EL TRAYECTO DEL RÍO UMIA

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Te invito a seguir esta vez el trayecto del Umia, desde que cobra fuerza en tierras de Moraña hasta que encuentra la calma en Ribadumia, junto a las mejores cepas de albariño, poco antes de entregarse a la Ría de Arousa, en un sublime acto de amor.

El Umia es río mayor que nace en Aciveiro, parroquia de Forcarei, casi en el perfil de los montes del Candán, la sierra que marca por aquí la línea del cielo. En ella manan  también las fuentes del Deza y del Lérez. Los tres ríos discurren por senderos de agua  próximos a los caminos de los arrieiros y beben la belleza de una inigualable perspectiva.

Su final es también hermoso. El Umia se muere en el espacio protegido de a Lagoa de Bodeira, refugio de aves y jardín natural perfumado.  Conforma, con la ensenada de O Vao y Punta Carreirón, una conjunción de humedales marinos de atractiva singularidad con la más interesante biodiversidad de Galicia.

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PAISAJES DE FIESTA,  AGUA Y VINO

Entre Moraña y Ribadumia nuestro río va procurando balnearios, jardines y pazos para reencontrarse, saltarín, con el Camino Portugués a Compostela; que el agua del Umia es la compañera ideal, cristalina, si recorres este territorio de fiestas mil, de cultura caliente, de magnetismo sulfuroso, de vino y de camelias.

El trayecto del Umia nos marca un territorio de fiesta, para compartir con los amigos, entre las abruptas áreas de la montaña pontevedresa y el espacio para disfrutar del Valle del Salnés, en su más fértil expresión, que es la que da origen al albariño dorado.

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La fiesta en Moraña es romería en honor da Nosa Señora, la que sigue haciendo el milagro de la Fé cada primer domingo de cada septiembre, pero también manjar crecido en las verdes laderas de estos pequeños montes, en forma de carneiro que, siguiendo costumbre americana, se prepara al espeto.

Cuando pasa el día de enero y pasa la romería de San Blas, el de San Mamede de Cuntis. Pero aún nos quedará en el abril primaveral la romería de Santa Apolonia o la del Cristo de Estacas cuando los días de junio sean un poco más largos. Y si el calor de agosto aprieta,  aquí nos espera la fiesta del caballo, en su más plástica expresión popular.

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Es tierra de la que manan aguas termales, caldas que todo lo curan y placer de antiguos reyes cristianos, árabes y hasta vikingos. Por eso Caldas de Reis es de Cultura Quente, que es fiesta joven, de concierto al aire libre y de amores que se miran en los espejos del río. Aunque también en esta Villa la tradición honra a San Roque, allá por agosto, con procesión rogativa en honor del santo de Montpellier, que nos curó de la peste del siglo XII.

Al pié del Camino de los peregrinos portugueses a Compostela, cuando atraviesa Portas y a la orilla del río Chaín, será en abril la fiesta de la cultura, que aquí se dedica a un ilustre geógrafo, Domingo Fontán. Fiesta para compartir -en contacto con la naturaleza- empanada y otras viandas típicas,  antes de emprender la danza cuando el gaiteiro marque  el compás de la muiñeira.

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Río abajo, buscamos al fin el corazón del Salnés, que es el Valle del Vino.  Crecen aquí cepas a uno y otro lado del río. De albariño, y de espadeiro, que esta última es variedad de tintos cantados por poetas. El tinto de Barrantes, en Ribadumia, es motivo esencial de su principal fiesta de junio. Y sirve para regar los más sabrosos platos de la gastronomía gallega, en su típica romería.

POR MORAÑA

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Esta es tierra famosa por una romería y por una fiesta. La Romería de los Milagros de Nosa Señora, la de Amil, y la Fiesta do Carneiro o Espeto.

Pero el  mayor milagro de Moraña es su transformación como un territorio residencial con excelentes comunicaciones que permiten elegir la calidad de vida de este entorno; le viene dada por un paraíso natural en estado puro, como en sus orígenes, cuando estas tierras estaban habitadas por las tribus de los cilenos. Aunque su historia se inicia en tiempos más remotos, a juzgar por los menhires y las mámoas de Lapa, San Pedro y Deitadeiro, joyas de la cultura megalítica.

En el medioevo, estas eran ya tierras con nobleza, a juzgar por la arquitectura religiosa y civil de esa época, que aún podemos admirar, como la iglesia de San Pedro de Rebón o el Pazo de Buzaca, además de los restos de los torreones de Amil, entre otros monumentos de interés.

Los canteros de Moraña tuvieron fama en toda Galicia y a ellos se debe una buena parte de interesantes elementos etnográficos, como petos de ánimas, cruceiros y hórreos de piedra.

Aunque tal vez su principal valor son los espacios naturales: los miradores de los montes próximos, como el Acibal o Pena Canxeira; y las ribeiras del Umia, que bien son merecedoras de un paseo en el entorno de la Playa Fluvial de A Pontenova.

