REDONDELA DE GALICIA

Por Alberto Barciela, periodista redondelano.

                                                                              A mi padre,  Pucho Barciela.

Como ha ocurrido en todas las novelas, en los textos, en los poemas cuyas historias discurren por Galicia, es justo que yo detenga un tren en la tierra mítica de Xan Carallás. Allí en donde el mundo ha dado en llamarse Redondela, localidad en la que los lápices de colores se llaman pintos, los centollos pexos, en el que la gente cancanea al pasear, una nécora vacía es un farol, los intermitentes se conocen como pisca pisca, y un planeta es todo menos un astro.

El que sería privilegiado escenario de la Batalla de Rande, dio origen a Mendinho y, con él, otorgó en San Simón oídos inaugurales a los más inspirados versos de las Cantigas de Amigo. Es un emplazamiento en el Camino portugués a Compostela que nos ha obsequiado con seres de libertad. Entre ellos a don José Sarmiento de Valladares y Arines Troncoso Romay, conde consorte de Moctezuma y de Tula y duque de Atrisco, que fue el 32º virrey de la Nueva España; del político Juan Manuel Pereira -enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de la Corona de España -ostentada entonces por Amadeo de Saboya- en el Imperio de la China y en los Reinos de Siam y Annam;  al general Rubín y a Isidoro Queimaliños; a pedagogas como Ernestina Otero, María Castro Lago o Teresa Tojeiro; ha acogido a escritores como Diego San José; ha visto nacer a folcloristas de la importancia de Casto Sampedro o al padre del pintor Agustín Redondela, genio de la Escuela Madrileña; ha dado madre a compositores afortunados de zarzuela, como Reveriano Soutullo. Y, además, según referencia de Josep Plá en el diario ABC, incluso fue donde nació el inventor de la popular lotería brasileña llamada Bicho.

Redondela ha vestido a España, Portugal o Gran Bretaña, de la mano de sus costureras, de los Regojo -don José fue el precursor de Zara-, de Gene Cabaleiro, de Pili Carrera o de Telmo Tojeiro con Umbro; y sigue arropando a las policías de medio mundo con los Márquez.

La que dicen antigua Búrbida ha sido origen de periodistas y conselleiros como Jesús Pérez Varela -responsable del Xacobeo de mayor éxito y de la Ciudad de la Cultura de Galicia-, y hasta de directores de Le Monde Diplomatique, como Ignacio Ramonet, o altos ejecutivos de la televisión Mexicana; o de creadores de agencias de noticias como OTR, Antonio Soto; del mismo Xesteira.

Allí vinieron al mundo médicos bohomínicos como Telmo Bernárdez; Teresa, Roberto y Antonio Ocampo; un eminente catedrático de Ginecología, médico y político, Alejandro Otero; el científico Luis Pereira Otero y su esposa, Rita Lima; el neurólogo, Gustavo Docampo y su cónyugue Moneca; Magistrados y abogados sobresalientes como los Carrera.

En lo próximo y anecdótico, Redondela alumbró al hombre que hacía las empanadas más famosas del mundo, Celso Sequeiros -del Bar Redondela, de Bouzas, amigo íntimo de mi abuelo-. Le cito por hablar de alguien que triunfó en Vigo, ciudad que, puntualmente, lo fue de Redondela, allá, poco después de la Reconquista.

En Redondela, ese pequeño mundo de encrucijada, ese espacio proclive al cruce de caminos de tierra o de hierro, incluso de aguas; ese final de ría en el que los ríos cambiaban de colores, estampados de flores al albur de los teñidos de las fábricas textiles, en las que aprendió el oficio Florentino Cacheda; se conformó una suerte de ser y estar en el mundo con un peculiar sentido del humor o, lo que es lo mismo, de inteligencia genética heredada; un mundo que ha tenido como uno de sus ejes fundamentales a los Alfaya, los Bernárdez, los Ocampo, los Otero, los Pereira, los Pérez Varela, los Puga, los Regojo; familias que supusieron un reconstituyente humano; un bebedizo con sabor a Villa de los Viaductos y de los pazos – Agrelo, Pousadouro, residencia de los Marcó del Pont, o Reboraina.

