UN MUSEO A CIELO ABIERTO

Nuestro origen más lejano en el tiempo nos conduce a las huellas de los pueblos galaicos. Están escritas en los menhires, en los dólmenes, en los megalitos y en los petroglifos. Se reparten estos símbolos de nuestro pasado por la piel verde del país, al igual que los castros, ocupados también por los celtas; tan guerreros como las legiones de Roma que nos legaron vías, puentes, campamentos, casas de baños, ciudades amuralladas y una cultura extraordinaria.

Por su parte, los nobles de la Galicia medieval eligieron asimismo paisajes únicos para levantar sus fortalezas y castillos; y los monjes construyeron sus influyentes monasterios en los más hermosos lugares.

 El relato más fantástico nos habla del ermitaño llamado Pelayo, descubridor del Campus Stellae, en donde se halló la tumba del Hijo del Trueno, Santiago, el Apóstol, que aún sigue siendo motivo principal de las peregrinaciones y del turismo cultural a Compostela…

Releyendo la historia bien se entiende a Otero Pedrayo cuando escribió aquello de…

GALICIA ES UN GRAN MUSEO A CIELO ABIERTO”.

Porque posee el país cientos de lugares histórico-artísticos en medio de inigualables perspectivas que hacen más agradable al viajero su interés por la cultura.

Los museos al aire libre son atalayas magníficas que nos reconfortan con la hermosura del paisaje de… 

Un valle por donde discurre el río que matiza el territorio. Una ría que genera la bahía mansa con playas y puertos de acuarela. O el mar infinito en el que se pierde la mirada.

Por eso merece la pena, viajero, que además de conocer Santiago y su Camino de Estrellas, te pierdas en los lugares y ciudades donde el tiempo escribió otras historias de Galicia…

EL CASTRO

Es la primitiva configuración de la aldea galaica, aunque el esplendor de la vieja cultura castrexa llegue a la Gallaecia con la Romanización.

Los castros se impusieron como sistema dominante porque, desde sus emplazamientos magníficos,  controlaban los pasos estratégicos y permitían explotar con facilidad los recursos naturales.

Hubo castros con casas grandes de planta cuadrada, pero la mayoría  agrupaban casas pequeñas y circulares. En su interior giraba la vida en torno a una hoguera, en el centro, que rodeaban bancos pétreos.

La economía se sustentaba en la agricultura, la ganadería y la caza, e incluso en la pesca. Como aún hoy ocurre en algunas viejas aldeas de Galicia.

En los castros, en su círculo, encontramos hoy el origen de lo mágico: Es el alma que persigue la sencillez del paisaje por donde vagan las hadas con luces de alborada y nocturnos duendes que habitan en las estrellas el cosmos.

PAISAJE SAGRADO

El paisaje de la Ribeira Sagrada es la gran obra de la artesanía natural de Galicia y sin duda supone uno de los espacios más atractivos de la península Ibérica. Las provincias de Ourense y Lugo se reparten este territorio, objetivo fundamental para los amantes del turismo cultural y de naturaleza.

Y dos ríos, el Miño y el Sil, son los principales protagonistas de tanta hermosura.

Por O Saviñao es el Miño el encargado de ponerle espejos al paisaje más atractivo para que la perspectiva entusiasme mas al visitante, que se asombrará ante los meandros del río y se sentirá especialmente feliz ante la ilimitada belleza que contempla.

Los monasterios son,  no solo un valor potencial que añadir en el aspecto turístico, porque no fueron únicamente  un monumento que admirar; también ejercieron como ejes de la actividad en la zona. Y con esa base se  desarrollan proyectos profesionales tan importantes como lo fue la reconversión en Parador del monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil.

Aunque el origen de todo lo sagrado está en el primer ermitaño que levantó aquella primera capilla románica… que hoy se alcanza a ver perdida entre la policromía  de un invierno húmedo.

Luego, bordeando los soutos se llega al paisaje del éxtasis… el que creó el Sil al encañonarse entre la piedra del pleistoceno, provocando uno de los paisajes más atractivos de la Galicia natural.

EL MONTE DE LOS MOLINOS

Tras lo grandioso está la humildad de los carballos de tronco verde trepando entre molinos desde Vilar y hasta el monte San Marcos, que preside Santo Tomé de Ames. Le llaman los del ayuntamiento la Ruta del Agua y la genera el Riamonte, que este es el nombre del regato que da origen a la belleza humedecida de la pequeña fraga.