CUNTIS

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Cuntis es un gran espacio termal al que acuden numerosos visitantes durante todo el año. Las instalaciones hoteleras fueron remozadas no hace mucho y compiten con las mejores. El balneario, es uno de los más tradicionales de Galicia  y junto a él su  casco antiguo está poblado de interesantes edificios medievales: una iglesia románica, el Hospitalillo y el Pazo de los Condes de Ximonde, son los más destacados.

Pero, como te decía,  en Cuntis el agua es la vida como descubrieron los romanos, fundadores de la Villa Termal a la que llamaron “Aqua Calidae”.

Para los amantes del paisaje subir al monte Xesteiras y contemplar desde allí todo el entorno es un autentico placer, al igual que pasear los parques a orillas del río Gallo o seguir el trayecto del Umia, creador de espacios de singular belleza…

Además Cuntis tiene cerca a Compostela y a Pontevedra, lo que le permite desarrollarse también como zona residencial.

POR CALDAS DE REIS

Siguiendo las ribeiras del Umia, descubres la belleza del paisaje porque el río es el espejo de su alma verde y el agua refleja aquí un universo de perfecciones en el entorno. Aquí se encuentra  con el agua sulfurosa de la fuente,  saludable compañera en cada sorbo que bebas; y con más espacios termales, donde el agua atraviesa los cuerpos y lo cura todo.

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Verás. Caldas siempre fue un excelente lugar para vivir. La villa creció en torno al complejo termal  “Aquae Celenae”, que disfrutaron los romanos y  posteriormente los obispos del reino galaico-suevo y también los reyes Alfonso VII y su madre doña Urraca. Es Caldas de Reis, porque Felipe II la declaró Villa de Realengo. Realidad rural y urbana, vivir aquí significa disfrutar de la calidad de vida de quienes se pueden permitir vivir en contacto con el medio natural.

De sus dos balnearios ten en cuenta que el de Acuña solo abre de Mayo a Octubre y el de Dávila permanece abierto todo el año.

Caldas de Reis es también una villa-jardín. Destaca su alameda con carballos centenarios a orillas del río Umia, consustancial con la perspectiva urbana. Sus márgenes enmarcan paisajes insólitos como la fervenza de Segade.

Las ribeiras del Umia en Caldas de Reis son como un gran espacio de resurrección capaz de recomponer el relato natural y de convertir en sinfonía la esplendorosa hermosura de su fuerza.

PORTAS

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Siguiendo el trayecto del Umia hacia el mar de Arousa, llegas a Portas, que es tierra habitada desde la edad de bronce por los galaicos cilenos y espacio residencial desde el medioevo, cuando aquí se asentaron los señoríos laicos y las personalidades de diferentes linajes.

Esto se nota en el propio paisaje; en sus pazos, impresionantes a lo largo y ancho de la geografía municipal: En Lantaño  están los principales: el de Torre Penelas, con capilla románica y torre del siglo XIV; los de Outeiro y Losada, del siglo XV; y el de San Bieito, del siglo XVIII. En Portas se sitúa el de Souto de Poio y la magnífica casa rectoral de Santa María. También es de interés la Casa Priorato de Briallos.

Los pazos y los espacios naturales, despertarán tu interés en Portas, juntamente con la arquitectura religiosa, con dos iglesias románicas en Portas y Lantaño y retablos barrocos en la iglesia de Briallos.

El espacio natural más destacado es el área de Curruncho, en Lantaño, a orillas del río Chaín, afluente del Umia, porque ha sido creada en el entorno de un puente romano y en pleno camino de Santiago.

Y POR RIBADUMIA

Aquí descubre el río las cepas de  los vinos más apreciados. Las de Barrantes darán como fruto el  tesoro blanco o tinto, cuando -maduras por el sol del estío recién estrenado- las uvas se sometan al ritual de la vendimia, para luego fermentar en caldo, en las dos mil cubas de cien bodegas de  esta tierra noble. Luego, cada otoño, el Umia volverá a recomponer el relato multicolor de las viñas y en su espejo reflejará la belleza que late en el corazón de este paisaje.

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Ribadumia , cuyo pasado tiene mucho que ver con la cultura castrexa, con la romanización, y con las invasiones árabes y vikingas,  tiene organizado su territorio en torno al río, que aquí está muy próximo ya a su desembocadura en el mar de Arousa.

Uno de los aspectos más sobresalientes del territorio es, sin duda, su fertilidad, con suelos excepcionales para todo tipo de cultivos.El del vino es el que se lleva la palma y así, en sus seis parroquias no hay ni un solo núcleo de población en el que no encontremos viñedos de albariño y en Barrantes -en mucha menor cantidad- de un tinto que goza de merecida fama. 

Aun que el vino es hoy su principal fuente de riqueza Ribadumia es un gran espacio para disfrutar, un municipio con extraordinarios pazos y un buen número de iglesias románicas para admirar.  

La Naturaleza escribe aquí una constante y los mejores espacios para disfrutar al aire libre están todos en las Ribeiras del Umia. Este es el corazón del Valle del Salnés.

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Espiral Celta FIRMA

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