TORDOIA, LOS VERDES PRADOS.

Era hermosa como ninguna otra mujer vista en la comarca y llegara de lejanas tierras portando una gran losa de piedra en la cabeza.
Le llamaron Moura por su linaje y por la bella tez de su cara. Sus ojos, del color verde de una esmeralda, poseían el poder de la hipnosis y a quienes la miraban… los enamoraba.
Cuenta la leyenda que fueron muchos los galaicos que se rindieron a sus encantos y por ello terminaron convertidos en piedra. Porque aquella “moura” no era más que una bruja malvada con grandes poderes para el mal.
Los “mouros”, sus antepasados, -dice la mitología gallega- eran los arquitectos de la época más antigua. Los que hacían los castros y levantaban los megalitos, los panteones del Paleolítico.
Esta es la fábula que envuelve al monumento más interesante de Tordoia, tanto por su significado histórico como por ser el dolmen mas antiguo de Galicia.
La cámara es poligonal y está formada por seis ortostatos que sostienen una cubierta de cuatro metros y medio de longitud.
Nunca ha sido excavado por lo que, si existe, el corredor está oculto bajo el túmulo, que se conserva parcialmente rodeando al megalito.

El dolmen de Cabaleiros

Tordoia es territorio de prados porque la ganadería es su principal actividad económica. Se extiende por la margen derecha del río Tambre creando un bloque amesetado con un punto alto, el Monte Castelo, desde el que se contempla como la red fluvial ha ido creando hermosos valles.

En ellos se asientan sus diez parroquias y numerosas aldeas, algunas con un pintoresquismo especial.

Tiene hoy en día seis mil habitantes pese a ser un ayuntamiento castigado por la emigración a América y a Europa. Algunos cientos de los aquí nacidos viven aún en el exterior.

Los hallazgos arqueológicos de Cabaleiros y algunos castros hablan de asentamientos antiguos; y su historia medieval le relaciona con el compostelano monasterio de San Martiño Pinario.

Verdes Prados de Tordoia.- (Foto de Pablo Arias)

El territorio de Tordoia es de lo más apropiado para la práctica del senderismo y es uno de los pocos de Galicia que tiene todas sus rutas debidamente delimitadas.

El horizonte rural es de gran belleza y los caminos atraviesan verdes campiñas salpicadas por bosques autóctonos, pequeños ríos y numerosas fuentes.

El agua nos sale al paso de forma constante y rompe la monotonía del paisaje, caracterizado por la suavidad topográfica que únicamente rompen pequeñas aldeas con un gran patrimonio etnográfico: hórreos, alpendres, cruceiros y molinos; o edificaciones históricas como capillas e iglesias de cierto valor artístico.

Aunque los más hermosos y plácidos lugares seguramente son aquellos que nos descubre el agua en su discurrir hacia el Tambre, que es el gran río, el que pone límite al territorio y a donde van a parar casi todos los demás ríos, entre los que destacaremos el Pontepedra –generador de los espejos de la capital municipal- y el Lenguelle, que nace del propio embalse de Vilagudín, un coto de pesca permanente muy visitado.

Numerosos regatos como el Lenguelle cruzan Tordoia

Otro sendero nos conduce al punto más alto del municipio, al monte Castelo, una cota superior a los quinientos metros de altitud, desde la que podemos conseguir la mejor perspectiva del municipio.

 

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