TOP VILLAS VERANIEGAS

CABECERA

         Mar azul, mar verde. Mar de hierro bateeiro, de blanco velero, de rojo gamela, de azul bonito…

         Goza el País de 3.000 kilómetros de perspectiva marina. De horizonte perdido en la inmensidad oceánica, de tranquilas bahías, de puertos donde los hombres huelen a sal, de faro que persigue el agua con luz propia…

         Dos mares que se duermen sobre el lomo de arena de playas interminables de bandera o baten fuerte contra acantilados de película. 

        Elige tus vacaciones al lado de nuestros dos mares. Este mi Top Villas Veraniegas.

BAIONA, PLAYAS E HISTORIA

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      Dice María Castro, nuestra actriz de moda, que Baiona combina a la perfección la magia del silencio de su invierno con el mayor de los ambientes de su verano.

      Porque Baiona está llena de placeres todo el año: desde los paisajes de un atardecer sobre Cíes, enfrente, al hipnótico ir y venir de los barcos entrando y saliendo en sus puertos pesquero y deportivo,   o el ritmo del ir y venir de la gente por sus calles.

     Esta es una villa para caminar y para gozar, tanto por sus espacios naturales como por su monumental y empedrado casco histórico.

     Son indispensables los recorridos por el Monte do Boi y la Serra da Groba. El atardecer en Cabo Silleiro o en el estuario del Miñor. Una visita a la Virgen de la Roca o la mera contemplación del Atlántico desde la fortaleza de Monterreal, sin duda su monumento más emblemático.

eSTUARIO DA fOZ

CAMARIÑAS, LA RÍA Y EL MAR

Camariñas

       Camariñas es marinera porque toda la vida gira en torno a su puerto, al pesquero y al deportivo, en el que recalan numerosos navegantes procedentes de Europa y de América.

      Su entorno más impresionante es el del Cabo Vilano, uno de los faros más visitados y admirados de Galicia.

       El mar y el viento esculpen las rocas donde se cría el sabroso percebe que tienen nombres de los que imponen: A Furna dos Infernos o la Pedra do Oso.

      Aquí está el mar que brama y salpica de espuma la inmensidad atlántica, a lo largo de una costa tan bella como peligrosa.

       Cuando vengas a Camariñas, te recomiendo la mejor postal de su costa: el trayecto entre el Cabo Vilán y la Ensenada de Arou, una sucesión de rocas de aguja contra las que se estrella el Atlántico y entre ellas, pequeñas calas y playas abiertas al océano que nos une a América.

Cabo Vilano, en cuyas aguas moran las cien doncellas...

SADA, LA POSTAL ÁRTABRA

Sada, puerto y playa

         La de este mar de Sada es una postal de aventuras imaginadas que la historia adjudicó a los navegantes ártabros, entre dos rías, la de A Coruña y la de Betanzos.
Las aguas atlánticas besan sus playas llenas de verano pintado de azules, intensos y brillantes. En Sada el mar luce espléndido cuando buscamos los límites de la belleza en uno de esos días de placer y calma.

         Y nos invita a navegar desde la modernidad del puerto deportivo, de donde parten veleros para cabalgar sobre las olas y pintar acuarelas en su paisaje más elemental. Por eso Sada es la villa-verano de esta costa ártabra y placentero lugar para unas muy felices vacaciones.

         Los Ártabros fueron navegantes que, fascinados por la hermosura del litoral atlántico del norte de Galicia, se asentaron en las márgenes de las Rías Altas; es decir, la de A Coruña, Betanzos, Ares y Ferrol. En ellas desembocan los ríos Mero, Mandeo, Eume y Xubia. En realidad, el paisaje ártabro se extiende desde las Islas Sisargas al Cabo Prior.

          Cuenta la historia que el puerto de Sada fue fundado por los fenicios y que de él surgió una de las villas más características de la Costa Ártabra.

          La  Playa de Sada marca el límite de la villa y el mar.

La playa urbana de Sada.

CEDEIRA, PAISAJE MÁGICO

La mágica bahía de Cedeira.

