REFLEXIONES CIUDADANAS

Por Eduardo Sotillos

Llevo escuchando y leyendo desde hace tiempo en muchos medios de comunicación un mensaje generalizado que ha calado en las mentes de los ciudadanos. Ese alegato, a veces subliminal, considera que los culpables de la epidemia, de la ruina de muchas empresas, de la gestión sanitaria a todos los niveles: municipal, autonómico y central, de todo… son los propios ciudadanos; que son insolidarios, salvajes, y hasta delincuentes por intentar recuperar una vida medianamente normal: con trabajo, estudios, diversión, amigos, cultura, viajes… A qué se debe esta campaña feroz en contra de nuestra juventud, nuestro futuro, y de los que discrepan de muchos aspectos de la gestión de la enfermedad? A qué corresponde, asimismo, el silencio de muchos médicos, biólogos, científicos en general, que hablan en corrillos una cosa y después dicen lo contrario en público?

Ya está bien de culpar siempre al españolito de a pie de todos los males del país. Las personas, en su inmensa mayoría, solo quieren ver ya algo de luz al final de este túnel tenebroso que nos puede llevar, si no viramos el rumbo, a situaciones muy difíciles y preocupantes desde el punto de vista personal, social, familiar, laboral, psicológico, económico, etc…

Esa luz ya se puede vislumbrar por muchos, pero callan y dejan que los derrotistas y catastrofistas de siempre intenten cegarla. Pero, ya es un hecho y pronto resplandecerá, pese a quien pese…

Imaginaos, amigos, que lo que estamos viviendo y soportando lo tengamos que repetir con la próxima infección por virus, por bacterias o por cualquier germen, lo cual es seguro que sucederá. Así, con estas restricciones y estos modos no se puede vivir. Iríamos poco a poco a la extinción de la sociedad actual y el futuro sería impredecible, aunque me aventuro a imaginar a grupos de privilegiados, iluminados, que intentarían guiarnos… a la perdición. Mejor, parar esta deriva insana y no aventurarse!

(2) Comentarios

  1. Javier, de Sada-Uruguay - Responder

    Análisis sereno ,conciso, claro y sin pretensiones intelectualoides.
    Nos ayuda a reflexionar -y tal vez a decidir- sobre una deriva insana que nos está afectando a todos por igual.
    Gracias y felicitaciones, Eduardo.

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