TONTOS DE MARCA

Por Eduardo Sotillos

En mi pueblo había un «tonto». Era alto y fuerte. Siempre vestido con un mono azul de mecánico y con boina. Ayudaba en lo que hiciera falta, sonreía siempre y aceptaba las propinas al igual que un pitillo o un vaso de vino. Debía ser mudo. O es que nunca quiso hablar. Pasaban los años y él no mutaba. Mi relato tendría más fuerza si dijera que los niños nos reíamos de él y éramos crueles. Pero no sería cierto. Nos impresionaba su presencia y alguna vez nos socorrió tras un percance. Era «tonto» porque reía a destiempo y porque no tenía novia y bailaba grotescamente en la Plaza. Como tantos, pero él sin vergüenza, y feliz ante los aplausos burlones.

En mi pueblo el número de tontos es hoy muy grande. Hablan a gritos por la calle a un interlocutor desconocido y nos hacen partícipes involuntarios de sus confidencias. No sonríen nunca porque son conscientes de su importancia en la escala social y porque no dan nada gratis. En mi pueblo los tontos usan unos coches exageradamente grandes y poderosos para recorrer un par de kilómetros. Y desde esa altura, con el altavoz de la música a todo trapo, no oyen la vida. Son tontos de marca.

PRIMUN NON NOCERE

Por Isidoro Gracia

“Lo primero no hacer daño”. Esta máxima aplicada en el campo de la medicina y las ciencias de la salud, atribuida al médico griego Hipócrates, viene al pelo ante la situación devenida de las elecciones del 28A.

En algún sitio he visto una versión más completa: Primum non nocere et bonum facere. Como las premisas de partida correctas de todo profesional de la medicina. Premisas que yo traslado como obligación a los actuales profesionales de la política, elegidos en las Elecciones Generales del pasado 28A. La mayoría de los dirigentes de los distintos partidos (con alguna excepción) no apuntan en esa dirección, sino justo la contraria. Aún cuando debería resultar evidente, conviene resaltar que el sujeto a quien aplicar la máxima son los ciudadanos, pero casi todos los discursos e intervenciones, dirigidas a buscar como se gobierna para afrontar los problemas del país y sus habitantes, no contienen casi nunca palabra alguna hacia ellos.

Dos meses después de las elecciones las posiciones, públicas y reiteradas, no tienen nada que ver con el sujeto Pueblo llano y sus problemas, tienen como sujetos, predicados y adjetivos otros partidos, otros dirigentes, y en algún caso de forma muy obsesiva el “presidenciable”.

Por partes, puedo llegar a entender que algunos de los partidos que han obtenido escaños ni se planteen tener ningún objetivo en común y ni siquiera compatible con el programa del único candidato con posibilidades de formar gobierno, VOX y JXCAT por ejemplo, hasta que sea muy improbable encontrar intereses a corto que justifiquen decisiones tácticas que no repugnen a sus bases éticas y militantes, los independentistas de ERC o BILDU, pueden ser las fuerzas concernidas.

A partir de ahí, la lógica democrática empieza a no ser suficientemente útil, para analizar y comprender las posiciones de los que insisten en manifestar que son organizaciones cuyo primer objetivo es la defensa de los intereses de España, y sobre todo de sus ciudadanos.

Como comprender que los mismos que exigían, y continúan hoy mismo exigiendo. elección tras elección, que hay que dejar gobernar a los más votados, en especial si no hay otra alternativa posible, defiendan que eso solo es de aplicación cuando los primeros son ellos. Como aplicar lógica alguna a los bloqueos basados en dar diferente valor democrático a los votos de unos españoles, frente a los de otros también españoles pero con ideas diferentes. ¿No son tan legitimadores los votos de los diputados elegidos en las listas un partido neo-fascista, como los de otros elegidos en la de uno independentista, o de los múltiples partidos localistas, o de los ya escasos comunistas? PP y CIUDADANOS mantienen simultáneamente que todos los ciudadanos son españoles, con iguales derechos y deberes, pero que el valor de los votos de algunos es diferente al de otros.

Y entrando en el análisis del hecho, lógico por naturaleza, de que las organizaciones, sean o no políticas, también pasan por periodos de aprendizaje similares a las de cualquier individúo, desde la enseñanza primaria a la universitaria, hay un ejemplo evidente en la situación que ha elegido la suma de proyectos que es PODEMOS, que arrancando con sobresaliente en su primer examen, ha suspendido todos y cada uno de los exámenes de grado posteriores, con la excepción del de la Moción de Censura, eso sí ante las aplastantes consecuencias de su error para sus votantes. Plantados ante la oportunidad de la licenciatura, al ser, sino imprescindible, si altamente conveniente para los intereses de su votantes, contribuir a la formación de un gobierno de un signo determinado, amenazan con no colaborar si no se les da directamente el doctorado, olvidando que el que tiene que valorar su tesis, con competencia exclusiva sobre la materia, es el actual Presidente en funciones, que no puede permitirse un Gobierno con dos almas, mucho menos con dos cabezas decisorias (ni él ni cualquier otro Presidente). Del suspenso, más propio de párvulos que de doctos universitarios, que llevó a prolongar el Gobierno Rajoy tres años, no parecen haber aprendido nada.

Los casi 125 años de vida del PNV, los más de 140 del PSOE y las experiencias pasadas, a veces como aliados, a veces como adversarios, a veces triunfantes, a veces perdedores, les están haciendo comportar, en esta ocasión, como los profesionales que se aplican a las dos máximas “Primum non nocere” a los intereses generales, y, cuando la relación de fuerzas y resto de circunstancias lo permiten, “bonum facere” a los intereses de sus votantes y militantes.

De todas formas, mis muchos años de vida y alguna experiencia profesional y política me indican que situaciones como la actual se suelen solucionar, o estropear, definitivamente la madrugada anterior a la mañana en que se vota en el Congreso de los Diputados la Investidura, la Moción de Censura o los Presupuestos Generales.

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