La Villa en cuyo prospecto cabe leer una pequeña pero singular Historia de Galicia y de España, amplió sus horizontes con los Amoedo, los Barciela, los Bernárdez, los Blanco, los Cabaleiro, los Contreras, los Cal, los Calderilla, los Croujeira, los Docampo, los Fóscar, los Molinos, los Giraldez, los del Guay, los del España, los Ford, los Garavillo, los Groba, los Lemos, los de Machaquito, los Marcona, los Míguez, los Moure, los Pereira, los Peixiño, los Orge, los Ramonet, los Rey, los Ricón, los Rubín, los San José, los Soto, los Tojeiro, los Triscallo, los Tuche, los de don Serafín Fernández el Veterinario, los Velo, los Villaverde -incluida la inefable Fita-, los Virulegio, los del Xan Carallás, los Xavelón, los Xirley y otros imposibles de enumerar.

En la memoria permanecen las Dulceiras, las pastilleras, las loceras, las monjas de Vilavella, Murcia, Priscila, Carmiña, Moneco, Cocó, Garo, Pisquito. Son más, muchos más, y lamento no poder citarlos a todos, los redondelanos de cuna o de corazón: los García, los López, los Martínez, los Rodríguez, las Eugenia, las María, las Maica o las Garby, que aportan a  mi vida referencias entrañables, fundamentales, basadas en lo humano.

En una tierra agrícola y marinera, devota del Cristo de los Navegantes, de Santiago, de la Virgen de las Angustias, de Santa Marina, que cuenta con sus propios ángeles, las Penlas, y con el Baile de las Espadas, para defenderse de la tarasca, la Coca choqueira, allá por el Corpus, con las calles y plazas alfombradas con flores, al tiempo que respeta a los santos de sus catorce parroquias. En la Real Villa se celebra todo: la Festa do Choco, la vida misma en furanchos prodigiosos, el cante con su rondalla, o escuchando a su afamada banda de música -magistralmente dirigida por Jesús Martínez Álvarez-, o viendo bailar al ritmo de las pandereteiras a su grupo de danzas, o comiendo a la sombra del Carballo das Cen Polas con la Peña Xan Carallás, o tomando el sol en las terrazas de sus magníficas plazas.

Es pueblo que ironiza en sus Maios, y hace las delicias del mundo con sus Títeres, celebra el Carnaval de Verano, o se hace vanguardia en el Festival Sinsal, o simplemente juega a las cartas en el Centro Recreativo y Cultural a la orden de “¡vamos, que nos vamos¡”.

La población es un pasacalles permanente. En “Redondela siempre reina la alegría, en Redondela siempre reina el buen humor” o “Polo río Alvedosa baixaba unha gamela…”, exponentes de un mundo cantado con entusiasmo por sus propios habitantes, admirados de su capacidad ejemplar, orgullosos de obras como Aldeas Infantiles de Ventosela, impulsadas por la inolvidable Rita Regojo, o de Lenda.

Una colectividad que tuvo hasta equipo de waterpolo y que  ha visto jugar a generaciones en el Pardiñeiro o en el Campo de Santa Marina, en ese equipo de coraje, el Choco, que aportó grandes jugadores al Celta y al Santos de Brasil, como los hermanos Talladas, Antonio y Santiago Túnel Cabaleiro, o al Madrid, como Rubiñán; o la SAR en Balonmano, fundada por el genial descubridor marquetiniano de Salvador Dalí, Pedro Regojo. O que entretiene el estío en los campeonatos de fubito en la pista de la Xunqueira con miles de niños implicados en el juego, apoyados magistralmente por Manolo Conde, de Casa Paco.

Todo parece emerger de un sueño de belleza complacida, como la fabulosa colección de Sargadelos cedida por Adriano Marques al pueblo. O en una imaginaria película proyectada en el Fantasio o en el Coca, o en su añorado festival de Cortos, con música bailable para los inolvidables Miramar o Diva,  o retratada en postales de La Imprenta de Amador.

