TRES HISTORIAS EN LA MISMA PLAZA

Adrián duerme entre dos plazas, la del Obradoiro y la de San Martín Pinario. Al final del túnel ve la luz de sus recuerdos en forma de estrella. La memoria le conduce al universo feliz de su cálida infancia y… al igual que anoche, sigue sin explicarse cómo sus ojos llenos de lágrimas son aún capaces de hacer que brille la esperanza en la negra sombra que invadió su vida.

—– Ya amanece. Se abrieron las puertas de la Catedral, así que pediré a Dios que cambie mi rumbo…

Adrián es el pobre que pide todos los años, todos los días del año desde hace unos cuantos años en la escalinata de la gran fachada del Templo. No tiene a nadie en este mundo que le invite a pasar la Nochebuena en su casa…

Al lado, el Palacio Arzobispal está lleno de gente estos días en los que han venido todos los familiares del señor arzobispo y también los de sus más directos colaboradores.

—– Que no falte de nada en Navidad…

Y nada falta, que hay opulencia en la casa de los ministros del Señor.

Adrián también ve pasar al señor alcalde en su coche oficial. Frente a Raxoi le esperan para colocarle encima el abrigo de esos que curan el frío por 400 euros…

—–  Con eso comería yo caliente por lo menos dos meses…

Hoy es la Copa Oficial del Ayuntamiento para que unos y otros se digan aquello de Felices Pascuas

Bruno y Lorena ya se han levantado… ¡Claro son las doce del mediodía! Su noche no tuvo nada que ver con la de Adrián.  Bruno y Lorena es una pareja de turistas que se alojó en el Hostal de los Reyes Católicos, en la misma suite donde dormía Franco y ahora lo hace el rey Felipe, cuando viene a Compostela con Letizia…

—– Gracias por esta noche, mi amor, fue la más feliz de mi vida…

—– Y de la mía…

Ahora les llevaran un buen desayuno a la suite y con calma se dispondrán a vestirse de peregrinos para llegar a la meta, es decir,  darle el abrazo al Apóstol.

Sin embargo, en el centro de la plaza del Obradoiro, tumbado, meditando y dormitando, el peregrino pobre mira hacia el Apóstol y le pregunta…

—- ¿Tú crees que saldremos de esta? ¿Podrás ayudarnos tú?

Para él la meta, el final de su aventura, estará en el Finisterrae, donde espera pasar la Nochebuena mirando al infinito. Irá con él la joven mexicana que le llevó un café con leche esta noche al portal donde buenamente le dejaron dormir.

Se conocieron ayer tarde pero ya son como Carmiña y Gerardo… El amor le puede a la fe y al futuro, por eso quieren vivir el pasado fantasmagórico de la Casa de la Troya, donde el señorito estudiante creado por la imaginación de Pérez Lugín se pregunta…

—– ¿Y con quien pasará la Nochebuena Carmiña?

Y es que el señorito no se enteró aún de que Carmiña pasó todas sus noches buenas con él…

Aún faltan días para la Nochebuena. La rúa donde Caritas reparte el almuerzo a los que ni siquiera tienen para comer, se ha llenado de gente: mayores, jóvenes, niños… Se me rompe el alma, otra vez, al contemplar este cuadro de postguerra.

Entonces vuelvo a mi refugio, más allá del Pedroso, para evitar la vergüenza de permitir tanta falta de sentimientos… Desde la ciudad vieja y hasta el aparcamiento de la ciudad nueva todo Santiago está lleno de gente a la que le sobra de todo.

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