“SOLDADO QUE HUYE SIRVE PARA OTRA GUERRA”

Por Marcello *

Como estará la cosa de la epidemia española de mal y atravesada que, por causa de la alarmante crisis de los hospitales y de su personal sanitario, desnudo y a porta gayola ante el coronavirus, la Policía Nacional acaba de confesar que algunos enfermos contagiados se dado han fugado de los hospitales donde estaban internados pare refugiarse, o simplemente para morir en paz, en sus casas con sus familias.

Y los entiendo perfectamente y lo mismo haría yo porque, como decía “el cabezón de Cuenca” a Marcial Gómez Sequeira en una lancha fuera borda y a 100 nudos por hora: “si hay que morir se muere, pero no me acojones”.

Pues eso, si te llevan en ambulancia al hospital y sale positivo el test del virus chino -que parece italiano y terminará siendo español como en 1918-, y te sientan en una silla de un largo y terrorífico pasillo en la película de “El Resplandor”, donde hay decenas de infectados tosiendo y respirando con gran dificultad, pues en ese caso y momento lo mejor es tomar las de Villa Diego. O hacer “un simpa” medical y, al menor descuido de los celadores, salir corriendo.

Vamos, convertir en realidad el argumento que exhibían los soldados de Italia que desertaban en la II Guerra Mundial y que exhibían a sus captores, con la esperanza de no ser fusilados al amanecer, diciendo con abrumadora sensatez: “soldado que huye sirve para otra guerra”.

Luego llegas a tu casa, dices que se han equivocado y te han dado el alta, te preparas un whisky con mucho hielo y te encierras  en tu habitación con un televisor, la iPad y con el argumento de que el médico te ha dicho que tienes que pasar una cuarentena.

Es decir hasta que, en vez de toser como la heroína pálida de la Traviata, te animes a entonar para tus vecinos, con la ventana abierta de par en par y a voz en grito el Nesun Dorma de Turandot, en honor al maestro Puccini, que desolado andará por entre las bambalinas del cielo al ver cerrada a cal y canto La Scala de Milán.

Y luego, cuando tu esposa y los niños te den las buenas noches desde el otro lado de la puerta de tu refugio y se hayan apagado las luces, sales con sigilo de la casa, coges el cochecito de la parienta y te vas a la residencia de  Las Vistillas a recoger al abuelo que seguramente estará en las últimas como tú, y más solo que la una y hecho un mar de lágrimas viendo lo que pasa a su alrededor.

—- Luego los dos volvemos a casa y nos encerramos en la habitación con dos whiskys y fumándonos dos habanos, que me regalaron en una boda, y bien dispuestos a dormir, o a morir según se nos de la noche, como dos angelitos y calentitos en la habitación.

Dirán que esto que decimos no está bien y que es un mal ejemplo que se da a la ciudadanía y una grave irresponsabilidad. Pero, como decía el “cabezón de Cuenca”, al que le echaba las cartas “el cabezón de Elche” en los garitos de Parra, “si hay que morir se muere”, pero eso si en casa y con dignidad. Pues sí que está este Gobierno para tirar cohetes de Fallas y dar lecciones al personal.

Marcello

* Mi amigo y colega Eugenio Eiroa (www.riasbaixastribuna.com), fue quien me hizo llegar este artículo de Marcello, firma que corresponde al editor de www.república.es y que oculta tras este pseudónimo el nombre de un mítico del periodismo español: Pablo Sebastián, uno de los fundadores de “El País” y sin duda uno de esos articulistas con chispa a los que todos hemos leído muchas veces.

Ya sé que los tiempos no están para bromas, pero no podía dejar pasar la oportunidad de que leyeras la crónica de una tragedia que, a pesar de todo,  si la escribe quien la escribe hoy, nos hace reír. Gracias Eugenio por el envío y gracias Pablo por este préstamo periodístico.

Y vosotros, mis amigos, pasaos por las dos webs que os cito, que son de lo más serio, informativamente hablando.  

Un Comentario

  1. Pues sí, si hay que morir se muere pero que sea con dignidad. Un artículo que lo dice todo y nos hace sonreír. No es fácil concebir algo así en tiempos de guerra.

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