Si asciendes desde Carreira como hice yo lo harás en medio de un paisaje de prados y terrenos cultivados, donde se siembra el maíz y a veces trigo, siguiendo el curso del regato, cuyas aguas bajan transparentes para que nade en ellas la trucha.

Este es valle fértil donde se cultivaban con abundancia los cereales, aunque hoy resulten mucho más rentables los grelos. En el monte de los molinos te viene a la mente el esfuerzo de las generaciones pasadas para recoger las cosechas y sacarles provecho.

Es en Vilar donde se inicia un paisaje de ensueño, de molino en molino, alguno incluso recuperado. El premio final son las vistas panorámicas desde la cumbre del monte San Marcos, que en época de los visigodos tuvo incluso su capilla.

EL HORREO

Tiene Galicia un emblema por excelencia de todos los elementos etnográficos que posee: el hórreo, un singular granero creado de forma inteligente para preservar el maíz y el trigo de los roedores. Nos lo legaron los romanos, se volvió  indispensable en la frágil economía de nuestros pueblos y en la actualidad es una de las más interesantes muestras de aquella etapa de subsistencia.

Hoy los hórreos son mas bien una atracción turística que se suma al encanto de algunos de nuestros pueblos más bellos, aunque bien es verdad que algunos siguen siendo útiles en las aldeas. Lo más común, sin embargo, es verlos adornando los nuevos jardines de la casa residencial reconstruida.

La colección más grande de hórreos a la orilla del mar está en Combarro,  pueblo marinero que fue declarado Conjunto Histórico-Artístico. También cerca de Pontevedra, en Pedre, hay otro conjunto magníficamente conservado.  Y  asimismo fue recuperado el conjunto de hórreos de Imo, en el ayuntamiento de Dodro. Son algunas muestras de los conjuntos de hórreos parroquiales y comunitarios más significativos de Galicia, pero hay muchos otros hórreos famosos en el país. Merece la pena conocerlos por sus singularidades.

Por ejemplo el de Carnota, el más grande y el mejor ejemplo de esta arquitectura popular, por algo fue declarado monumento nacional. Muy cerca está el de Lira,  otro hórreo que compite en espectacularidad con el de Carnota por sus características y dimensiones.

Pero es en el ayuntamiento de Rianxo en donde encontraremos el mayor número de estas construcciones, ya que nada menos que 770 hórreos se distribuyen por todo el territorio municipal.

Hay que destacar el de Araño, que es el más largo con sus 37 metros. El de Viturro, que tiene la cubierta de granito y el de Cestelo, también con grandes dimensiones y con dos cruces.

Además, detrás de cada hórreo hay un paisaje diferente.

UN CRUCEIRO EN EL CAMINO

Los maestros canteiros vieron en la piedra el modo de sembrar de flores los caminos, según Cunqueiro. Y Castelao descubrió en las cruces de piedra el arte popular hasta entonces poco estimado.

Los cruceiros son primitivos y mágicos para los gallegos mortales, los que presumimos de tener alma y creemos en meigas al mismo tiempo.

Y aunque la cruz no es un símbolo exclusivamente cristiano, debemos recordar que fue este credo el que mejor integró el panteísmo de los pueblos celtas.

Así que, en cada cruce de caminos creció la flor de piedra en forma de cruceiro. Con su base y pedestal; su varal y su capitel; y la cruz esencial como remate.

Cada cruceiro tiene su espíritu y su alma. Y en el entorno mágico hay también mil meigas flotando en el espacio.

(8) Comentarios

  1. La verdad es que esta Galicia nuestra es extraordinaria. Solo nos falta cabeza para que siga siendo un país atractivo por los siglos de los siglos. Amén.

  2. Así salí yo… Sobre una base galaica tengo partes celtas, romanas, y vikingas. ¡Poderosa e universal! Saludos desde Londres, el extranjero de verdad.

  3. Lo que mas impresiona en Galicia son las grandes obras de la época de la Romanización: esos puentes que siguen en pie después de dos mil años, las termas por lo que suponen de saludables, la impresionante muralla lucense… Las vías empedradas, las ciudades… En fin, que nos invadieron pero nos enseñaron mucho. A través de los monumentos históricos se lee muy bien el pasado.

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