EL SIRIO ABDEL RHASÎD, REFUGIADO EN GALICIA

Me duele el alma cuando veo esas imágenes de la frontera de Eslovenia llena de soldados y carros de combate, desplegados para el control de refugiados con el beneplácito del Parlamento… Pero el sirio Ahmed, el que corría con el niño en sus brazos para alejarlo de las bombas, me hizo saber que el bien existe hasta en la batalla.

Me repugna Erdogán y sus campos de concentración para sirios pagados a precio de cinco estrellas por la Unión Europea… Pero me encanta ver el video, una y mil veces, de esos niños, Karim, Málik, Abdel, Rahím y sus amigos, jugando al fútbol con una pelota de trapo, como hacíamos aquí, los niños de aquella postguerra.

Me asquea la señora Le Pen y sus ansias de poder cuando exhibe en televisión su racismo en contra de los que sufren las bombas de la France… Pero me conmueven los franceses, Jean Claude, Francoise, Antoine, Anaëll y demás miembros de las oenegés que salvan vidas, todos los días, en el Mediterráneo.

Me repele el cinismo de Putin ayudando a un dictador que utiliza armas químicas contra su pueblo… Pero me encanta Tom Kerry, fotógrafo del mal, que le ha contado al mundo las fechorías de Al-Assad.

Esta semana he conocido a Abdel Rhasîd llegado hace cien días a Galicia con un grupo de refugiados sirios. Ha perdido a toda su familia en la guerra. Una bomba, rusa, siria o francesa… cayó en su casa cuando él no estaba. Ese día huyó despavorido después de enterrar a su gente. Llegó a Turquía y de allí a Libia. Cruzó la mitad del Mediterráneo en una lancha neumática y la otra mitad en un barco de la Marina italiana…

—- Tuve suerte, llegué aquí sin saber a dónde venía pero os doy las gracias por vuestra acogida.

Abdel encontró la ayuda de uno de los muchos médicos sirios que se quedaron en el país, tras estudiar en la prestigiosa facultad de Medicina de la Universidad de Santiago de Compostela. El doctor Qahhâr le ha encontrado un trabajo. Es jardinero y ya le gustaría a muchos que les cuidase el jardín este ingeniero agrónomo capaz de hacer brotar maíz en el desierto.

—-  ¿Volverás a Siria cuando acabe la guerra?

—-  No lo creo…

No puede evitar que una lágrima se pierda en su rostro.

—-  Si puedo me ahorraré ese dolor. Me gustaría quedarme en Galicia.

Hay alrededor de cuatro mil abdeles acogidos en esta Tierra Única. Ya sé que deberían de ser muchos más… pero al menos reconforta saber que reciben buen trato y que quieren quedarse.

Abdel está estudiando gallego en su tiempo libre. A mí me parece que debo incluirlo entre mis únicos. Yo sería incapaz de estudiar árabe en sus mismas circunstancias.

(2) Comentarios

  1. Buenos días, sigues teniendo contacto con Abdel, la persona de la que hablas en este articulo???.
    Hemos leído que es Ingeniero agrónomo.
    Nos gustaría saber de él, si sigue en Galicia, si encontró trabajo….
    Un saludo.

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