Desde Villavieja a Santa Marina, Redondela se deja discurrir por el Maceiras y el Alvedosa, ríos de pocas aguas dulces, y de rellenos salados del mar en marea alta. La villa marinera apenas se espeja, para lucir por ella misma, soportando los viaductos como seña de identidad. Los trenes se cruzan en el cielo con los aviones, en sus operativos desde o hacia Peinador. La vida se comunica con la vida, especialmente los días 6 y 21, jornadas de feria. Los peregrinos se sorprenden de un lugar de belleza singular, con fuente de Santiago. Hablo de un espacio esposado a la hermosa alameda central, surgida una vez cubierta la junquera que dejaba paso a la desembocadura del río en la ría. Todo conforma escenarios dignos de ser pintados por Agustín Redondela, Ángel Barros, Lino Lago, o contados por José Antonio Orge Quinteiro, por el Seminario de Estudios Redondeláns o por la fabulosa página web Anecdotario Redondelán..

Parece como si en cualquier momento, las maleteras de la estación pudiesen volver a gritar desde los viaductos “¡Agua, agua¡”, para alertar de la llegada de recaudadores de impuestos en el tren de la mañana, lo que provocaba el cierre inmediato de los comercios, incluido el restaurante Barciela de mis abuelos, José Barciela y Josefa Martínez, después de mis padres Alicia Castro y Pucho Barciela, y más tarde también de Flora Rodríguez Ennes. El tiempo rellenó de simpáticas historias la Villa de los Viaductos.

Como bien sabe Amado Ricón, allí, en donde el mundo se llama Redondela, cada ciudadano tiene seis o siete apodos, pero todos llaman a la vida por su nombre. Quizás, con un mínimo esfuerzo, seamos capaces de reencontrarnos en nuestra propia historia. Por encima de las ideologías, de los intereses particulares, de las nieblas de la vida, de las discrepancias puntuales, hay algo que nos une a los choqueiros: el amor por nuestra Villa y la capacidad de admirar al mundo. Es normal que los trenes vuelen y moderen su marcha, el pueblo es aun más hermoso desde las alturas.

(34) Comentarios

  1. De neno asustábame cando pasaba o tren polo viaducto, creía que iba a cair enriba de nós, pero agora cando conto en Bós Aires de onde son presumo deles. Moi fermoso traballo. Grazas.

  2. Yo leí el libro de Diego San José sobre San Simón. Es un magnífico recordatorio de la época más cruel de la isla que hoy sirve para que las culturas se encuentren, idea de otro redondelano, según creo.

  3. Recuerdo de pequeña la parada obligatoria del exprás cuando casi estabas en Vigo porque en la Estación de Redondela era donde los de Pontevedra y Santiago tomaban otro tren…

  4. Bien dicho todo lo que dices, Barciela. Se nota el amor por la tierra, aunque Chapela es mas bien Vigo, porque es mas city que villa.

  5. Mi abuelo era de Redondela y se vino a la Argentina a los 18 años recién cumplidos. Me contaba cosas maravillosas de su tierra y de ese mar tan bello. Gracias por acordaros de ese lugar y un saludo desde Rosario.

  6. Mi padre era de los que siempre se ponía las camisas Dalí hechas en Redondela. Siempre le fue fiel aunque no tuviera nada que ver con el lugar.

  7. Yo me ennovié y me casé con un redondelano con el que llevo viviendo casi cincuenta años. Vivimos desde hace muchos años en Madrid pero el vicio de hablar de Redondela no se lo quito de encima.

  8. Nótase moito sentimento detrais de verbas tan poéticas. Para min Redondela é a deliciosa excursión de facíamos os vigueses nos años setenta.

  9. Mi madre, Mary Soutelo, era de Cesantes y siempre me contaba que era la atalaya de la ría mas bonita del mundo. Se hubiera emocionado mucho leyendo tan bella crónica.

  10. Me acuerdo de cuando Elton John vestía aquellas chaquetas tan llamativas de Gene Cabaleiro, un modisto que se hizo muy famoso en Inglaterra por la publicidad que le hizo. Un saludo para todos los gallegos desde Londres.

