VIAJE POR LA COSTA DEL SURF

Esta vez viajo al Atlántico Norte para perderme en el paisaje infinito del horizonte que se alcanza desde la playa, a donde llegan los jóvenes jugando con las olas.

Cantan los vientos empujando el mar hacia el acantilado mágico y hacia la arena amarilla, donde confluyen la esplendorosa hermosura de una marina y un torbellino de colores que invade el agua y deja al descubierto los secretos del deporte.

Entre la gran roca y la arena de la playa hay magia y energía. Y al otro lado una ría de mar poco profundo, perspectiva fulgurante que nos invita a navegar.

Así transcurre el otoño marinero en la Costa Norte de la Galicia única. Entre la magia del Faro de a Frouxeira y a Capelada. Es decir, entre Valdoviño y Cedeira.

Desde Ferrol, una vez que pasas la Punta que llaman de los Caballos, donde las olas rompen las rocas, estás ya en la Costa del Surf.  Hay que ir de playa en playa, a cada cual más bella en octubre, aunque siempre con el traje de neopreno a mano si te manejas con la tabla y te acompañan expertos colegas.

En verano estas playas miran al océano sin pudor pero en otoño son las olas las grandes protagonistas y su canto es el que invita a practicar uno de los deportes que más gente atrae hasta estos lugares. Por ejemplo:

Santa Comba. Tiene enfrente una pequeña isla y buenas olas que nos permiten practicar ya el surf. Pero las chicas y chicos del Club de Surf Ferrol, buenos conocedores de la zona,  aconsejan mejor Ponzos, que le sucede en nuestro recorrido.

Luego nos sale al paso una cala pequeña, la de Casal, para estar tranquilos e incluso, bien refugiados del norte, tomar el sol que no quema como llegamos a este mundo… porque es playa nudista.

La carretera que bordea la costa es luego, toda ella, un gran mirador de acantilados cubiertos por la blanca espuma que provocan las olas. Pero nos sorprenderá, escondida, la Playa de Campelo, esa que aún podríamos conocer mejor bajando desde Montefaro.

Pero lo mejor de este primer trayecto está por llegar…

Foto de Goiríz

La Punta Frouxeira, su faro y  su playa, engrandece el paisaje de Valdoviño. Es una postal magnífica de la Costa del Surf y un espacio de especial protección que incluye una laguna cerrada al mar por el espectacular arenal.

Pero  los que buscan la gran ola de esta costa la encuentran siempre entre las puntas Corveira y Gabeiras, es decir, en la gran playa de Pantín.

Aquí se celebra una de las competiciones más prestigiadas en Europa, el Pantin Classic, que en la primera quincena de septiembre reúne a miles de personas para contemplar la evolución de un centenar de surfistas, entre los que están los mejores del continente.

Al margen de estas pruebas internacionales, Pantin es la playa que buscan los surfistas europeos otoño e invierno, porque es única  para la práctica de este deporte. 

Claro que si no sabes surfear, puedes navegar la Ría de Cedeira, aunque solo sea para perderte en la mera contemplación de su belleza; pero ten en cuenta que la hora influye. Y el día. Porque según amanece así es el cromatismo de esta bahía.

Está provocada por el río Mestas creador en su desembocadura de un espacio natural protegido y se inicia entre las puntas Chirlateira y Ardilosa. Si la navegas descubrirás playas magníficas, al margen de la Magdalena, la urbana de Cedeira.

Verás calas pequeñas como Arealonga o playas  grandes como la de Loira, a la que se accede desde Villarrube, por la carretera que viene de Ferrol.

Sin embargo la magia la encontrarás siempre más allá de la Punta Candieira, cuando procures el gran espectáculo que protagoniza allí el Atlántico Norte.

Aquí se entiende tanta belleza desde el mar o desde los miradores de privilegio del Monte de Vilar o desde la propia sierra da Capelada, que también te muestra con especial interés el valle de Teixido, a donde irás de muerto si no vas de vivo.

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