reflexión sin dos pinceladas de esperanza. Sí, de esperanza, al ver que todavía quedan en España jueces como Santiago Pedraz, o los del Tribunal Supremo, que hubieron de cerrar el caso por el gran obstáculo al derogar la ley de Jurisdicción Universal . Esperanza, si, al observar que todavía queda mucha gente en este país, desconocida o cercana, que nos tiene muy presentes, apoyándonos en esta titánica lucha de David contra Goliat, que esta nuestra familia lleva a cabo, con fuerza desigual, a ese Imperio que dice luchar por la libertad y que reiteradamente se niega a someterse a las leyes internacionales ante crímenes de guerra.

Pero esta familia, con enorme dignidad, continúa, tras diecisiete años, exigiendo JUSTICIA, JUSTICIA y JUSTICIA.

Continuaremos en nuestro intento de conseguirla y no sabemos rendirnos. Continuamos la lucha.


Rafael A. Permuy

(2) Comentarios

  1. Mi total apoyo a la familia de José Couso. ¿Pero que justicia hay en el mundo que no actúa en lis crímenes de guerra? Parece mentira que 17 años después del asesinato sigamos esperando que se juzgue a los culpables.

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