  11. Mi abuelo materno era de Redondela, mira tu por donde hoy me habéis recordado lo del ferrocarril volador que siempre contaba. Os leo todas las semanas desde Avellaneda.

  12. Viva Redondela con razón ou sin ela. Hai moito que nacín nesa vila, coma a xente de antes, na casapero tamén hai moito QUE VIÑEN A SUFRIR A ESTA VENEZUELA QUE Ë UN MORRER. Xa maxinades todo o demais.

  13. El verano pasado estuve en un concierto en la isla de San Simón y tengo que reconocer que esa es una de las zonas mas bonitas de Galicia. Desde Ferrol saludos para Redondela de Galicia.

  14. A primeira vez que vin o mar desde un barco foi en Redondela, desde o Porto levaronnos pola ría. Son un daqueles nenos de Piornedo os que tan ben nos acolleu toda Galicia.

  15. Es una verdadera maravilla esa ría desde Cesantes y la villa es el lugar ideal para comer bien y dar un largo paseo a la orilla del mar hasta la playa de Cesantes para hacer bien la digestión.

  16. Hace tiempo que no visito Redondela pero me acuerdo siempre de cuando era niño, que iba con mi padre a comer choco porque le gustaban mucho de todas formas. Y también lo que me impresionaban aquellos viaductos sobre mis cabezas.

  17. Que bonito recuerdo para mi madre gallega, que aún vive a sus 98 años. Era de un pueblito de Redondela y se emocionó mucho cuando le enseñé vuestro artículo. Un abrazo para todos desde Buenos Aires.

  18. Mi madre era de Redondela y trabajó en la fábrica de Regojo. Cuando empezó Zara siempre decía que a los Regojo les faltó empuje para llegar al extranjero.

  19. No me pierdo las fiestas del Corpus, voy todos los años y de verdad que merece la pena, no solo por las alfombras sino por todo, las danzas son espectaculares y si luego le añades una opípara comida ya está todo. Bueno, en realidad os digo esto porque mi novio es de Redondela. Ya sabéis que los choqueiros buscan novia en Vigo y así sucedió lo nuestro.

  20. Redondela, la puerta de entrada a Vigo por ferrocarril. De allí fue primer novio del que no guardo un buen recuerdo, precisamente. Espero que no todos los choqueiros seáis como él…

  21. Una de las mejores cosas que te pueden pasar en la vida es que te inviten a tomar unos chocos en uno de esos chiringuitos que hay perdidos por las parroquias. En mi vida probé cosa tan sabrosa.

  22. A toda la gente de Redondela un saludo desde Bruselas. Yo soy de Pazos, pero es como si hubiera vivido toda la vida debajo de los viaductos.

  23. Soy uruguayo e hice el Camino Portugués de Santiago en compañía de unos amigos gallegos. El mejor albergue de todos es la Casa da Torre, en el centro mismo de Redondela. Nos atendieron muy amables.

  24. Redondela es lo mejor del mundo: chocos, marisco, poesía, ría, un lugar excepcional para vivir a quince minutos de Vigo y con un cachito de aeropuerto propio. Que eso se olvidó, que 500 metros de la pista de aterrizaje del aeropuerto de Peinador pertenecen a Redondela.

  25. Saludos a mis primos Pepe, Chus y Raúl, que son de Redondela. Yo, por accidente, nací en L’ Hospitalet, porque aquí se casó mi madre y ya no volvió nada mas que de vacaciones.

  26. El sábado pasé por Redondela camino de Arcade. Fui por el centro de la villa porque me encanta ver los viaductos volando. Es un lugar tranquilo y con muchos atractivos.

  27. Cuando volvíamos de vacaciones a Vigo y veíamos el cartel aquel de Estación de Redondela ya nos considerábamos en casa. Tened en cuenta que el tren aquel, al que llamaban Shangai tardaba 18 horas en llegar desde Barcelona a Galicia, que ya le cunde. Un saludo para todos los gallegos desde esta ciudad de los líos.

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