EL TIEMPO CURÓ LOS MIEDOS DEL CASÓN

 

Esta semana he vuelto a la playa do Rostro y desde ella me he fijado bien en la punta do Castelo pero no vi nada. Me contó Paiño, marinero curtido en el fin del mundo, que en los días de mareas vivas aún se pueden ver los restos de aquel carguero de los grandes misterios. Gente de a Pontiña me había dicho antes que “o malo está ainda no fondo”.

Resulta que fui a disfrutar de la playa interminable y de las olas de fuego que llegan desde la infinidad a la orilla, entre la luz y las sombras, en el luscofusco de la Galicia más marinera. Pero Paiño es el vivo ejemplo de quienes arriesgaron sus vidas en tantas noches de negra sombra, contemplando desde el mar el faro del fin del mundo, donde mueren las rutas xacobeas.

Hoy no está por la labor de hablarme de Fisterra como villa, faro y mar de vida. Ni de la playa abierta que busca la gente de paz de cada verano, esa que procura el placer de la sal elemental de sus aguas frescas y utiliza el sol como toalla, antes de que incendie el infinito océano…

Paiño quiere hablarme esta vez del Casón, mercante que fue arrastrado hasta allí no se sabe bien si por los dos remolcadores que le socorrían o por la inercia de aquel mar, el día cinco del diciembre más negro de la Costa da Morte. El de 1987.

Cuando miro hacia O Castelo tengo la sensación de que esta tragedia sucedió ayer, pero claro,  tú por joven ni siquiera sabes de este naufragio; aunque la gente mayor de toda Galicia nunca se olvidará de aquel buque de bandera panameña que tripulaban 30 chinos… de los que perdieron la vida 23. Aún veo los ataúdes en la Lonja en triste formación, mientras a bordo se producían numerosas explosiones, sembrando el pánico en toda la costa.

Luego cayó al mar una parte importante de aquellos bidones que explotaban mientras el barco se hundía. Nadie sabía el porqué de aquellas explosiones ni que las estaba causando. La carga era todo un misterio.  

Paiño aún me preguntaba el martes si los dos remolcadores intentaron rescatar el barco o por el contrario lo obligaron a embarrancar, como pareció desde tierra.

—- Do que non teño dúbida é de que a carga que levaba o Casón era moi perigrosa. Aqueles estoupidos non eran de pólvora.

—- Entón… ¿De que eran?

—- Ahí está a gran incógnita. Ainda hoxendía non se sabe que había dentro deses bidóns.

Pasaron treinta años, pero bien recuerdo como los bidones recuperados recorrieron toda Galicia y nadie explicó nunca porque fueron llevados a San Ciprián, Xove, a la factoría de Alúmina Aluminio, teniendo al lado el puerto de Brens.

Porque lo que se decía en Fisterra aquellos días era que el Casón llevaba a bordo residuos nucleares extremadamente peligrosos e incluso llegó a evacuarse a la población. 15.000 personas abandonaron sus casas y el Ejército tomó la villa. En cuanto al transporte de los bidones por las carreteras de Galicia no fue nada pacífico ya que la gente se echó a la calle para impedir el paseo de lo que se suponía era una carga radioactiva. Hubo numerosas intervenciones policiales porque se intentaba bloquear el paso del convoy.

Al final, las autoridades dijeron que se trataba de productos químicos; de xileno, butanol y ácido fosfórico entre otros que no recuerdo. Pero nadie les creyó. Ni siquiera hoy les creen. En total el Casón llevaba 5.000 bidones, pero nadie habló tampoco de lo que se escondía en contenedores.

Ahora resulta que la Junta Delegada de Enajenaciones y Liquidadora de Material del Cantábrico, de la Marina Española,  sacó el pecio del Casón a subasta y la chatarra fue adjudicada a Desguaces Lema, de Carballo. José Antonio Lema, el dueño de la empresa,  no tiene duda de que en los fondos de la punta do Castelo no hay nada radioactivo y su interés se debe a que además del propio buque, hay numerosas piezas metálicas que pueden fundirse.

Lema afirma que hay que esperar unos meses para retirar todo el pecio del Casón, porque ha de preparar los equipos de trabajo y su organización es complicada; además, en esa zona solo pueden trabajar en verano y con buena mar.

La subasta y la noticia sentó muy mal en Fisterra en donde el propio ayuntamiento estima que 200 euros por kilo de chatarra no justifica deshacer un pecio que está ligado a la historia del municipio, de ahí que tengan intención de evitar el desguace con todos los medios a su alcance.

Es más,  parece que el barco, que no es un obstáculo para la navegación, ha dado origen a un biotopo digno de conservar. Es lo que ha constatado la empresa Buceo Finisterre, que denuncia haber recibido amenazas por tratar de impedir el levantamiento del pecio.

Ya ves. El paso del tiempo cura los miedos y ya nadie en Fisterra habla de radioactividad. Sin embargo Paiño no quiere que se “ande fozando por ahí abaixo” porque…

—- E que nunca se soubo a verdade. Mintiron todos os políticos. E cando non mintían calaban.

Mientras el sol se hunde en el infinito, mi buen amigo marinero pide respeto para los muertos…

—- Hai que ter en conta que un barco afundido é coma un cimiterio…  

 

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