       Dicen que el sol de la vida se esconde aquí cada noche, en su casa de mar, más allá de los acantilados de rocas afiladas como agujas y del faro de Punta Ardilosa, que marca el infinito a los navegantes de Cedeira.

      Aquí tienen tanto arraigo las creencias que las gentes llegan, peregrinas, al santuario del Apóstol Andrés, para no tener que volver del más allá, una vez cumplido su ciclo final.

       En esta Galicia mágica de ría y mar, de bosques sagrados previos al reino verde del caballo en libertad, habitaron druidas y magos como Merlín, atraídos por la irremediable belleza de esta extraordinaria conjunción natural.

      Hasta el caballero Lancelot buscó refugio en Cedeira para evitar que se derramaran sus lágrimas de amor por Ginebra, la reina de Arturo.

      Ante tal belleza, resulta lógico que otro santo, San Antonio, se mire en los espejos del Mar de Cedeira desde lo alto de la colina en la que, la devoción marinera, le erigió capilla. Es este un incomparable mirador del Atlántico, pero también de la calma espaciosa de la bella ría, que envía olas de agua limpia a la playa de todos los veranos…

El cruceiro de Antonio al que se encomienda toda la flota pesquera.

ORTIGUEIRA, AL NORTE MAS NORTE

ria de ortigueira

            Este paisaje de ría y mar nos asombrará siempre. Por las marismas y su valor ecológico y por lo cambiante de la perspectiva cada vez que abres la ventana para contemplar cómo se funden el océano y el mar, el Atlántico y el Cantábrico.

            El horizonte marinero nos recuerda que este es el primer territorio galaico que pisaron los celtas y tal vez por ello suene la gaita con fuerza cada verano.

           Porque la estación del sol es aquí de playa y fiesta que compartir con el mar que esculpe estatuas de salitre en Loiba, un lugar mágico en donde la blanca espuma marinera contrasta con los ocres de la arena, en el lugar donde siempre ondea una bandera azul.

           Ortigueira es el bello norte más norte de Galicia y también de la península Ibérica…

           Una villa que contempla a la vez la inmensidad oceánica y el perfil de los barcos de arboladura marinera, esos que la vieja estirpe hace que naveguen bajo la bóveda celeste, hasta el lugar fulgurante que señala con su luz el viejo Faro de Bares.

           Ortigueira es consustancial con este mar del norte que envía sus olas a sus playas desde el horizonte azul en el que pierde el espíritu…

           Y también ramificada ría de agua de juncos para aprender a navegar y llegar con experiencia al paisaje espléndido donde confluyen los dos mares.

Espasante, paisaje idílico.

FOZ, LOS AZULES MARINOS

Foz, los azules cantábricos.

       Foz nació con vocación turística y en verano nos ofrece su mejor postal, mientras acuesta su perfil urbano sobre los azules marinos.

       Es villa de gentes marineras de sabios relatos  y de gentes de tierra hospitalarias, siempre dispuestas a compartir con nosotros esta costa de estatuas de sal y de arenales que limpian las mareas.

       Por eso quien viene a Foz vuelve por el puro placer de veranear aquí y disfrutar un año más de la misma playa.

Playas vírgenes

        Pero también es posible sentarse en un castro frente al mar… Dejarse ir con las aguas cristalinas de los ríos… Admirar el pasado en una iglesia que fue catedral… O seguir las huellas del mariscal Pardo de Cela

        Porque es tierra poblada de muy antiguo como prueba el megalitismo, del que el mejor ejemplo es la Pena del Tar; los hallazgos arqueológicos, como el torques de Marzán; los castros, de los que el de Fazouro es todo un símbolo; y su condición de puerto refugio al que llegaron fenicios, ártabros, romanos, tartesos y normandos.

       Todos persiguieron el oro en la “Face Aurea”, es decir en Fazouro; y todos querían conquistar un territorio que unía a su belleza, sus excelentes condiciones como puerto casi inexpugnable, puesto que solo el que conoce sus mareas es capaz de acceder a él.

Ruinas del Castro Fazouro.

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