Silleda

El corazón verde de la Tierra

El corazón verde de Silleda está en las ribeiras del Toxa.

Antonio Bello Montero le contó a su hija Marieta que, cuando era niño, Silleda era toda ella una carballeira hermosa, con pocos prados y muy pocas vacas. Era un pequeño pueblo dividido por una carretera, en la que había unas cuantas casas.

Sus recuerdos se quedan ahí: en su casa natal próxima a la iglesia parroquial y en la parada del Castromil Santiago-Ourense. En una vieja lareira donde se ahumaban los chorizos y los relatos de su abuelo a cuyo entierro no pudo acudir.

Antonio lleva Galicia y Silleda en su corazón desde aquel Mayo del 41, cuando embarcó en Vigo rumbo al río de la Plata…

Hoy Silleda ofrece historias bien distintas…

En lugar de la casa de Antonio hay un edificio moderno al igual que en toda la calle de la Iglesia. Es el centro de una villa pujante, convertida, hoy en día, en la capital agroganadera de Galicia, en la que se celebra la feria agroalimentaria mas importante de España y la segunda de Europa; la Semana Verde.

El recinto ferial es el gran ejemplo de la transformación del campo en Silleda. Pero no es el único.

Bastaría visitar cualquiera de las granjas de vacuno, de porcino o incluso las avícolas, para darnos cuenta de que hay un nuevo concepto empresarial  en las explotaciones.

Y si nos apartamos de la autopista y de la vieja carretera que llamamos general, podemos admirar las mismas hermosas carballeiras de siempre.

El entorno de Silleda es todo él un manto verde, regatos;  castaños y avellanos además de carballos;  casas residenciales y de turismo rural…

Y si buscamos mas belleza, la tendremos muy cerca, en el mismo municipio: a las orillas del río Deza, en Taboada; o del pequeño Toxa, generador de una de las mas famosas fervenzas de Galicia…

En el santuario de la Saleta y en el paisaje que rodea a las grandes explotaciones agroganaderas, con mas de cien vacas por granja…

Aquel sentimiento de Antonio, cambió aquí el sentido de las cosas y hoy Silleda es un mundo abierto a toda posibilidad de vida.

Y todo es fruto del esfuerzo imaginativo de las mujeres y de los hombres que hicieron posible su transformación en una villa ferial, como mi amigo Pepe Maril.

José Maril, la buena gente de Silleda.

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